lunes, 12 de diciembre de 2011

Estados Unidos: El escenario político global no influye en lo local

Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)

Desde el fin de la Segunda Guerra Mundial, los tres años de Barack Obama en la Casa Blanca representan tal vez el período más fecundo para Estados Unidos en el aumento de sus áreas de influencia y control.

Por el contrario, a partir de sus mayores intervenciones militares (Corea, Vietnam, Afganistán, Irak), Estados Unidos perdió vastas zonas de influencia. Sin considerar la pérdida de influencia en África, al haber apoyado el régimen del Apartheid y las divisiones territoriales en Angola, Congo y Mozambique durante las administraciones de Ronald Reagan.

En los análisis de 30 años atrás elaborados por Zbigniew Brzezinski y Henry Kissinger, no se inscribía la predicción de que Estados Unidos posicionaría en 2011 tropas y arsenales -también nucleares- de gran magnitud desde el mar Mediterráneo hasta el Mar Arábigo y el Océano Índico. Era la aspiración nunca materializada. También era impensada la idea de invadir Irán y Siria con el apoyo de Turquía y las monarquías del Golfo Pérsico, como es la situación actual.

Es incuestionable que la política exterior bajo la actual administración ha sido más ubicua y menos rígida y ha evitado las estridencias de amenazas múltiples que caracterizaron a las últimas administraciones republicanas.
Sin embargo todo esto tiene al elector estadounidense sin cuidado y al parecer como nunca antes se identifican dos zonas de análisis aparentemente inconexas entre sí.

Se observa que la política externa incide menos en los niveles de aprobación del primer mandatario. Como que la economía, el empleo y la cantidad de dinero en los bolsillos de las personas fueran variables más determinantes que la seguridad frente a la amenaza externa o la capacidad de Estados Unidos para asumir un liderazgo global.

Por el contrario, se detecta en el público una suerte de resignación o distancia respecto a lo que Estados Unidos haga en el mundo árabe o en sus relaciones con China o Rusia. Mientras más Estados Unidos expande su influencia externa, menos peso pareciera adquirir este factor en la política local.

Frente a las elecciones de noviembre 2012, el desplome rápido de los regímenes en Irán y Siria, que han sido antiguas frustraciones de administraciones republicanas anteriores, podría contribuir a revertir ese fenómeno de pérdida en la aceptación pública de Barack Obama, sin embargo no es tan fácil ni tan directa la correlación.

Por los niveles actuales de aprobación del elector estadounidense hacia la gestión del Presidente Barack Obama, esa situación de aparentes logros en el plano internacional no le extiende un “voucher” para la reelección. Son las dos zonas diferentes del análisis y es cuando el escenario político global no influye en lo local.

Barack Obama en Noviembre de 2011, después de tres años en la presidencia exhibe apenas un 43% de aprobación. Mientras George W. Bush después del mismo período de tres años, tenía en noviembre de 2003 un 52% de aprobación. (Gallup)

Sería simplista concluir que esta diferencia de aprobación responde a las percepciones del público hacia la invasión de Irak en 2003, en el caso de Bush, y hacia las revueltas árabes por cambio de régimen en 2011, en el caso de Obama.

Por cierto, es más fácil identificar a Hussein como un enemigo externo y quizás aplaudir la invasión a un país, que procesar teorías acerca de las democracias árabes y cómo afectan la vida interna en Estados Unidos.

Con todo, en un escenario de política exterior más favorable, la tendencia de aprobación significativamente inferior al 50% a la gestión de Obama demuestra que el factor externo estaría influyendo cada vez menos en la percepción del público. Después de la muerte de Gaddafi el porcentaje de desaprobación se estacionó entre el 54% y 56 %. No bajó.

La actual crisis financiera mundial requiere de máxima seguridad y de un contexto previsible en el sistema energético. Para los países de la Alianza Occidental es indispensable tener otro pie estratégico que controle el Golfo Pérsico y el Mar Arábigo, ambas zonas ricas en petróleo y además contigua a naciones islámicas del Asia Central, ricas en recursos energéticos

En este sentido la administración de Barack Obama ha constituido una sorpresa para detractores y partidarios.

El liderazgo mundial de Estados Unidos, que para muchos no es más que la presencia de un colonialismo imperial de nuevo cuño en estrecha alianza con Europa Occidental, nunca ha estado en mejores manos que con Barack Obama a la cabeza.

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El terrorismo y sus promotores

Manuel E. Yepe (especial para ARGENPRESS.info)

Como cada año desde 1982, el Departamento de Estado de Estados Unidos incluyó hace algunos días a Cuba en su “lista negra” de países patrocinadores del terrorismo internacional.

El fariseísmo de tal inserción es evidente e indignante para quien, de alguna forma, logre escapar del sistema de dictadura mediática que ejerce la elite del poder estadounidense con alcance global.

Aún sin tomar en cuenta que la superpotencia norteamericana es el Estado terrorista mas amenazador del mundo y el pueblo cubano uno de los que más intensa y largamente ha sido víctima de la brutalidad del terrorismo de Estado que patrocina Washington, para los pueblos de todo el mundo tal acto ha sido nuevamente motivo de reproches, burlas e ironías que erosionan el precario prestigio y la autoridad de la política exterior de la Casa Blanca.

No existe una definición jurídica universalmente aceptada del terrorismo más allá del escueto entendido de que se trata del “uso real o la amenaza de recurrir a la violencia con fines políticos”. Tampoco hay una instancia internacional autorizada para calificar los actos terroristas, por lo que la humanidad está muy lejos de poderse plantear una estrategia antiterrorista mundial dirigida a lograr la extinción del flagelo.

Aunque la acusación de “terrorismo” históricamente se ha pretendido aplicar por las potencias coloniales y las oligarquías opresoras en cualquier parte del mundo a buena parte de los métodos insurreccionales que escogen los revolucionarios y patriotas para sus enfrentamientos emancipadores, los pueblos saben distinguir, por intuición, los métodos revolucionarios de lucha de los actos terroristas.

La diferencia es muy natural y se identifica por sobre las campañas cotidianas de los medios corporativos en todo el mundo: los primeros se identifican o representan las aspiraciones del pueblo, los segundos; los terroristas, carecen de escrúpulos, hieren sus sensibilidades y son por ello rechazados por la población.

Califican como métodos insurreccionales populares los que llevan a cabo unidades secretas o irregulares que, debido a su inferioridad militar evidente para el combate contra las instituciones armadas gubernamentales que defienden los intereses oligárquicos, operan fuera de los parámetros universalmente aceptados de las guerras.

Los métodos revolucionarios buscan transformar el escenario y las asimétricas condiciones de la lucha para elevar la moral combativa de las masas, atraer nuevas huestes a la lucha, ridiculizar a las fuerzas represivas de los regímenes tiránicos, llamar la atención del mundo a la guerra revolucionaria que se libra al tiempo que desnudan el carácter impopular de las oligarquías y sus servidores contra los cuales se combate.

El terrorismo genera pánico y provoca sufrimientos y muertes de personas inocentes. Los métodos revolucionarios, en cambio, se identifican con las aspiraciones populares, engendran admiración por el altruismo de quienes ejecutan las acciones y convocan a la lucha y al sacrificio en aras de una causa justa.

Esta dicotomía no debe confundirse con la práctica a que Estados Unidos ha acostumbrado al mundo para salvaguardar a las dictaduras amistosas (“friendly dictatorships”), porque ellas en verdad no son más que tiranías impuestas para proteger a las oligarquías cuando éstas ven amenazada su dominación al amparo de los métodos habituales de la democracia burguesa.

El punto de vista estadounidense que sitúa a Cuba como un Estado promotor del terrorismo se hizo oficial en 1982 cuando el Departamento de Estado de Estados Unidos incluyó a Cuba en la lista de naciones que Washington supone que brindan apoyo crítico a las actividades terroristas.

Washington jamás ha podido presentar pruebas de tal apoyo, y por ello nunca ha acusado formalmente al gobierno cubano de brindarlo; solo argumenta que Cuba asume una posición neutral con respecto al terrorismo porque no bloquea ni incauta los activos de quienes son acusados por Estados Unidos de ser miembros de grupos terroristas.

Obviamente Cuba no admite que Estados Unidos le presione a acatar su arbitraria definición del terrorismo y modificar el carácter de sus nexos en función de la óptica imperial y su lista de países, entidades o personas patrocinadores del terrorismo, elaborada a partir de los intereses políticos y económicos de Washington.

Cuba no acepta la idea que practica Estados Unidos de que pueda haber terroristas buenos y terroristas malos, según actúen a favor o en contra de quien los califica.

Es un acto prepotente pretender que, por el solo hecho de que la política exterior de Estados Unidos acuse de terrorista a otro país, los demás deban aceptarlo y actuar en consecuencia. Menos aún cuando quien se atribuye el derecho a la definición clasificatoria es reconocidamente el líder del terrorismo de Estado a nivel mundial.

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Matrimonios homosexuales: Una pregunta abierta

Marcelo Colussi (especial para ARGENPRESS.info)

Es más fácil desintegrar un átomo que un prejuicio.
Albert Einstein

Las uniones matrimoniales entre personas homosexuales (varones y mujeres), lenta pero ininterrumpidamente, comienzan a ser legalizadas por distintos Estados. No son casos puntuales sino que parecieran marcar una tendencia, lo cual habla entonces de un cambio sociocultural en ciernes, cambio del que no sabemos aún su magnitud ni sus consecuencias.

Si bien la legalización de los matrimonios homosexuales es algo muy reciente, la homosexualidad no es nada nuevo en la historia. La constitución misma del sujeto humano abre esa posibilidad en el ejercicio de su sexualidad, junto a otras. En realidad la especie humana es un abanico casi infinito de posibilidades, en el sentido más amplio, pero cada individuo particular no es infinitamente creativo y amplio. Por el contrario, nuestras posibilidades como sujeto están más o menos acotadas, limitadas. Más aún -y tal como enseña el psicoanálisis- la repetición signa nuestras historias. Pasamos la vida repitiendo (modelos, mitos, valores, ideología), y es muy difícil romper los ciclos que nos anteceden y constituyen. De ahí el surgimiento de los prejuicios, que no son sino las matrices que nos constriñen a seguir repitiendo “lo que debe ser”, lo que se supone ha sido, es y, por tanto, deberá seguir siendo. Claro que, en medio de esa dialéctica, también se abre la posibilidad de la transformación.

En el campo de lo sexual, punto culminante y siempre problemático en el proceso de humanización, de aculturación, del triunfo de lo simbólico sobre la biología -los animales se mueven por instinto, los humanos no tanto (“el instinto está «pervertido»”, dijo Jean Laplanche, por eso es posible la homosexualidad) los prejuicios están a la orden del día. “Prejuicios” en el sentido de “juicios previos”, de claves simbólicas que nos anteceden y nos condicionan/determinan la vida.

