viernes, 20 de enero de 2012

Afganistán: Florecen las amapolas

Manuel Navarro Escobedo (PL)

Desde la sangrienta invasión de Estados Unidos en el 2001 Afganistán incrementó sus cultivos de amapolas, de cuyo fruto se extrae el opio, que genera el 90 por ciento de la producción mundial de drogas.

La cifra se traduce en más de seis mil 400 toneladas de la adormidera en el 2011 -10 kilogramos es equivalente a uno de heroína-, y mantiene al país islámico en el primer lugar del planeta, mientras que sus destructivos ocupantes ostentan similar condición, pero en comercio, consumo y crímenes vinculados al narcotráfico.

Ese aumento resulta verdaderamente alarmante si se conoce que esa nación produjo casi 800 toneladas del producto en el 2004, que, acorde con estadísticas de ONU, representó un 21 por ciento menos en comparación con el 2003.

En contrate, sus antiguos rivales en los cultivos enmarcados en el denominado Triángulo Dorado: Laos y Tailandia eliminaron sus siembras por cultivos alternativos, y Myanmar se encuentra en camino de completar su erradicación.

Además, como nota sobresaliente, durante el régimen de los talibanes, del 1999 al 2001 se redujo la siembra, cultivo y producción del estupefaciente, lo que volvió a florecer tras su salida del poder por la agresión de Estados Unidos y sus aliados a ese territorio fronterizo con Pakistán e Irán.

El descenso observado se logró tras la aplicación por la administración de los talibanes de la Sharia (ley islámica) que penaliza con la muerte a productores, consumidores y transportadores de droga.

Sin embargo, en la actualidad, para la administración del presidente Hamid Karzai, el jugoso negocio del opiáceo representa un ingreso de casi tres mil millones de dólares anuales, equivalentes a un tercio de la economía total de esa agredida y atribulada nación centroasiática.

Según un informe elaborado por el organismo de la ONU Contra las Drogas y el Crimen (UNODC, por sus siglas en inglés), "el opio es una parte importante de la economía afgana y ofrece una financiación considerable para alimentar la corrupción".

El director ejecutivo de la UNODC , Yuri Fedotov, considera que las causas principales de ese creciente narcotráfico son la corrupción y la arbitrariedad que reinan en Afganistán, así como las fronteras descontroladas.

Las autoridades afganas sólo interceptan el dos por ciento de todos los opiatos que se producen en el país, a diferencia de Suramérica, donde se confisca más del 40 por ciento de toda la cocaína de la región.

En este contexto, la línea entre Afganistán y Pakistán constituye la mayor zona de libre comercio del mundo para lo ilícito, desde drogas, armas, precursores químicos y equipos para fabricar bombas, hasta seres humanos.

El valor de esa heroína se incrementa con cada cruce de fronteras, desde unos tres dólares el gramo en Kabul, a más de 100 dólares en las calles de Londres, Milán o Moscú.

El precio del opio afgano subió un 133 por ciento en 2011, y las 131 mil hectáreas de amapolas suponen dos mil 400 millones de dólares para los cultivadores del país, informó la ONU.

Ese aumento se debió al alto rendimiento económico del opio, 11 veces más elevado que el trigo, y que supone 10 mil 700 dólares brutos por hectárea, según las estadísticas.

Pero, en términos globales, esa amapola cultivada abastece un mercado de 65 mil millones de dólares en heroína y opio, que llega a 15 millones de adictos y mata unas 100 mil personas anuales.

De ahí que se deduzca que Afganistán proseguirá al frente de la producción mundial de heroínas por largos años, mientras que sus mentores y padrinos, Estados Unidos y la Unión Europea, ostentarán similares condiciones, aunque en el comercio, consumo y crímenes vinculados a las drogas.

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