viernes, 20 de enero de 2012

Argentina, Tucumán: Los barrios privados son la forma urbana de las abismales diferencias entre clases sociales

PRIMERA FUENTE

En Yerba Buena hay una creciente proliferación de áreas privadas que abarcan grandes extensiones. Su relación con el entorno es problemática, porque supone barreras física y visuales para el vecindario, sin el aporte de ninguna mejora o beneficio al entorno.

En los últimos 20 años, al impulso del individualismo y el “sálvese quien pueda” consolidado en los 90, se acentuaron las desigualdades sociales y también las distancias que impuso la clase más adinerada con las demás, en términos de espacio físico de convivencia. “Los que tienen” levantaron barreras entre sus propiedades y el territorio de “los que no tienen”; pero no sólo impiden el paso de los potenciales ladrones, sino también se cubren de la mirada de los de afuera, a la vez que evitan ver ellos mismos el mundo de pobreza que suele rodearlos.

Así como en las grandes capitales latinoamericanas se multiplicaron los condominios o comunidades cercadas, inspirados en el modelo norteamericano de la vivienda unifamiliar y la seguridad privada, en Argentina los barrios cerrados tuvieron una expansión vertiginosa.

En Tucumán, la ciudad de Yerba Buena se ha convertido en el lugar preferido para ese concepto diferente de urbanismo que se basa en una lógica de exclusión. El urbanismo tradicional, en cambio se basa en una lógica inclusiva. Así lo define el psicólogo Juan Vicente Garbero Director del Proyecto CIUNT: “Interacción entre tipología barrio cerrado, contexto urbano, imaginario colectivo y ley”, del que es codirector la arquitecta Marta Susana Cisterna. Estos investigadores definen al urbanismo como una “…metadisciplina compleja, holística, integrada por diversas ciencias, tecnologías y arte, que estudia y planifica el crecimiento y desarrollo de la ciudad, concebida como sistema. Esto exige que todas las estructuras, funciones y procesos urbanos, sean articulados por la Ley y que sus intervenciones sobre la ciudad propendan, con el menor grado posible de conflicto, a integrar la diversidad de estructuras que la conforman, los colectivos heterogéneos que la habitan, y a una interacción con el ecosistema del entorn
o y con otros sistemas urbanos, en dirección a su desarrollo sustentable” (Garbero J.V., Cisterna M.S. 2010).

Consideran que si bien no es posible emitir un juicio valorativo sobre una tipología urbana “en sí”, es necesario prever su comportamiento para crear regulaciones legales que permitan la planificación urbanística y eviten potenciales conflictos.

“Oservamos que los barrios cerrados no comparten sus espacios, ni sus visuales ni proponen un intercambio sociocultural fluido y directo con el sistema urbano en que se instalan -explicó Garbero-. Por ejemplo, no aportan al entorno ningún equipamiento. No ofrecen ni veredas ni luminarias adecuadas orientadas a proteger y favorecer la circulación peatonal de los vecinos del entorno y tampoco visuales interesantes que lo enriquezcan. Permanecen ocultos tras barreras de ligustros, en el mejor de los casos, porque también se observan con frecuencia cubrimientos con lonas y otros materiales de menor calidad formal y estética como chapas y maderas. En numerosas zonas colindantes con barrios de menor nivel socioeconómico se levantan muros elevados. Y las casillas de entrada con sus guardias siempre atentos a que nadie se detenga cerca, ni mire mucho. Durante el período de relevamiento documental fotográfico del proyecto, en algunas ocasiones, durante los relevamientos fotográficos del proyecto, salieron guardias pri
vadas motociclistas (no policía, desde luego) a ahuyentarnos. Debimos aclararles que mientras estuviéramos en un espacio público íbamos a usar nuestro derecho y no podían impedírnoslo”.