Si bien un estudio del investigador canadiense Bruce Bagemihl, “Exuberancia biológica: homosexualidad animal y diversidad natural” (1999), muestra que el comportamiento homosexual -que no se corresponde en forma directa con actividad sexual teniendo que ver más con el orden de la dominación- ha sido observado en casi 1.500 especies animales, desde primates hasta parásitos intestinales, y está bien documentado para unas 500 especies, ello no funciona del mismo modo que en el ámbito humano: los individuos con “prácticas homosexuales” no son excluidos por los heterosexuales, discriminados, hechos a un lado.

No hay campo de lo humano donde lo simbólico, y por tanto los prejuicios, se muestren con tanta virulencia como en el orden de la sexualidad. Más allá que desde una posición casi militante se levante hoy la idea que la identidad sexual es una “opción”, ello no se trata tanto de una cuestión de elección voluntaria cuanto de constitución subjetiva, histórica, producto de la repetición inconsciente de un sujeto en que sus fantasmas (el modo en que se procesa el complejo de Edipo y la castración, según nos enseña el psicoanálisis) deciden la estructura de personalidad. No se “elige” ser heterosexual, ni homosexual, ni bisexual, ni se “opta” por ser sado-masoquista, o paidofílico, o travesti, ni se llega a aceptar el voto de castidad o la poligamia por simples “decisiones personales” impulsadas por un presunto libre albedrío, así como no se es esquizofrénico, paranoico o neurótico obsesivo por voluntad propia. “No es loco el que quiere sino el que puede” decía Jacques Lacan. Antes bien, todas estas posibilidades que presenta el mosaico humano vienen amarradas a historias subjetivas que preceden y deciden a cada sujeto individual. En tal sentido, la “normalidad” es sólo cuestión de consenso.

La homosexualidad es tan vieja como el mundo. Lo que, por ejemplo, para los aristócratas varones de la Grecia clásica era un lujo (podían tener su mancebo, junto a su mujer con la que dejaban hijos), para la Iglesia Católica actual es un pecado, y hasta hace unos pocos años para la Organización Mundial de la Salud -OMS- era un trastorno psicopatológico, llegándose hoy día a la idea de “opción” comenzándose a aceptar legalmente los matrimonios homosexuales. Pero ¿qué es en definitiva la homosexualidad?

El “Elogio de la sodomía” fue escrito por Giovanni Della Casa, arzobispo de Benevento, dedicado a su compañero homosexual, el papa Julio III, quien ejerciera su papado entre 1550 y 1555. Es decir: la homosexualidad no es algo nuevo y desconocido en la historia. ¿Es privilegio de aristócratas, práctica tolerada socialmente, “vicio”, trastorno psicopatológico, decisión personal? De hecho, la Organización Mundial de la Salud la eliminó de su listado de la Clasificación Internacional de Enfermedades en 1990. ¿Hasta ese año era una “enfermedad” y ahora no entonces? No podría pasar lo mismo con la varicela, el cáncer o los juanetes.

Todo esto muestra que la cuestión en juego no es sencilla, que toca las fibras más sensibles de los seres humanos. Y muestra también que no es una simple cuestión de elección voluntaria: evidencia que la sexualidad, más que ningún otro ámbito humano, está transida por la cultura. ¿Cómo, si no, una “enfermedad” puede ser legalizada hoy día por un juez que firma un acta de matrimonio, o en otro contexto lleva a su eliminación en campos de concentración junto a judíos, gitanos y comunistas, por indeseables?

Sin dudas la homosexualidad es un tema polémico. Por lo pronto, es generalizado el uso de ese término para referirse a la práctica homosexual masculina, y no así al lesbianismo. Pareciera que ni aquí estamos libres del machismo. Pero más allá de esta consideración, cualquier forma de homosexualidad es altamente polémica. En algunos países se condena al castigo público a quienes la practican; en otros, aunque oficialmente eso no suceda, no dejan de aparecer con regularidad travestis asesinados (¿“limpieza” social?), y son ya históricos los desprecios y acosos que sufren los y las homosexuales. Estudios serios indican que hasta un 25% de los varones alguna vez en su vida tiene algún tipo de contacto homosexual. Por cierto: ¿qué personas atiende esta masa siempre creciente de travestis que pulula por las calles de prácticamente todas las ciudades occidentales? ¿A mujeres? No, definitivamente. Los “clientes” son varones. ¿De dónde viene entonces esa repulsión tan grande por los homosexuales que presentan los varones de nuestra cultura “normal”?

Como sucede con todo lo que pensamos, creemos y opinamos: no somos muy originales. En general, repetimos lo que heredamos culturalmente. Y en un mundo machista no podríamos dejar de repetir -en general en forma acrítica- los patrones que se vienen reproduciendo desde tiempos inmemoriales: un varón bien nacido no hace esas “asquerosidades”.

En el documento “Consideraciones acerca de los proyectos de reconocimiento legal de las uniones entre personas homosexuales”, preparado por la Congregación para la Doctrina de la Fe en el 2003 y firmado por el entonces Prefecto Joseph Ratzinger (ahora Papa Benedicto XVI), se dice que “La homosexualidad se trata, en efecto, de un fenómeno moral y social inquietante” (…) “El hombre, imagen de Dios, ha sido creado «varón y hembra»”, agrega citando el Génesis, 1, 27. “Ninguna ideología puede cancelar del espíritu humano la certeza que el matrimonio en realidad existe únicamente entre dos personas de sexo opuesto, que por medio de la recíproca donación personal, propia y exclusiva de ellos, tienden a la comunión de sus personas”. Pese a contar entre sus filas una buena cantidad de sacerdotes homosexuales, la posición oficial del Vaticano no duda en considerar esta inclinación sexual como “objetivamente desordenada”, viendo en ella “pecados gravemente contrarios a la castidad”. Por eso concluye que “reconocer legalmente las uniones homosexuales o equipararlas al matrimonio, significaría no solamente aprobar un comportamiento desviado y convertirlo en un modelo para la sociedad actual, sino también ofuscar valores fundamentales que pertenecen al patrimonio común de la humanidad”. De ahí el encendido llamado que hace a los gobiernos de los distintos países a no promover leyes que acepten estos casamientos.

Saliendo del closet

No hay sexualidad “normal”. El apareamiento entre un macho y una hembra de la especie humana en vistas a dejar descendencia es algo que sucede a veces, ocasionalmente. Pero las relaciones amorosas que unen los géneros, o las relaciones amorosas en general, no tienen como fin último “normal” la búsqueda de establecer nuevas crías; si no, por cierto, no se hubieran ideado todos los dispositivos de contracepción que existen. Por el contrario, la sexualidad da para todo: la genitalidad es parte, pero no la agota; y de hecho es tan sexual el llamado “coito normal” (¿posición del misionero?) como el uso de un vibromasajeador, un beso, acariciar una prenda interior, buscar una muñeca inflable o la posición más absurda, o erótica, que propone el Kamasutra.

Los prejuicios regulan la vida. Es más: quizá no pueda vivirse sin ellos, en el sentido que son las matrices culturales, los moldes ideológicos que nos preparan nuestras respuestas. Pero más que modelos arquetípicos que nos orientan, a veces son un estorbo para las relaciones abiertas y solidarias. Si vemos el mundo desde ellos, en buena medida ya está acotada nuestra actuación; de ahí la necesidad perpetua de desarmarlos, de no quedar atrapados en ellos.

Todos tenemos prejuicios, esquemas previos que nos marcan, indefectiblemente. ¿Por qué, en lengua española, llamar “gay” al movimiento homosexual si ese término no es español? ¿Habla ello de la preeminencia del inglés dado el imperialismo cultural que los anglosajones imponen hoy por hoy? Seguramente. Si el actual matrimonio “normal” -heterosexual y monogámico- es una institución en crisis que lenta pero inexorablemente muestra una tendencia o a su desaparición, o al menos a su transformación radical, ¿por qué los homosexuales lo buscan tan afanosamente? No hay dudas, más allá de lo justo como derecho civil de esa reivindicación, que anida allí también un prejuicio. ¿Qué se espera de un matrimonio?

Lo que está claro con este paso legislativo de la oficialización de las alianzas de parejas homosexuales es que las sociedades van mostrando, no sin dificultades ni tropiezos, una mayor cuota de tolerancia, de respeto a la diversidad.

Una cuestión que inmediatamente se plantea en relación a esto es el tema de las adopciones de hijos por parte de estos nuevos matrimonios. En más de un caso se ha dicho, incluso gente progresista que intenta ir más allá de sus prejuicios y sin ánimo de ser irrespetuosos, que “entre homosexuales casarse es una cosa, tener hijos ya es más discutible”.

Definitivamente es muy difícil, quizá imposible, prescindir de la carga de prejuicios que nos constituye. Que la homosexualidad, o más aún: la bisexualidad de varones y mujeres, está presente en la historia de todas las culturas, es un hecho incontrastable. De todos modos, hasta ahora al menos, la edificación cultural se ha hecho siempre sobre la base de la célula familiar -mono o poligámica, en general más patriarcal que matriarcal- con la presencia de los progenitores de cada uno de los dos géneros: masculino y femenino. ¿Qué pasa si eso cambia?

Una vez más: hablamos desde nuestros condicionantes, desde nuestros códigos más interiorizados, desde una historia que nos sobredetermina. Por ello es tan “normal” y “esperable” esta reacción, casi de espanto a veces, con respecto a la crianza dentro de otros patrones, para el caso: con dos figuras parentales del mismo sexo.

Para ser absolutamente rigurosos con un discurso analítico que se quiere serio, objetivo, certero, no podemos afirmar en forma categórica qué puede deparar este nuevo modelo de familia homosexual. Quitando los epítetos más viscerales, que no son sino expresión de los ancestrales prejuicios (“es anormal”, “es degenerado”, “vamos hacia la desintegración familiar y social”, “no está bien”, “¡qué asco!”) lo mínimo que habría que pedir es rigor científico para abrir juicios.

Las ciencias sociales (la psicología, la sociología, la semiótica) nos hablan de la constitución del sujeto humano a partir de lo que se puede encontrar en la actualidad, y del estudio de la historia. Pero es un tanto aventurado hacer hipótesis de futuro sin bases ciertas. Quedarse con valoraciones éticas que estigmatizan a priori esos nuevos seres humanos criados en estos nuevos contextos, es discutible.

¿Qué hubiera opinado un pedagogo del siglo XIX si se le decía que la principal fuente de socialización y transmisión de valores del siglo siguiente no iba a ser un ser humano sino una máquina, un aparato que emite sonidos y que reproduce imágenes y que no falta en casi ningún hogar, rico o pobre? Probablemente hubiera reaccionado escandalizado. ¿Cómo reaccionaríamos ahora si nos dijeran que las tres cuartas partes de los futuros seres humanos serán producto de inseminación artificial, y el otro cuarto, producto de clonaciones? ¿Y si nos dijeran que dentro de varias generaciones sería muy raro que la población quisiera tener más de un hijo por pareja, que muchas parejas incluso optarían por no dejar descendencia, y que ya nadie se casaría sino que conviviría unos años en unión libre? ¿Y qué pensaríamos si nos dicen que el sexo cibernético, individual y sin la contraparte de carne y hueso, va tomando cada vez más preeminencia? Esto se asemeja más al escenario actual, que para muchos inquieta, por cierto, pero que, al mismo tiempo, es una tendencia real. ¿Descalificaríamos de antemano a esa sociedad porque no es como la nuestra actual? ¿La tildaríamos de “anormal”?

