viernes, 13 de enero de 2012

Argentina, 2012: entre el ajuste y el riesgo meteorológico

Eduardo Lucita (LA ARENA)

Luego de la operación de la presidenta, volvieron las preocupaciones del gobierno en otras cuestiones. Las miradas han vuelto entonces a la economía y se centran en sus repercusiones sociales.

Despejado el horizonte de la salud de la presidenta Cristina Fernández de Kirchner, y en el entendimiento que volverá a ejercer sus funciones en plenitud, con el despliegue intelectual y físico que la caracteriza, las preocupaciones han vuelto a su punto de origen.

Atrás han quedado los temores por la salud presidencial. Temores más que fundados, porque más allá de las legítimas preocupaciones por la persona es inocultable que, al menos por el momento, no hay recambio, en la oposición tampoco en el oficialismo. Las miradas han vuelto entonces a la economía y se centran en sus repercusiones sociales.

Situación fiscal

Hay un hilo conductor que anuda este rosario de preocupaciones y no es otro que la situación fiscal. Es sintomático que resulte el eje de las discusiones, cuando todos los analistas, de las más diversas corrientes políticas e ideológicas, han señalado que la crisis mundial podía contagiarse por la vía comercial (China, Brasil) pero no por la financiera. Los argumentos fueron expuestos más de una vez: la deuda ya no pesa como antes, los bancos están sólidos, el país "no tiene acceso a los mercados voluntarios de crédito", como acostumbran decir los gurúes neoliberales. Por lo tanto ese costado estaría cubierto.

Y así es efectivamente. Sin embargo he señalado en otras notas que en la coyuntura estaban pesando tanto los problemas exógenos -esto es los derivados de la crisis mundial- como los endógenos -esto es los que tienen que ver con el agotamiento de ciertas variables del modelo, e incluso con sus propios límites-. Tal vez aquí radique la explicación de porqué ya casi nadie en el gobierno habla de "profundizar el modelo" y sí de aplicar "sintonía fina".

Del superávit al déficit

Sucede que después de casi una década de superávit fiscal primario -esto es antes del pago de intereses de la deuda- el año que iniciamos volvería a los resultados negativos. Pesa aquí indudablemente el fuerte aumento del gasto público y la perspectiva de menores ingresos fiscales, y hay toda una discusión sobre la magnitud de ese déficit. Esto depende de si se toman en cuenta ciertos recursos como transferencias del Banco Central y de la Anses.

Para algunos se trata de recursos extraordinarios que no debieran tocarse, mientras que para otros, como el especializado Instituto Argentino de Análisis Fiscal (Iaraf), se trata de recursos corrientes con los que cuenta el Tesoro nacional, "recursos que siempre existieron y se han utilizado, pero han ganado gran notoriedad en los dos últimos años cuando su participación en el total de recursos fue más que relevante".

Más allá de este debate técnico-conceptual lo cierto es que el déficit consolidado -Nación más Provincias- incluidos los pagos por intereses de la deuda, puede oscilar entre el 2 y el 3 por ciento del PBI. Es un porcentual importante si se lo compara con los años recientes, pero que resulta insignificante si se analiza el historial fiscal del país, aún si se lo confronta con el de los países de la Eurozona o Estados Unidos. Está por debajo de todos ellos, incluso de la poderosa Alemania. En nuestra región sólo es superado por Chile y Brasil. Salvo para los campeones del ajuste permanente, el actual nivel de déficit no parece inmanejable.

Preocupaciones

Sin embargo subyace en las preocupaciones actuales por sus derivaciones: ¿Qué pasará con la quita de subsidios y las tarifas de los servicios públicos? ¿Qué sucederá con la inflación? ¿Y las paritarias? ¿Cómo afectarán la sequía y la crisis mundial? Son las preguntas que hoy están en discusión no solo en los círculos de economistas y políticos, también en los lugares de trabajo, en reuniones familiares o de amigos.

A estas inquietudes generales se han agregado en estos días algunas más concretas derivadas de decisiones políticas: como el exabrupto del tarifazo en los Subterráneos de Buenos Aires; el aumento del cargo por importación de gas; o la anunciada y postergada suba de tarifas en trenes y colectivos.