En todo caso, para ser rigurosos en lo que se plantea y no hablar sólo desde la mediocre cotidianeidad prejuiciosa y superficial (eso es la “normalidad” en definitiva), ¿qué elementos reales tenemos para afirmar que los niños de matrimonios homosexuales serían “anormales”?

Hoy por hoy, acorde a los cambios que, nos gusten o no, van dándose en las sociedades -la humanidad cambia, para bien o para mal, y en general cambia para democratizar más los beneficios del desarrollo social- las uniones matrimoniales homosexuales indican que la moral, aunque muy lentamente, también va cambiando. Siendo rigurosos con la verdad, no podemos caer en la simpleza de decir que una moral es mejor que otra. Los seres humanos necesitamos ordenamientos axiológicos, códigos de ética, y no hay sociedad que no los tenga. Lo que sí podemos saludar hoy como un paso importante en el progreso social es que, no sin tropiezos ni dificultades, vamos comprendiendo que todos por igual tenemos derechos, que todos somos iguales, que el mundo no es de nadie sino de todos y para todos. Que nadie vale más que nadie. Lo contrario justifica los campos de concentración.

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Diciembre 2001: Cuando lo extraordinario se hizo cotidiano

Eduardo Lucita (especial para ARGENPRESS.info)

Los días de finales del 2001 y sus estribaciones posteriores clausuraron un cuarto de siglo interminable, en que el terrorismo de Estado primero, el chantaje inflacionario y la demonización del Estado después colocaran al mercado y al dinero como la medida de valor de todos los valores. Algo muy profundo se quebró entonces.

Los ciudadanos que bajo la fase neoliberal del capital se habían refugiado en el individualismo y el consumo, en sus problemáticas personales y en sus avatares cotidianos. Que prisioneros de la rutinarización de sus vidas, de sus gestos y de sus actos parecían vivir en una suerte de presente permanente con independencia de todo pasado y de la experiencia social que hay en ellos, rompieron de pronto con su cotidianeidad y sus rutinas y recuperaron el centro de la escena política.

Excepcionalidad del momento

Quiénes fuimos protagonistas y testigos directos vivimos entonces jornadas excepcionales, en que los acontecimientos se sucedían con esa vertiginosidad que es propia de las grandes crisis y de esos momentos inigualables que quedan grabados a fuego en la historia.

En la década de los ‘90 la reestructuración del capital forzó cambios estructurales profundos: apertura de la economía; inserción internacional subordinada; desregulación de los mercados; reforma del Estado; desindustrialización, hegemonía financiera. Dejaron como saldo relaciones sociales y culturales desfavorables para el mundo del trabajo y los sectores populares –desocupación creciente, caída estructural de los salarios, altos niveles de pobreza e indigencia, xenofobia, individualismo, sexismo- así como el no reconocimiento de derechos a las minorías sexuales y otras diferencias identitarias.

La lógica de aquel modelo implicaba la acumulación de capitales bajo un mecanismo de valorización financiera que generaba continuos excedentes de capital que se expatriaban al extranjero, como contrapartida requería el permanente acceso al mercado internacional de capitales, con lo que se generó un continuo endeudamiento público que imposibilitaba cualquier intento de políticas estatales activas.
La excepcionalidad entonces estuvo dada tanto por la profundidad de la crisis, que se desenvolvió por los surcos que ella misma trazó: de la recesión a la depresión y a la improvisación económica -de 1998 al 2002 el PBI cayó un 19 por ciento y la inversión se desplomó un 60- como por sus alcances -económicos/sociales/políticos- y la reacción social y sus interrelaciones con la situación mundial -movimiento antiglobalización en Seattle (1999) o en Barcelona (2002), pasando por numerosas escalas intermedias y los Foros Social Mundiales de Porto Alegre-.

Acción directa

Por primera vez en nuestra historia un gobierno elegido democráticamente no fue derrocado por un golpe de Estado sino por la acción directa de las masas populares. A la par que se reivindicó la soberanía popular se puso en práctica concreta la revocabilidad del mandato, luego se expulsó a un nuevo gobierno, sólo duró días, que podría tener la legalidad formal del régimen –elegido en una Asamblea Legislativa amañada y controlada por el Partido Justicialista- pero que carecía de total legitimidad.

Las masas en movimiento pasaron por sobre las organizaciones sociales y políticas que decían representarlas, desafiaron a un Estado que se mostró impotente para disciplinarlas, no obstante el alto costo en vidas humanas que se cobró. Tamaña represión -35 muertos, 439 heridos, 3273 detenidos, que aún esperan justicia- solo pudo ser llevada a cabo sobre la base de un acuerdo político de los grandes partidos del sistema y estuvo destinada a impedir que en nuevas embestidas la gente ingresara por la fuerza en la Casa de Gobierno con las consecuencias políticas potenciales.

Los acontecimientos del 19, 20 y 28 de aquel diciembre por su masividad y decisión desplegada en los enfrentamientos contra el régimen y sus instituciones, por la potencialidad social puesta en evidencia, mostraron características inéditas. En sus inicios se trató de un profundo ejercicio de resistencia, incluida la violencia colectiva, pero en su desarrollo concluyó cuestionando el poder de mando y orden del Estado.

Laboratorio social

Argentina se transformó entonces en un verdadero laboratorio de experiencias sociales: movimientos de desocupados y emprendimientos productivos; asambleas populares de debate y deliberación; recuperación de espacios públicos; empresas recuperadas por la gestión obrera, experiencias todas que de conjunto mostraron madurez para tomar la resolución de los problemas en manos propias y autoorganización / autogestión como formas concretas de agruparse, tomar decisiones y gestionar.

La dinámica que el movimiento social impuso, sea por su prolongación en el tiempo, por su extensión geográfica, por los sujetos sociales involucrados y por las formas y contenidos del debate y organización, no tenía precedentes en el país y tal vez tampoco en otras geografías. El desencadenante no fue otro que la combinación de hartazgo por el agobio económico y desconfianza en los partidos e instituciones del régimen.

Cuando los desocupados organizados en piquetes ejercían el control obrero cortando rutas y accesos vulneraban ese principio constitucional que dice que está garantizada la libre circulación de personas y mercancías por todo el territorio nacional. Cuando los trabajadores presos del temor a la desocupación y la miseria ocupaban las fábricas que los patrones abandonaban, resistían los desalojos y finalmente las ponían a producir vulneraban el artículo de la constitución que garantiza la propiedad privada de los medios de producción y cambio. Cuando la asambleas barriales, ocupaban los espacios públicos y discutían los grandes problemas nacionales cuestionaban el principio constitucional que dice que el pueblo no delibera ni gobierna sino a través de sus representantes. La Constitución Nacional determina que la democracia electoral es la forma de gobierno y que los partidos son sus instrumentos fundamentales, la gente en las calles rechazaba a los partidos y sus personeros.

Una crisis del régimen estaba instalada en esos días.

¿Qué sujeto?

Sin duda que las clases y su experiencia histórica han estado presentes en aquel movimiento, pero este no se identificó a priori con ninguna de ellas. Una suerte de corte transversal atravesó clases y fracciones. Se trató de un conjunto social heterogéneo de trabajadores ocupados y desocupados, excluidos, pequeños ahorristas, sectores medios empobrecidos, pequeños comerciantes. Con un rasgo particular que es necesario subrayar: fuerte protagonismo de mujeres y jóvenes.

Es un dato que la clase obrera como tal estuvo ausente. La actitud claudicante de las tres centrales obreras –CGT, CTA, MTA- la privó de una expresión organizada, los trabajadores participaron así diseminados y desdibujados en un movimiento general mucho más amplio que parecía querer anunciar la constitución de un sujeto social complejo, contradictorio, con expresiones políticas e intereses muy variados, que se constituiría en la acción y que se iría redefiniendo en la práctica concreta.

La política no soporta el vacío

El poder instituido históricamente parecía derrumbarse en esos días y un nuevo poder instituyente parecía alumbrarse. Sin embargo la anunciada crisis del régimen institucional de dominación no llegó a consumarse en plenitud, los trabajadores y el conjunto de las clases subalternas no estaban en condiciones de disputar esa vacancia de poder.

La acción directa e independiente de las masas mostró formas de la democracia directa y afirmo el ejercicio de la soberanía popular rompiendo con las prácticas delegativas. Se avanzó con conocimiento de lo que no se quería, de lo que se rechazaba e impugnaba, pero sin la conciencia de lo que efectivamente se deseaba. La maduración colectiva sacó conclusiones, encontró las formas y logró imponer la revocabilidad del mandato presidencial, pero esta conclusión resultó inconclusa. No alcanzó para definir un objetivo superador, ni construir los medios para imponerlo (su propio mandato).

La consigna más popular “Que se vayan todos, que no quede ni uno solo” encerraba en sí misma esa tensión. Para quienes la interpretaban literalmente no daba salida alguna a la crisis de representatividad y legitimidad que corroía el sistema, para otros por el contrario ese vacío encerraba toda su potencialidad, porque el futuro había que construirlo. Un graffiti escrito en una pared de la Ciudad de los Buenos Aires trataba de darle sentido: “Que venga lo que nunca ha sido”. Sin embargo la política no soporta el vacío, lo que nunca había sido no alcanzó a serlo. Esa vacancia fue ocupada por los propios cuestionados que fueron quienes se reunieron en la asamblea parlamentaria para resolver la sucesión presidencial.

Reconstitución del régimen

Diez años después el ciclo iniciado en 2001 se ha cerrado. Si dialécticamente reformulaba la ecuación ruptura con / reintegración en el sistema de dominación, es claro que triunfó este último término.

Ante la ausencia de alternativas políticas concretas la burguesía logró reponer la autoridad del Estado y el funcionamiento de sus instituciones. Los asesinatos de Kostecki y Santillán provocaron una formidable reacción social y agudizaron la crisis política obligando a adelantar el llamado a elecciones, reponiéndose entonces las condiciones del régimen de la democracia delegativa. En tanto que la suspensión unilateral de los pagos de una porción significativa de la deuda y la macrodevaluación posterior favorecieron la recomposición de la tasa de ganancia de los capitalistas.

Se sentaron así las bases para relanzar la economía y hacer posible que esa ganancia fuera realizable. En paralelo la modificación favorable de los términos del intercambio en el mercado mundial completó el cuadro para iniciar un ciclo económico expansivo que alcanza ahora a un período de ocho años de crecimiento sostenido a altas tasas, el PBI creció en este lapso más del 60 por ciento. El salario real promedio de la economía se ha recuperado al momento anterior a la crisis, pero persisten fuertes diferenciales salariales; el nivel de actividad ha crecido y la ocupación se redujo sustancialmente pero todavía quedan 1,3 millones de trabajadores desocupados y el empleo no registrado alcanza a otros 3,8 millones. La pobreza cayó fuertemente pero todavía 8,5 millones de personas están sumergidas en ella. La precarización, la fragmentación y las desigualdades sociales se mantienen.

El movimiento obrero se ha reconstituido físicamente y se verifica un fuerte recambio generacional en su interior, en tanto que los movimientos de desocupados han retrocedido. El conflicto social muestra un cambio cualitativo se ubica ahora preferentemente en las fábricas y lugares de trabajo, aunque lo territorial mantiene su presencia y se ha ampliado con los movimientos ciudadanos en defensa de la soberanía alimentaria, de los recursos naturales, contra la contaminación ambiental, por las cuestiones de género, en defensa de las poblaciones originarias…

Los avances en materia de DDHH, la renovación de la Corte Suprema, la ley de medios, el matrimonio igualitario, la ley de defensa de género, el incipiente debate sobre el aborto… todos avances democratizadores no son explicables sin referenciarse en aquellas jornadas.

Las asambleas barriales casi se han extinguido; el movimiento social conserva cierta capacidad de movilización aunque sin la densidad de entonces pero subsisten los emprendimientos productivos y las actividades autogestivas; la mayoría de la empresas bajo gestión obrera se mantienen, algunas muy exitosamente, pero fueron llevadas a funcionar bajo las formas del cooperativismo tradicional, aunque de puertas adentro su funcionamiento pueda ser distinto -la ex Zanón es un caso más que emblemático de persistencia, democracia interna y gestión obrera- no pueden abstraerse a la presión del mercado y la competencia.

Por el contrario la reconstitución del movimiento obrero ha permitido recuperar capacidad de lucha -el conflicto de Kraft/Terrabussi, el nuevo sindicato del metro de Buenos Aires o el cuerpo de Delegados del FC Sarmiento, son en este sentido más que emblemáticos- la restauración de las convenciones colectivas y las paritarias anuales le ha dado otra presencia a la clase, surgen pequeños destacamentos clasistas que, en condiciones muy difíciles aunque mejores que en los ’90, buscan por distintos senderos una reorganización del movimiento sobre bases diferentes de las que aún sostienen a las direcciones sindicales tradicionales.

Un legado histórico

Atrás han quedado los debates sobre el carácter de la crisis. Si se trató de una insurrección o una revuelta plebeya; las discusiones respecto de la relación entre espontaneidad y conciencia en esa situación concreta o aquella propuesta ilusoria –muy afín a autonomistas o neoanarquistas de distinta estirpe- de construir una economía no capitalista al interior de la capitalista.

El contenido democrático real, las formas de autoorganización y autogestión persisten hoy en la memoria social colectiva. Los métodos de lucha recogen aquellas experiencias y las vuelcan en las huelgas, movilizaciones y piquetes actuales. Desde entonces lo político ya no es entendido como un terreno circunscripto a las instituciones tradicionales, sino que su abordaje forma parte de los problemas de la cotidianeidad, de la vida íntima de los sujetos. Espacios que eran vistos como exclusivamente privados movilizan hoy intereses y preocupaciones colectivas.

Diciembre 2001 pareciera reflejarse hoy, con las condiciones propias de cada formación social, en las rebeliones democráticas en los países del Magreb africano, en el movimiento de los indignados que recorre Europa, en Ocupad Wall Street en los EEUU, en los cacerolazos en Islandia que culminaron expulsando a un gobierno y convocando a un referéndum que resolvió el no pago de la deuda. Respuestas todas a la agresión de un capitalismo en crisis.

Pasados diez años el régimen no solo se ha reconstituido, sino que con los resultados de las recientes elecciones presidenciales la crisis abierta en el 2008 por el conflicto con el agro se ha cerrado. Surge ahora un gobierno que ingresará en un tercer período con una relación de fuerzas políticas totalmente favorable, una derecha debilitada y dispersa y una izquierda anticapitalista aún embrionaria.

Esta izquierda de un anticapitalismo real y consecuente presenta por un lado el espacio de los partidos que parece haber iniciado un proceso de reagrupamiento que enfrentará de ahora en más el desafío de ampliarse a otros sectores políticos. Por el otro el espacio de los movimientos socio/político/culturales que emergieran con fuerza en la jornadas que rememoramos, que encierran potencialidades aunque sus perspectivas políticas son aún difusas.
Arriesgando una conclusión de síntesis podría decir que aquellas extraordinarias jornadas han dejado a las masas del mundo un legado histórico: nada ni nadie, ni los estados, ni las iglesias, ni las cúpulas sindicales o los partidos, aun los que se reclaman de la clase obrera, pueden reemplazar la capacidad de pensar, de decidir y de hacer de los trabajadores y el conjunto de las clases subalternas, por su propia decisión y acción.

Una década después el desafío es recoger ese legado, llevarlo a la práctica cotidiana y pensar la realidad no desde cada uno de los fragmentos que esta nos ofrece sino desde la totalidad y organizarse políticamente en esa perspectiva.

Eduardo lucita es miembro del colectivo EDI – Economistas de Izquierda-. Integró la Asamblea de Chacarita-Colegiales- Villa Ortúzar.

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Sorpresa, pero no tanto

Víctor De Gennaro (ACTA)

En el día de ayer no dejé de asombrarme como la Presidente desconocía o minimizaba la historia de los trabajadores y del peronismo en la década de mayor felicidad para los argentinos. Sí subestimaba, porque ella, abogada, no conocía a fondo la Constitución del 49.

Allí se determinaron los derechos fundamentales de la transformación ocurrida y realizada desde aquel glorioso 17 de octubre, día en que los trabajadores irrumpimos protagonistas fundamentales del desarrollo histórico de nuestra Patria.

Se forjaban en ella los derechos de la ancianidad, de la niñez, y además de los trabajadores y se tomaba la decisión de no plasmar como derecho la huelga porque este derecho era intrínseco al trabajador.

Era un derecho natural, como el de la vida misma.

Pero además se coló en el debate que en esa época no se hacían huelgas.

Lo que no sólo es un error histórico, sino que maliciosamente se oculta que entre los años 1946 y 1949 se realizaron la mayor cantidad de huelgas en la historia de nuestro país. Superando la etapa anterior que comprendía desde 1916 a 1919.

La legalidad es aliada transcendente de la política de masas. Por eso en las épocas de represión o dictadura hemos vivido hechos heroicos, y conmovedores, pero estos se expanden masivamente al calor de la legalidad y protagonismo de las masas.

La legalidad ha sido y es retaceada permanentemente, amputando la profundización en todos los aspectos de la democracia. Proceso inacabado hacia la soberanía popular en todos los órdenes.

Fue la apertura a la legalización de los sindicatos “paralelos”, y sobre todo a la gestación de los Comités de Delegados de Empresa, que crecieron para vivir a pleno la etapa de mayor libertad y democracia sindical, lo que construyó la fuerza hasta lograr plasmar una nueva Constitución, y el tan mentado famoso “fifty-fifty” (50-50), que jamás volvió a regir en nuestro país, por más crecimiento económico que nos quieran vender.

Además se estableció en el art. 40 – “La organización de la riqueza y su explotación tienen por fin el bienestar del pueblo, dentro de un orden económico conforme a los principios de la justicia social. El Estado, mediante una ley, podrá intervenir en la economía y monopolizar determinada actividad, en salvaguardia de los intereses generales y dentro de los límites fijados por los derechos fundamentales asegurados en esta Constitución. Salvo la importación y exportación, que estarán a cargo del Estado, de acuerdo con las limitaciones y el régimen que se determine por ley, toda actividad económica se organizará conforme a la libre iniciativa privada, siempre que no tenga por fin ostensible o encubierto dominar los mercados nacionales, eliminar la competencia o aumentar usurariamente los beneficios. Los minerales, las caídas de agua, los yacimientos de petróleo, de carbón y de gas, y las demás fuentes naturales de energía, con excepción de los vegetales, son propiedad imprescriptible e inalienable de la Nación, con la correspondiente participación en su producto que se convendrá con las provincias. Los servicios públicos pertenecen originariamente al Estado, y bajo ningún concepto podrán ser enajenados o concedidos para su explotación. (...)“.

Da vergüenza que hoy traten de esconder y menoscabar aquella historia, sólo con el objeto de justificar que se viene el ajuste para garantizar la continuidad de la concentración y extranjerización de nuestras riquezas, con la consiguiente penuria para el pueblo trabajador.

Víctor De Gennaro es fundador de la CTA. Coordinador Nacional de la Constituyente Social. Diputado Nacional.

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Discurso de asunción de la presidenta Cristina Kirchner: ataque al derecho de huelga y preafirmación vergonzante del tarifazo

Jorge Altamira (especial para ARGENPRESS.info)

El núcleo del discurso presidencial de ayer es muy evidente: la reafirmación de un tarifazo, que ni siquiera se animó a mentar, o sea vergonzante, y un ataque al derecho de huelga. La Presidenta no se animó a defender la decisión que tiene estremecido hoy al país – que importará subas del 300% en las tarifas, ni los cambios de manos en las compañías de servicios, que han anticipado el tarifazo. Tampoco lo hizo con los impuestazos y tarifazos en las provincias oficialistas y opositoras, ni con el que afecta a los salarios que superan el mínimo no imponible.

No hizo referencia, por otro lado, a la remilitarización de los controladores aéreos, pero sí reivindicó la represión a los trabajadores petroleros y ! docentes en Santa Cruz, violentando el derecho de huelga, cuando solamente reclamaban un convenio colectivo de trabajo. Buscó asociar a Perón a la oposición al derecho de huelga, cuando en realidad fue una resolución escrita de la CGT, en 1949, la que condicionó la declaración de huelga al veto del general Perón.

El tarifazo y el ataque al derecho de huelga forman una pareja indisoluble, porque el primero es inviable sin el segundo. El discurso tipifica a un régimen de bonapartismo (tardío), que ya no encuentra justificación en la falta de una mayoría parlamentaria, sino en la agudización de las contradicciones sociales.

La Presidenta volvió a reivindicar el carácter patriótico del pago de la deuda usuraria, e incluso cuantificó en casi 100 mil millones de dólares la carga que representó para el país – y hasta el arreglo con los bonistas que no habían aceptado el canje. No dijo, sin embargo, que el ‘desendeudamiento’ con los acreedores internacionales fue logrado con el endeudamiento con el BCRA, la Anses, Pami y Banco Nación, que hoy poseen el 53% del total de la deuda pública. La deuda pública aumentó, sin embargo, en 50 mil millones de dólares; es, hoy, de 180 mil millones de dólares, un 45% del PBI – inflado en términos de dólares, o sea mucho más de la mitad.

La Presidenta reivindicó también el desarrollo de la educación, sin una palabra hacia el hundimiento de la pública a favor de la privada. Reivindicó su condición de gobierno de derechos humanos, pero no anunció ninguna medida que acelere los juicios cuya lentitud admitió. No mencionó ¡para nada! la tercerización de la represión, los cinco mil trabajadores procesados, la magnitud del gatillo fácil y los apremios y torturas en las comisarías. Aunque esperada, es llamativo que haya reivindicado la ley de medios, a pocos días del fracaso de una licitación que contemplaba al sector social o comunitario, por su inaccesibilidad económica. Al monopolio privado tradicional se ha sumado un monopolio oficialista pseudo ideológico, y además se ha reforzado el duopolio d! e las comunicaciones con el acuerdo del oficialismo y Telefónica con relación a Telecom. La ley de medios no ha producido ningún avance en materia de libertad de expresión – sea política, cultural o de cualquier orden.