El decreto que refinancia la deuda de las provincias con el Estado Nacional, incluye una cláusula que supedita esta negociación, tanto a nivel provincial como municipal, al envío de datos sobre la plantilla del personal y la masa salarial respectiva. Por decreto del 30 de diciembre pasado el gobierno nacional reajustó al alza el gasto público del ejercicio 2011. Inesperadamente uno de sus artículos incluye la revisión de los adicionales que perciben unos 300.000 empleados públicos, conviene señalar que en algunos casos estos pagos extras llegan a superar el 30 por ciento del salario de bolsillo de esos trabajadores. Por si fuera poco el "run run" de un tope del 18 al 20 por ciento a las paritarias nunca fue desmentido. La reducción de gastos en algunas provincias sureñas y en municipios del Conurbano bonaerense completan el cuadro.

Así el primer impacto de la "sintonía fina" recaería mayoritariamente sobre las capas medias-medias, empleados públicos, trabajadores convencionados y usuarios en general.

Amenaza meteorológica

Por si fuera poco la sequía resultante del impacto regional del fenómeno climático de "La Niña" pareciera ser más fuerte y extendida de lo previsto y le añade mayor dramatismo a la cuestión. Afecta a la mayor parte del territorio nacional pero se ha ensañado con la zona núcleo, la región más productiva de la Pampa Húmeda. Las estimaciones arrojan datos de una pérdida superior al 50 por ciento en la cosecha de maíz y un retraso en el sembrado final de la soja -un 20 por ciento del total-. Parte de estas pérdidas parece que serán compensadas con mejoras en los precios internacionales, de hecho en los primeros días del año se aceleró el alza que ya venía desde mediados de diciembre. De todas maneras se verían resentidos el ingreso de dólares y los ingresos fiscales por retenciones. Claro que no dejan de ser cálculos especulativos, todo depende de que llueva de ahora en adelante en la cantidad suficiente. La estadística de los últimos años dice que es probable. Veremos.

Otro camino

Sea por impacto de la crisis mundial -estimaciones oficiales señalan que se hará sentir en el segundo semestre-, por complicaciones internas del modelo o por la baja de ingresos derivados de la seca en el agro el cuadro ya no es el mismo. Nadie habla de una recesión, tampoco lo hacen respecto de Brasil o China, pero sí de una caída en la actividad, tal vez a la mitad del crecimiento de 2011.

No se conoce qué puede estar haciendo en este sentido el sector privado -aunque hubo ya suspensiones, adelanto de vacaciones y caída de contratos, por ahora en baja escala- pero sí no hay dudas que el gobierno ha acelerado la implementación de la sintonía fina. Orientada a rebajar el gasto público, por ahora vía subsidios y masa salarial, buscando disponibilidad para sostener la demanda frente a la crisis.

Sin embargo el gobierno dispone de opciones para obtener otros resultados fiscales. No se trata solo de mejora la calidad del gasto y hacerlo más eficiente. También es necesario y más justo operar sobre los ingresos. No alcanza con aplicar mayores aranceles a bienes suntuarios hay condiciones más que propicias para elevar al Congreso Nacional un proyecto de reforma tributaria progresiva, que haga que paguen los que más tienen, que reduzca el IVA a los artículos de primera necesidad y eleve los mínimos imponibles para que los trabajadores no carguen con esa aberración tributaria que considera ganancia al salario. También reponer los aportes patronales jubilatorios eliminados por el entonces ministro Domingo Cavallo, con lo que la Anses dispondría de fondos para una mejora efectiva de las jubilaciones mínimas. Para eso están las holgadas mayorías parlamentarias.

Invertir la carga

Este es emprender otro camino que no sea el trillado de reducir ingresos de los trabajadores estatales, de descargar parte del gasto sobre los usuarios de las clases populares o de poner techo a las paritarias, como si el salario fuera el causante de la inflación. Este sendero siempre tiene un límite y al final se cae nuevamente en el endeudamiento

Es el momento de invertir la carga del esfuerzo, la relación de fuerzas políticas y el 54 por ciento de apoyo en las últimas elecciones lo habilitan. Sino tarde o temprano los trabajadores y los sectores populares pasaran a cobrar el apoyo electoral, que no ha sido un cheque en blanco.

Eduardo Lucita es integrante del colectivo EDI-Economistas de Izquierda.

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