Las omisiones del discurso presidencial ponen al desnudo, por un lado, la debilidad del nuevo gobierno que nace sin embargo de una votación del 54.11% del electorado activo. Las reivindicaciones del discurso subrayan, por el otro, la acentuación de un método de gobierno presidencialista; de decreto; un gobierno que combinará la confrontación contra las reivindicaciones de los trabajadores, por un lado, y la demagogia social, por el otro.

Por último, la reasunción del Poder Ejecutivo por parte de Cristina de Kirchner fue por lo menos curiosa. Los militantes de la Cámpora reivindicaban “la resistencia de los 90”, cuando el matrimonio oficial impulsó el remate de YPF a precio vil y entregó el Banco de Santa Cruz al mismo grupo que, en la gestión presidencial de CFK, ingresaría como accionista en la petrolera, gracias a un contrato ruinoso que sacrifica la inversión nacional al pago de dividendos. La Presidenta no sorprendió, entonces, cuando reivindicó su oposición al gobierno de De la Rua mientras ignoraba el apoyo fervoroso que brindó al tándem Menem-Cavallo, o sea al remate de empresas del estado a cambio de títulos desvalorizados de deuda; al feroz endeudamiento internacional de esa década; y a la convertibili! dad que ofreció un seguro de cambio a los especuladores. La Presidenta quizás pretende que se la juzgue a la luz del nuevo relato oficial, pero persiste en reivindicar la entrega de decenas de miles de millones de dólares para frenar una corrida contra el peso con el método clásico de Cavallo, y elevó las tasas de interés del BCRA, como lo haría cualquier ‘neoliberal’, habilitando de este modo una nueva ‘bicicleta financiera’ (elevadas tasas de interés en peso con seguro de cambio). Incluso anunció la creación de una subsecretaría de Competitividad, a semejanza del planteo de Cavallo, que implicaría condicionar los aumentos de salarios a cláusulas de productividad individual.

Foto: Argentina, Política - La presidenta Cristina Fernández de Kirchner muestra el bastón presidencial, durante la ceremonia de asunción en el Congreso de la Nación. / Fuente: Presidencia de la Nación.

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Elogio de la voluntad

Alfredo Grande (APE)

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“la cultura represora no deja de intentar que la voluntaria aceptación de la esclavitud sea vivida como un acto de libertad”

“Hay miedo a la libertad pero no hay pánico a la esclavitud. Sonamos.”
(aforismos implicados)

Carla fue a la comisaría y realizó la denuncia, donde un médico constató la penetración violenta. Marcelo fue detenido y acusado por la fiscal de “abuso sexual agravado por el uso de armas”. Pero camino al juicio oral, Carla pidió al abogado defensor visitar al agresor en prisión. “Eso motivó un trámite judicial, un pedido de excepción porque la víctima no puede verse con su victimario”, dijo Armando Agüero. La Cámara del Crimen, tras varias pericias autorizó los encuentros. “Desde junio, lo empezó a visitar todos los días”, dijo Agüero. Le llevaba comida y ropa limpia y le retiraba la ropa sucia.
El abogado Agüero solicitó un avenimiento, es decir que Carla renuncie a la acción penal. Ella pidió “superar esta situación para iniciar una vida en común, en familia y en matrimonio con Marcelo y nuestro hijo”. Lo hizo ante la Cámara Criminal de Pico: este tribunal rechazó el pedido porque no le creyó a Carla. Después se presentó una apelación ante el TIP integrado por los jueces Pablo Balaguer, Carlos Flores y Gustavo Jensen. Y mientras se tramitaba, Carla y Marcelo se casaron por civil el 28 de octubre.
Balaguer fue el juez que se opuso porque “la víctima está en inferioridad de condiciones”. Calificó de “novelesca” la versión de Marcelo y dijo que el matrimonio él lo tomaba “con el único y excluyente objetivo de adquirir la libertad”. Flores y Jensen aprobaron el avenimiento. Consideraron que Carla decidió en forma libre y voluntaria y que “la simple voluntad de la víctima puede evitar la persecución”. Marcelo quedó en libertad el último viernes y según trascendió la pareja ahora pidió fecha y en unos días se casará por Iglesia. CLARIN

Hace algunos años, Carlos del Frade fue uno de los presentadores de mi libro: “Psicoanálisis Implicado 3: del diván al piquete”. Fue en el Instituto Movilizador de Fondos Cooperativos de mi querida Rosario. Contó que cuando el menemismo estableció el denominado “retiro voluntario”, profesionales psicólogos entrevistaban a los afectados y que una de las líneas de trabajo era preguntarles por qué pensaban que habían sido retirados. O sea: transformar una política en un conflicto individual. Logro notable de la cultura represora, que logra hace siglos este reduccionismo devastador. Es una de las formas mas sutiles de la impunidad. Ya no es el modo de producción económico social el responsable de mi retiro “voluntario” sino que tengo que descubrir la parte que me toca en esa decisión. Y la parte que me toca tiene nombre y podríamos ponerle apellido: culpa castigo. Entonces, lo voluntario es apenas el voluntariado del sometido que para no sentir culpa y apaciguar el castigo, sostiene aquello que lo degrada. Porque peor que estar degradado es ser para la nada, y aunque la sarna pique, algún gusto hay que encontrarle. Entonces la cultura represora como la araña teje una tela que cuanto más nos esforzamos en romper, más nos aprieta. Y de un lugar al que no podemos acceder en forma individual: nuestra propia subjetividad sometida. Por eso el paradigma del “cambiar para que nada cambie” es la entrevista individual, la que utilizaron los colegas psicólogos. Lo individual o sea, el sujeto en condiciones de aislamiento, naufraga en su ansiedad más primaria: confusión, persecución, melancolía. Y sabemos que ante cualquier naufragio, no miramos la marca del salvavidas. La derecha genera naufragios porque sabe que no habrá ninguna evaluación exhaustiva de la calidad del socorro que ofrece. En la actualidad, lo voluntario como categoría política ha regresado para dar cuenta de la renuncia voluntaria a los subsidios. Palabra que no es neutral y que ha sido utilizada en tarifas de servicios, en transportes públicos para martillar sobre la vocación benefactora del Estado. Subsidiar, Asignar, Recaudar. Tres en Uno para sintetizar el Modelo K. Bendecido por un premio nobel de economía, queda poco para discutir. Pero ese poco es fundante. Y como sostengo que “la diferencia entre poco y nada es mucho”, sostengo que es necesario atravesar la nada de la más absoluta obsecuencia y enfrentar y afrentar ese “poco que es mucho”. Por ejemplo: romper el sentido único de lo voluntario como sinónimo de libertad de decidir. Cuando se habla hasta el hartazgo de “voluntad política”, en realidad se escamotea, se esconde que el fundante de esa voluntad es la ideología. Pero la ideología tiene pésima prensa, porque estamos en los tiempos de la modernidad líquida y las fronteras borrosas. Y cuando la ideología queda ciega, sorda y muda, ejerce una feroz tiranía sobre las conductas humanas. Algunos llaman a esto Razón de Estado, pero es una denominación miserable. Porque si fuera cierto que el estado somos todos, entonces tendría multiplicidad de razones, y muchas enfrentadas entre sí. Justamente la Razón, siempre represora y disciplinadora, es evidencia suficiente de que no todos somos el Estado. La ilusión que en realidad es alucinación de decidir si sostenemos el subsidio o renunciamos a él, es el marchito retoño de una voluntad popular degradada al extremo límite del individuo aislado que como piensa, cree que existe. No faltará el que diga, en el mejor de los casos, que tiene que verlo con su analista. En el peor, que ante tanta notoriedad que renuncia, quien es él o ella para sostener el injusto subsidio para los malditos consumistas clasemedieros. Ahora: ¿alguien entiende los ítems que componen una factura de luz, gas, telefonía? Llena de ítems diversos, que en una factura de Edesur elegida al azar llega a 11, incluido el aporte para la Provincia de Santa Cruz, su análisis preciso demanda tiempo y esfuerzo que ni siquiera para escribir este artículo decido realizar. Reconozco que con los recibos de sueldo pasa lo mismo. El consumidor final paga al final de cuentas las cuentas sin saber demasiado bien que paga. Lo que tampoco sabe es que si hay subsidio por izquierda (mano social del Estado) es porque le están sacando por derecha (mano recaudadora del Estado) Del iva ampliado del 21 % para todos los consumos no podemos renunciar. Sería bueno que cuando llegamos a la caja del supermercado, que es un buen ejemplo de los super poderes del mercado, dijéramos: “descontame el 21% porque renuncio al iva”. ¿No somos todos el Estado? Empecemos a ejercitarlo. Ahora mal: decir en un fallo judicial de apelación que “la voluntad de la víctima puede hacer cesar la persecución (del victimario)” es algo más que un exceso en legítima voluntad. Carla es analizador de lo que escribí en el trabajo “Del abuso sexual del niño al abuso político del adulto”.1 Violación sexual ratificada por la violación de sus derechos. Ignorando que la victimización es un proceso por el cual la víctima puede creer que tiene la voluntad de no acusar al victimario. En otro de los excesos de la cultura represora, esto se ha llamado “Síndrome de Estocolmo”. Pero es el colmo que se use siempre como amparo de la impunidad. No se trata de que Carla en forma individual busque justicia. No faltará quienes lo cuestionen diciendo que eso es venganza. En forma individual mucha veces buscamos lo injusto porque nos da un marco de seguridad, especialmente cuando el sujeto está funcionando en la lógica denominada “estrategia de supervivencia”. Pero cuando un “Alto Tribunal” no puede (en realidad no quiere y no le importa) diferenciar entre avenimiento y sometimiento, está haciendo un elogio de su voluntad que en realidad es un elogio de la voluntad del victimario . Desestimar la acción penal mediante el casamiento, pone en evidencia la perversión de utilizar una institución que se proclama como garante del amor, en custodio de la crueldad. Carla se casa y es cazada por las instituciones de la cultura represora. Violada en su cuerpo y en su derecho. Voluntad marchita que da cuenta del marchito deseo que pretende sostenerla. Carla ha renunciado porque le han hecho renunciar a otro humano derecho la dignidad. No pudo endurecerse pero además ha perdido la ternura. El mandato de amar al victimario no es amor. Es una caricatura grotesca y siniestra. Una forma de suicidio encubierto mucho mas importante que cualquier subsidio. Si Carla fue obligada con la dulzura amarga de las leyes a renunciar ¿qué nos impide renunciar a nosotros? Justamente eso: que se nos pide renunciar voluntariamente. Ocultando que la voluntad del Estado es que yo renuncie voluntariamente. A publicidad de parte, relevo de prueba. Cuando Erasmo publicó su Elogio de la Locura (en realidad de la estupidez) se adelantó a las zonceras que publicó Jauretche. Deseo que la construcción del alucinatorio social de la renuncia pueda ser pensado como una estupidez, una zoncera y su elogio como la táctica irónica de enfrentarlo. La cultura represora hace siglos que predica que la conciente y voluntaria aceptación del sometimiento es un acto de libertad. Pero nuestro inconciente histórico social tiene razones que la conciencia no entiende. He ahí lo que llamo esperanza.

1 Alfredo Grande compilador y autor. “Sexualidad Represora” Editorial Topía.

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Argentina: Paren la mano

Juan Carlos Giuliani (ACTA)

Sólo para algún distraído pueden quedar dudas. El poder viene por nosotros, los trabajadores. Con total desparpajo pretende que paguemos la crisis que dispararon los grupos económicos a caballo de la especulación financiera a nivel planetario.

La Viceministro de Trabajo, Noemí Rial, ya avisó que las Paritarias del año que viene se manejarán con otros parámetros vinculados con los índices inflacionarios oficiales. O sea, los números dibujados por la intervención de Guillermo Moreno en el INDEC. Ni siquiera lo disimulan, quieren ponerle techo a las negociaciones colectivas.

Mientras tanto, la Presidenta reafirma su credo a favor de un “capitalismo serio” que en nuestro país es cada vez más ancho y ajeno, como la tierra y los bienes naturales devastados por el saqueo del monocultivo sojero y la mega minería contaminante. Desde que ganó por amplio margen las elecciones de octubre, Cristina Fernández se ha dedicado a apostrofar a las organizaciones de los trabajadores.

Primero pidió a los laburantes que no boicoteen el modelo que “nada ni nadie nos va a hacer cambiar”. Después reclamó “prudencia” a la hora de discutir salarios y condiciones de trabajo. A renglón seguido amonestó a los peones rurales por cortar rutas y calles reclamando que el Ministerio de Trabajo homologue un acuerdo de recomposición salarial del 35 por ciento.

El ministro Carlos Tomada, en otro de los tantos servicios que presta a la patronal, en este caso a la destituyente Mesa de Enlace, homologó el acuerdo pero sólo por el 25 por ciento. En el camino, y para cuidarle la renta a Biolcati y compañía, le mochó un diez por ciento a los haberes de los trabajadores del campo. El Gobierno se ha propuesto que en el transcurso de 2012 los aumentos salariales no superen el 18 por ciento. Si a ello se suma que la inflación sigue trepando al compás de los aumentos de combustibles y los precios de artículos de primera necesidad, y que es más que previsible que con el primer mes del año que viene se registren incrementos en las tarifas de los servicios públicos como respuesta a la quita de subsidios a la electricidad, el gas y el agua, el cóctel será aniquilador para el bolsillo de los sectores populares.

También se verificó la ofensiva contra otro gremio de la CGT, la Asociación del Personal Técnico Aeronáutico (APTA), al que se lo amenazó con quitarle la Personería Gremial si no deponía su protesta.

Es curioso, mientras la Cartera Laboral le niega la personería a más de dos mil quinientas organizaciones sindicales simplemente inscriptas y no concede la Inscripción Gremial a un millar de organizaciones de nuevo tipo, amaga con quitársela a los gremios que no hagan buena letra. No hacer olas frente a la crisis parece ser la consigna que enarbola la fuerza de gobierno, en consonancia con el reclamo de mesura a las demandas sindicales que pregona el empresariado. La Presidenta fue clara: hay que cuidar los puestos de trabajo. Hablando en criollo: ante la crisis, hay que bancar condiciones de trabajo a la baja y magros salarios mientras se conserve el empleo.

Cualquier similitud con lo que ocurría en la década del ‘90 es pura coincidencia. Así las cosas, y ante el ajuste que viene, el conflicto social –expresión de la lucha de clases- está a la vuelta de la esquina.

La puja por una justa distribución de la riqueza pone al rojo vivo la relación obrero-patronal. Los trabajadores retoman estadios de conciencia y organización que aparecían anestesiados durante la resistencia. Esa disputa, que gana la calle y se dirime en el territorio, implica uno de los síntomas más nítidos de la transición de una etapa de defensiva hacia otra de iniciativa popular.

Romper los techos salariales impuestos desde arriba, o avanzar en formas de organización popular que pongan en cuestionamiento la democracia acotada para propugnar mecanismos afines a una democracia participativa, accionan las alarmas en los centros de poder para blindar sus privilegios a través de la intimidación y el castigo a la rebeldía social. La Justicia del régimen actúa como una guardia pretoriana en defensa de los intereses de los poderosos. La idea de la vigencia de una Justicia para los ricos y otra para los pobres está profunda y justificadamente arraigada en el conjunto de la sociedad. Más de cuatro mil luchadores sociales procesados pueden dar fe de ello.

En el marco de una gobernabilidad de tono cada vez más unitario, restringidas sus autonomías federales a la mínima expresión y sin que se discuta una nueva Ley de Coparticipación Federal, las administraciones provinciales quedan estranguladas en su poder decisorio y a merced del oxígeno que les provea el poder central según los distintos grados de subordinación que manifiesten al gobierno nacional de turno. Entre una Nación superavitaria y provincias empobrecidas y endeudadas, los conflictos de los trabajadores estatales, docentes, de la salud y judiciales se multiplican como hongos en toda la geografía nacional.

La voluntad de lucha y la organización demostradas de manera creciente por los trabajadores en estos últimos años, y la intención de hacer recaer sobre sus espaldas el peso de la crisis, preanuncian un panorama donde se avizora una profundización del conflicto social.

Disyuntiva que no se resuelve reprimiendo a los pobres sino distribuyendo la riqueza.

Juan Carlos Giuliani es Secretario de Relaciones Institucionales de la CTA.

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Educación ambiental: Una asignatura pendiente

Ricardo Luis Mascheroni (especial para ARGENPRESS.info)

“2005-2014 Década Mundial de la Educación Ambiental para el Desarrollo Sustentable – ONU”

Desde hace años se viene hablando de la necesidad e importancia de incluir en los contenidos curriculares de la enseñanza formal y no formal, la disciplina Educación Ambiental, pese a ello, más allá de algunas pocas excepciones y esfuerzos al respecto, la misma brilla por su ausencia.

Es más, este novedoso objeto de estudio, ha sido consagrado en distintas normas legales, tanto de jurisdicción nacional, provincial o municipal, surgidas a partir de la década del ’90 y fundamentalmente a la luz de la Constitución reformada en 1994, como referenciaremos más adelante.

En similar dirección, el tema siempre está presente en el discurso de funcionarios de todos los niveles y jurisdicciones, sobre todo en las celebraciones o efemérides ambientales, los que enfatizan sobre la importancia de la materia como mecanismo para el cambio de los comportamientos, actitudes o conductas agraviantes y destructivas para con el entorno.

Pese a lo referido, en la instrumentación efectiva de la disciplina, la mora resulta sospechosa y preocupante.

Insisto que si bien es cierto que la EA se ha incorporado al discurso oficial, falta mucho para que se incluya en los programas curriculares y mucho más en las partidas presupuestarias.

Si se conceptualiza a la EA, como “un proceso fundamental orientado a la búsqueda de caminos alternativos que posibiliten la construcción de una sociedad diferente, justa, participativa y diversa”(1), quizás a partir del mismo podamos develar el ¿por qué? de las omisiones apuntadas.

La EA, es esencialmente cuestionadora y crítica de los modelos productivos imperantes, del consumo irracional y la injusta distribución de la riqueza, incursionando en el terreno de lo complejo, holístico y sistémico, que en muchos aspectos colisiona con los conocimientos fragmentados de las ciencias modernas.

La Ley General del Ambiente Nº 25.675, expresamente en los artículos transcriptos, dispone:

Artículo 2-h) “Promover cambios en los valores y conductas sociales que posibiliten el desarrollo sustentable, a través de una Educación Ambiental, tanto en el sistema formal como en el no formal”

Artículo 14. “La Educación Ambiental constituye el instrumento básico para generar en los ciudadanos, valores, comportamientos y actitudes que sean acordes con un ambiente equilibrado, propendan a la preservación de los recursos naturales y su utilización sostenible, y mejoren la calidad de vida de la población”

Artículo 15. “La Educación Ambiental constituirá un proceso continuo y permanente, sometido a constante actualización que, como resultado de la orientación y articulación de las diversas disciplinas y experiencias educativas, deberá facilitar la percepción integral del ambiente y el desarrollo de una conciencia ambiental”…

Durmiendo el sueño de los justos y olvidada en algún cajón de los despachos oficiales, en la Provincia de Santa Fe, se encuentra, la Ley Nº 10.759, sancionada allá por el año 1991, por la Legislatura provincial, y publicada en el Boletín Oficial del 04 de Febrero de 1992, la que establecía:

“Artículo 1.- Inclúyase en la Renovación Curricular, de los niveles inicial, primario, medio y técnico, el estudio sistemático de la Educación Ambiental.

Artículo 2.- Impleméntanse los elementos técnico-pedagógicos necesarios que apunten a insertar la Educación Ambiental en el nuevo diseño curricular, dentro de un marco interdisciplinario.”

Queda claro, que el texto de la ley es letra muerta, cuando no hay voluntad política de ponerla en ejecución.

Creo que los 20 años que han transcurrido desde su sanción, son tiempo más que suficiente para haber comenzado con su puesta en ejecución, o cuando menos con la discusión de los marcos teóricos que posibiliten la misma.

Ello nos lleva a preguntarnos: A quiénes favorece esta omisión o quiénes tienen intereses en que los docentes, jóvenes y niños no cuestionen el modelo de desarrollo imperante?

Quizás, algunos intuyan como muy riesgoso poner en manos de toda la comunidad una herramienta tan poderosa, impulsora de un cambio de conciencias, paradigmas y acciones, generadora de una contra cultura al modelo globalizado.

Mientras pasan los años y el tiempo perdido en esta materia es invalorable, a los docentes y a la sociedad se los entretiene con más fraccionamientos de saberes (educación sexual, vial, de género, etc.), importantes sin dudas, pero que ninguno alcanza la dimensión de la EA, sobre todo desde el punto de vista de su penetración transversal a todas las ciencias, quehaceres y saberes.

La EA es en definitiva una manera genuina de hacer cultura, entendida ésta como mecanismo de inserción armónica al medio.

La crisis ambiental que padecemos, no necesariamente debe ser abordada desde lo técnico, ya que como crisis civilizatoria, la misma es política, económica, cultural y sobre todo ética y filosófica.

La EA en la explicación de la crisis planetaria se erige en una aventura al saber, al conocimiento y sobre todo a la participación y al compromiso.

Es una educación para la libertad, y un impedimento para que toda una generación de jóvenes siga siendo sacrificada en el altar del mercado, por fuerzas y poderes ajenos a sus prioridades e intereses.

Tampoco podemos entender a la EA como la incorporación de un bagaje de datos o informaciones sobre los ecosistemas o el ambiente, que reproduzca los conocimientos tradicionales, sino que debe constituirse en una dinámica para la construcción colectiva de una sociedad distinta, a través de pergeñar nuevos valores y paradigmas.

Dentro de ello, la solidaridad, la diversidad, el respeto y el escuchar al otro son instrumentos de acción y de cambio para desterrar la creencia y el voluntarismo de un crecimiento ilimitado, en un mundo finito y acotado, en el cual la injusticia y la inequidad son monedas constantes y sonantes para el mejoramiento económico de unos pocos y la postergación de los más.

Todos estos principios hacen o deberían hacer de la EA una herramienta de rebelión, un instrumento de la tolerancia y el encuentro entre humanos, que permitan no sólo mirar, sino fundamentalmente ver.

Dice el refrán popular: “El que no sabe es como el que no ve”, en consecuencia si no sabemos y no vemos, no estamos en condiciones de enfrentarnos con éxito a políticas, tecnologías, procesos y producciones que en un tiempo más o menos largos pueden afectarnos en nuestra vida y su calidad.

En este contexto la Educación Ambiental deviene en utopía y fuerza esperanzadora para un cambio que permita la satisfacción de las necesidades humanas sin diferencias ni restricciones.

Si nos negamos a avanzar en estos desafíos, seguiremos consolidando y manteniendo una política y una agenda reformista y complaciente, que no incide sobre las estructuras de poder, retardando la posibilidad de lograr una mayor dignidad para las actuales y futuras generaciones.

or último, los dejo para que lo piensen y me despido hasta la próxima aguafuertes.
Ref: (1) Educación Ambiental –Aportes políticos y pedagógicos en la construcción del campo de la Educación Ambiental-, Sec. de Ambiente y Desarrollo Sustentable de la Nación, página 10, Agosto 2009.

Ricardo Luis Mascheroni es Docente e investigador universitario. Santa Fe – Argentina.

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Argentina, Córdoba: La última estación

Beatriz Molinari (LA VOZ DEL INTERIOR - PRENSA RED)

Las historias del ferrocarril en Cruz del Eje son el centro del documental "Ferroviarios", que preestrenó en esa ciudad junto a sus protagonistas. Los intérpretes ejercitan su memoria colectiva.

Verónica necesitaba una foto para colgar en el vagón que alquilaba como vivienda. Ese detalle intrascendente la llevó a su ciudad natal, Cruz del Eje, en busca de la imagen. Verónica Rocha insiste en que no fue un impulso autobiográfico, pero lentamente, la memoria de la niña que fue completó la historia de Ferroviarios, su película documental.

A mediados del 2005 la directora fue a vivir a un vagón reciclado y acondicionado para vivienda en Villa Belgrano, Córdoba, al lado del río. ‘Se vende vagón', decía el aviso clasificado que interesó a la arquitecta que lo compró. Y de boliche del Chateau, se convirtió en su casa.

¿Cómo llegó esa mole de hierro al pasto, fuera de la vía? Quizá la respuesta esté en Cruz del Eje, en la mirada de los ferroviarios que nos reciben en la plaza de la Municipalidad a la hora en que la ciudad recién está saliendo de la siesta.

Al frente, en el Cine Teatro Aída, entre los carteles de Contagio y Amanecer, se lee Ferroviarios. Memoria de acero en una ciudad sin tren. Documental dirigido por Verónica Rocha. El viernes a la noche se estrenó la película en la ciudad que vio morir el tren.

El grupo se traslada a la vieja estación donde comienza la historia.

"Todo eso estaba ocupado por los talleres del ferrocarril", dice el doctor Dreifo "Tuti" Álvarez y señala el predio tapiado donde cada año se realiza el Festival del Olivo.

"Entré a los talleres el 11 de mayo de 1953 a las ocho de la mañana, con todos los beneficios. Era la manera de que los ‘negros', los pobres, pudiéramos estudiar". Por el andén sin estación camina el grupo que participó en la película. Ellos ven otra cosa. En su recuerdo hay trenes que van y vienen por las dos vías que forman una ‘Y'. Locomotoras herrumbradas, edificios destruidos y los restos de un incendio provocado pocos años atrás forman hoy el escenario. Por ese mismo andén caminó Verónica el día de 2005 en que salió a sacar fotos.

" Ferroviarios no es una historia de vida; no va por lo familiar. Desde afuera vi algo cuando vine a buscar una foto. Viví siempre a dos cuadras de la estación de Cruz del Eje. Empecé a caminar por donde estuvimos hoy y me di cuenta de que no sabía nada. Sabía lo que saben todos: que el taller cerró en los años '70, que antes todo era mejor y que después todo fue peor. Hubo una pérdida de la tradición. Mis recuerdos tenían un tope. No sé qué pasó", dice la directora.

De los "recuerditos tontitos" a los que alude Verónica nació la investigación y la película. "Acá hay algo más, mucho más fuerte. Yo aporto mis recuerdos ñoños". Hubiera podido usar el formato de historia de vida, "a lo Gastón Pauls", pero se decidió por el documental combinado con la ficcionalización, recurso que utilizó en su película anterior, Cuando el río suena... (2003).

"Acá nos conocemos todos"

Beba Chanaguir señala más allá del predio limpio y tapiado y cuenta que ella creció ahí, con el balcón de su casa mirando los talleres. Sus padres tenían un almacén que proveía a los ferroviarios: "Me acuerdo que me asomaba y ellos me hacían señas para pedir lo que necesitaban del negocio. A las cinco de la mañana me despertaba la sirena y yo cerraba la ventana. Después de la demolición me quedó la nostalgia y el cariño de todos".

"Los horarios de la vida cotidiana estaban determinados por las sirenas del ferrocarril. Yo vivía al frente. El ferrocarril también determinó la estructura urbanística de Cruz del Eje", comenta la Nené (Ana Margarita Ortiz), la profesora de Historia de Verónica en el secundario. "Casi al final del montaje, Nené sumó sus diapositivas para la película, pero avisó mucho antes que tenía fotos de los talleres en pie", comenta la directora.

En realidad, Nené aportó mucho más que imágenes. La foto de la profesora tiene fecha del 15 de mayo de 1978, el día que cerraron los talleres del ferrocarril. En cuanto se conoció la mala noticia fue a fotografiar el edificio.

Juan mira con los ojos húmedos. Le cuesta hablar de estas cosas. Ha participado con el grupo de la sesión de fotos en el andén abandonado y cuando se sienta a contar, sintetiza décadas de ferrocarril. "Entré en abril de 1950, a los 14 años. Era la posibilidad que teníamos los adolescentes para continuar con nuestros estudios. Además recibíamos un sueldo", cuenta Juan Alberto Escobosa. Todos saben que le tocó tomar una decisión que lo marcó para siempre.

"El ferrocarril era una parte muy importante de nuestra vida. Siendo aprendiz admirábamos a los de mejor desempeño. Había un culto al trabajo", dice. Su relato describe cómo fueron quedando los ferroviarios en el camino; era jefe cuando en enero de 1978 se decretó el cierre de los talleres.

"Me llamaron de Buenos Aires; fui y me dieron instrucciones para que el 15 de mayo de ese año se concretara el cierre. Me ordenaron que procediera a las cesantías del personal. Volví. Lo pensé mucho", Juan deja de hablar. "Les dije que no admitía cumplir esas órdenes, que era como pedirle al condenado a muerte que cavara su tumba, y renuncié. Dejé atrás 28 años de trabajo y de aportes, así que no recibí indemnización, pero gané en tranquilidad de conciencia", concluye.

Para Héctor Romero ser ferroviario significa "todo". Ingresó el 7 de junio de 1957 como aprendiz de carpintería y se jubiló en 2009 cuando sólo quedaba una cuadrilla de mantenimiento. "Tuve la suerte de conocer el país como artesano ambulante. En el sector de Vía y Obra hay máquinas tapadas de yuyos. Es un bosque. Da lástima ver eso. Uno ha tenido una vida ahí. Usted no se imagina lo que era la estación cuando había trenes", dice y recuerda que cuando fue a rendir, uno de los temas optativos para la redacción era ‘La llegada del tren'. Le brotaban las palabras, tan fácil fue contar la visita de cada mes de su tía de Chepes.

Armando Olmos entró en 1975, también en Vía y Obra, como changarín. Le tocó ver la demolición: "Se remataban tornos, maderas, herramientas". Se jubiló en 2008.

Jorge Aníbal Tula lleva 34 años de servicio. Se desempeña en Vía y Obra. "La película es un reconocimiento a los ferroviarios; nos conmueve", dice después de describir las tareas que aprendió".

María Cristina Cafure, la otra profesora de Historia, vivió la experiencia de Cruz del Eje antes y después del ferrocarril: "Marcaba el pulso de la ciudad; era una vivencia. Cuando me fui en 1962 Cruz del Eje era una ciudad próspera. Cuando volví en 1981 encontré un pueblo diferente en lo anímico. Era un pueblo golpeado, se vino abajo en lo económico y el campo no alcanzaba a compensar lo perdido. Además, la dictadura militar nos había amordazado. Se desintegraron las familias".

La ciudad azul

Para el periodista Alexis Oliva, hijo y nieto de ferroviarios, la historia del tren echa luz sobre una cadena de hechos históricos. Su aporte desde lo periodístico se relaciona con el después, con varios hitos y una caracterización de Cruz del Eje que fue protagonista de la pueblada de 1997, cortó rutas en 2000 y ahora tiene una cárcel funcionando en las instalaciones que dijeron que serían los talleres nuevos del ferrocarril, nunca inaugurados.

"El despojo a Cruz del Eje generó conflictividad. La idea de la cárcel fue una respuesta laboral de Mestre que concretó De la Sota. Hay un vínculo simbólico entre el ferrocarril y la cárcel. Se plantean, en un recorrido de más de 30 años, dos modelos de Estado, de aquel modelo generador de trabajo, el del ferrocarril, a un modelo policíaco-carcelario. Cruz del Eje es hoy la ‘ciudad azul' de la provincia. Ésa es la parábola".

Fragmentos

Para su documental, Verónica Rocha leyó, entre otras fuentes, los libros de Juan Carlos Cena y tuvo su apoyo para entrar al Museo Nacional Ferroviario y al celoso archivo de fotos. Viajó a la Biblioteca Nacional.

"Me pregunté cómo acceder a un tema donde hubo un corte de tradición. Accedí por fragmentos y después tuve que elegir desde dónde contar. En la película hay un narrador omnisciente y yo soy un personaje más. Traté de no bajar línea. El documental está hecho con respeto. Puse el discurso de Martínez de Hoz ("Hoy hemos dado vuelta la página...") que era importante porque hay gente que no sabe quién es, como los alumnos de la escuela secundaria. Tiene que estar. Mis alumnos lo veían y decían ‘mirá, ése es Videla'.
Fue una decisión ideológica. El documental está además pensado para la tele".

Finalmente, en la charla previa al estreno aparece el tema de la identidad. "Preguntaba sobre los trenes y la gente empezaba a hablar de Cruz del Eje. En Ferroviarios está la transformación desde la geografía social, es decir, se transformaron los espacios como reflejo de las políticas de Estado. Cuando uno se hace la pregunta sobre lo que pasó, ahí hay un aprendizaje", concluye.

Verónica salió a preguntar qué pasó con la gente y en el documental está lo que encontró. La noche del estreno en el Cine Teatro Aída hubo emoción y sonrisas. La directora recibió, además, la distinción de ‘socia honoraria de la asociación ferroviaria', epílogo impensable para el impulso que comenzó con la búsqueda de una foto.

Ferroviarios
Guión y dirección: Verónica Rocha. Con Eva Bianco y Luna Paz. Voz en off: Max Delupi. ATP. 1:20'. Miércoles a las 21 en Espacio Incaa 700 Km. Ciudad de las Artes. Entrada: 8 pesos.

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Guillermo Salas, el sheriff platense III: "¿Robaron algo para nosotros?"

INDYMEDIA

Este artículo forma parte de la serie de relatos acerca de la vida delictiva de Guillermo Salas y sus colegas. La serie conforma a su vez un capítulo, que es el de aquellos hechos que en algún momento tomaron estado público. Del 2001 a la fecha, Guillermo Salas desempeña funciones en la Comisaría 1° de La Plata como Jefe de Calle. Desde entonces ha pasado a formar parte de toda historia de violencia y corrupción policial contada por jóvenes que trabajan o viven en la calle, o que siquiera se acercan de los barrios periféricos al centro.

Víctor Emanuel Gandia recorrió Latinoamérica al compás que trabajaba haciendo malabares, vendiendo macramé, cuidando y limpiando autos. Sin embargo, sostiene que en ningún lugar recibió el trato que tuvo en La Plata por parte de la Comisaría 1°. Junto a otros chicos que vivían en la calle fue hostigado por Salas, quien buscaba que robaran para la Comisaría El rechazo a delinquir llevó al joven a sufrir fuertes hostigamientos por parte de la policía. Pocas semanas después, sin avance alguno en la causa, debería irse de la ciudad a raíz de las amenazas.

Foto: Guillermo Salas, (segundo desde la izquierda) en recorrido durante 2010 junto al Comisario (primero a la derecha)

El ataque

Cuando Emanuel Gandia, de 23 años, llegó a La Plata a principios de 2010, no esperaba encontrarse con una contradicción tal como estar enamorado de una ciudad donde no podía quedarse. Acostumbrado a vivir del arte callejero, tuvo que improvisar cuando los malabares no dieron resultado y debió empezar a limpiar autos. Durante aquellos días conocería chicos de entre 10 y 15 años que vivían en la calle como él, y con quienes dormiría en la explanada del Teatro Argentino, ubicado exactamente enfrente de la Comisaría 1°.

En la mañana del 27 de junio de 2010, Gandia descansaba en un banco de la Plaza San Martín cuando dos policías se acercaron a él. Uno de ellos se encontraba uniformado y lo reconocería como el jefe de calle de la Comisaría 1°, desconociendo que se llamaba Guillermo Salas, pero realizando una descripción que permitió la rápida identificación: “alto, morrudo, morocho, pelo corto y canoso, con orejas muy marcadas y oscuras”. El otro policía que se acercaba a él, estaba de civil pero reconoció haberlo visto antes con el uniforme y lo describió de la siguiente manera: “estatura media (1,68ms), trigueño, se peina para el costado y tiene aproximadamente 40 o 45 años”.

Según relató el joven, los oficiales lo increparon diciéndole “a ver flaco, que acá no se puede dormir la concha de tu madre”, y continuaron con agresiones verbales amenazándolo con “que se marchara del lugar, que no circulara más por la Plaza San Martín, que la iba a pasar mal”. Gandia llegó a pedirles que lo trataran con respeto antes de que el hombre de civil le pegara una cachetada. El intento de reacción al golpe fue en vano, cuando al ponerse de pie, Salas le dio una piña en la cara que lo tiró al piso. Según consta en la denuncia, fueron alrededor de cinco o diez minutos que estuvo en el suelo recibiendo patadas y puñetazos en la espalda, la cara y el pecho. Al notar que su ojo sangraba se intento proteger acurrucándose hasta que los oficiales se fueran y lo abandonaran ahí.

Foto: La acción de Guillermo Salas durante la represión a los estudiantes "rateados", fue captada por las camaras de El Día en mayo de 2010.

El reclutamiento

No era la primera vez que el joven veía a esos oficiales. En marzo, abril y mayo los conocería cuando dormía en el Teatro Argentino. Según relató al momento de realizar la denuncia, estos policías los amenazaban “todas las mañanas cerca de las siete, de forma violenta con que los iban a prender fuego, pegándoles patadas, diciéndoles que si no iban a robar para ellos les iban a ‘armar una causa’ y a meter presos”. Una de las frases que pudo recordar con exactitud interrogaba “¿y, nos consiguieron algo ayer, robaron algo para nosotros?. Según precisaría luego Gandia, era usual que los oficiales se llevaran detenidos a los chicos o los golpearan allí mismo.

El joven recordó que “otros 5, 6 policías que acompañaban la recorrida mientras tanto observaban, deambulaban por el lugar, pero no tenían la actitud agresiva de estos dos oficiales, que se percibía que ejercían un poder de mando sobre los otros”. Uno de los que ejercía el mando, pudo saber meses después, se llamaba Guillermo Salas.

La Primera al frente de la investigación

Tras la agresión de junio, Gandia se dirigió a la casa de una amiga quien al día siguiente lo llevaría al Hospital Rossi. Tras contarle al médico oftalmólogo lo que le había sucedido, este la manifestó que no podía atenderlo ya que su situación no era grave y no tenía insumos, e incluso sugiriéndole que regrese cuando la cara se le haya deshinchado. Un enfermero que se encontraba allí y escuchó el relato, le explicaría luego que “el doctor que lo había atendido, de una u otra forma, trabajaba para y con la policía”. El mismo enfermero se encargaría de atenderlo y brindarle los medicamentos que el joven precisaba. Debería dirigirse al Hospital San Juan de Dios para obtener un certificado donde se constatara los golpes recibidos.

A los pocos días el joven se comunicó con el Comité Contra la Tortura – CCT - de la Comisión Provincial por la Memoria, que el 1 de julio radicó la denuncia por “Torturas y malos tratos y/o instigación a cometer delitos”. Al día siguiente, la noticia se difundió a través de los medios locales, produciendo la inmediata reacción de la Comisaría 1°. Desde un primer momento, el Comisario Marcelo Tidoni, titular de la dependencia, intentó adjudicar la investigación de los hechos a sus propios hombres, iniciando una causa paralela bajo la carátula de “averiguación de ilícito”. “Procurar establecer la identidad de la persona que se refiere los matutinos como víctima de las agresiones físicas a fin de recibirle debida declaración” fue la diligencia encomendada. Al mismo tiempo, pretendía tomar declaración a los oficiales que se encontraban abocados a la zona de la Plaza San Martín aquel 27 de junio, y enviaba al Subcomisario Marcelo Cifuentes a recorrer la sede judicial con el fin de averiguar si había una causa en curso.

Foto: Guillermo Salas

La Auditoría General de Asuntos Internos solicitó a la Fiscalía, al día siguiente de radicada la denuncia, una copia de la misma. Ese mismo día, exigiría a la Comisaría 1° fotocopias del libro de guardia correspondiente a los días 26,27 y 28 e información acerca del personal afectado a la zona de la Plaza San Martín. La respuesta de la policía fue que, en el momento de la golpiza, únicamente se hallaban en esa cuadrícula Marcos Formigo y Juan Vendito en el patrullero 38250. Sin embargo, aquel día, Guillermo Salas se encontraba de servicio. Lo que no resultaba coherente con el relato del comisario, era que según el libro de guardia el móvil 38250 llega a la Comisaría a las dos y media de la noche, registrándose la próxima salida recién a las cuatro de la tarde.

La Comisaría 1° siguió llevando a cabo actuaciones, y la fiscalía dejo que así sea. La policía fue quien solicitó al Hospital Rossi y al Hospital San Juan de Dios que informe si allí había sido atendido Gandia. Sin embargo, la diligencia fue mal realizada, pidiendo informes por Candia en vez de Gandia y entre las fechas 9 o 10 de junio, en vez de 27 de junio a 3 de julio. Esto produjo que la respuesta se demorase más de 3 meses en el caso del Hospital San Juan de Dios, quien negó que el joven haya sido atendido allí, a pesar de que el CCT, al momento de radicar la denuncia, presentó el informe médico realizado en la guardia del Hospital San Juan de Dios con fecha 2 de julio. El Hospital Rossi nunca respondió al informe solicitado con el adecuado apellido y las fechas correspondientes.

Las amenazas y luego el exilio

Mientras Asuntos Internos solicitaba las copias del libro de guardia y la Comisaría 1° pedía informes a los hospitales, la actividad de la Fiscalía N° 5 a cargo de Leyla Aguilar se redujo a citar a declarar a Gandia a las dos semanas de realizada la denuncia. Al no tener conocimiento de que el nombre del oficial en cuestión era Guillermo Salas, el CCT aportó fotos donde el joven había reconocido al jefe de calle. Sin embargo, la fiscalía no tomó ninguna medida que buscara esclarecer la identidad de los agresores. No era la primera vez que la fiscal Leyla Aguilar actuaba de este modo al momento de investigar a los uniformados. En 2008 fue apartada de la causa que investigaba la muerte de Daniel Mignone en la Comisaría 9°. La decisión fue tomada por la justicia luego de tres años de dilataciones, en los que llegó a decirle a los familiares " Nunca voy a llegar a los autores materiales "

En su nueva declaración, el joven indicó que personal de la comisaría lo seguía, por lo cual se encontraba refugiado en casas de amigos. Dijo que por aquellos días había sido demorado por oficiales, quienes le pidieron documentos y le preguntaron por qué estaba lastimado y si había estado robando. A esto les respondió que él no robaba y que las heridas se la habían hecho sus colegas, en referencia a la policía, ante lo cual los efectivos se retiraron. El indiscriminado hostigamiento dirigido al joven golpeó a sus amistades cuando oficiales de la Comisaría 1° detuvieron a un amigo suyo que trabajaba en la calle. Según relató Gandia, lo interceptaron “preguntándole si era el pibe que había hecho la denuncia y al responder que no le muestran un gamulán y le inventan una causa por robo y quedó detenido en la primera”. A los días de salir en libertad, le acercaría un mensaje de la comisaría a Gandia: los oficiales le dijeron que si veían a su amigo lo iban a hacer “historia”.

Luego de las amenazas, la fiscalía no sólo no dictó medidas de resguardo para el joven, sino que llegó a ponerlo en una situación de mayor riesgo cuando realizó el llamado a declarar bajo amenaza de utilizar la fuerza pública en caso de que no se presente, es decir, brindándole a la Policía la potestad de detenerlo en plena calle. La causa continuaría durante los siguientes meses agregando fojas donde se citaba una vez más el joven a declarar pero sin búsqueda de los agresores. Ante el desamparo judicial y la persecución policial, a Gandia no le quedó más alternativa que abandonar el territorio del sheriff platense.

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