Por su parte, Maristella Svampa, una de las primeras sociólogas del Conicet que estudió el tema, autora de “Los que ganaron”, explica en su libro que el nuevo estilo de vida implica un modelo de “socialización entre nos”. Es decir que los countristas defienden las ventajas de vivir en contacto con gente con estilos de vida similar. O sea “gente como uno”. El nuevo modelo contrasta con el estilo de socialización de los barrios tradicionales donde aún conviven diferentes sectores sociales. Pero la delimitación del espacio sugiere una forma de separación despectiva con el entorno.

En su trabajo, los investigadores de la UNT también señalan la existencia de desagües pluviales con salida directa a calles exteriores, que contribuyen a inundarlas durante el período estival. Estas bocas de drenaje generalmente están ubicadas por las pendientes naturales de la zona hacia el sureste y son poco amigables con el entorno. Como ejemplo, existe un barrio de 68 hectáreas con una esclusa de salida de agua pluvial sobre el barrio La Esperanza, integrado por gente que vivía en las márgenes del Canal Sur y del Río Muerto, y se inundaba, a fines de los ’90 y comienzos del 2.000, época en que se comenzó a desarrollar el barrio cerrado Las Yungas sobre el sistema pedemontano. Hacia el norte, otro barrio cerrado ubicado sobre la avenida Presidente Perón desagua sobre la vía pública, precisamente en la diagonal -ex vía de ferrocarril- en la que hace 40 años comenzó un asentamiento irregular que, por programas del Municipio, en la actualidad ya ha sido regularizado en toda su extensión.

Aunque no todos, muchos de estos barrios se construyeron sobre tierras de la periferia del municipio de Yerba Buena y en muchos casos esto ha determinado la yuxtaposición con barrios de menores recursos. Esta cercanía ha sido durante mucho tiempo generadora de conflictos. Esto es lo que ocurrió a fines de los ’90 y comienzos del 2000, a lo largo de calle “Las Lanzas”, entre el Barrio “La Esperanza” y un barrio cerrado vecino en donde a las piedras que menudeaban de uno de los lados se opuso un rústico paredón. Por suerte, en el presente el litigio se ha mitigado gracias a la asistencia que recibe el sector de menores recursos, con programas de mejoras de viviendas. Sin embargo, observamos que en la sociedad contemporánea se ha profundizado la distancia entre las clases sociales, de tal manera que el intercambio potenciador del desarrollo social, cultural y económico ha sido sustituido en la estructura urbana actual por una estructura que propicia un esquema de oposición, a juicio del equipo investigador.

“Otra forma en que los barrios cerrados afectan negativamente a la vida de una ciudad es en la generación de barreras urbanas que obstaculizan las vías de comunicación, perjudicando en especial a los vecinos que deben trasladarse de a pie. Hay que considerar que estos barrios cerrados ocupan grandes superficies y desplazarse de un punto a otro en muchos casos exige un gran rodeo, a veces peligroso. En Yerba Buena, en la actualidad, existen pocas calles que permitan transitar directamente, sin interrupciones, todo el municipio -lamentó Garbero- Existen algunos de estos emprendimientos que abarcan 60 hectáreas, y hay casos en que superan holgadamente las 100 hectáreas. Desde luego que estructuras de este tipo, con tales dimensiones, no pueden convivir con un sistema urbano, en el sentido más profundo del término, según lo hemos definido anteriormente”.

“Consideramos importante resaltar que en una urbanización tradicional, se comparten e intercambian prestaciones mutuas, de servicios, de oficios, de actividades comerciales y profesionales. En cambio, el barrio privado se inserta como una estructura parasitaria que toma recursos y prestaciones del entorno urbano en el que se inserta, sin ofrecer nada a cambio, instalándose como un cuerpo opaco en medio del sistema urbano”, agregó.

Cuando se les pregunta a los habitantes de los barrios cerrados sobre la motivación para escoger esta tipología la mayoría lo fundamenta en una búsqueda de seguridad. Sin embargo, en las entrevistas realizadas por el equipo de investigación de la UNT, según Garbero, se han encontrado otros motivos. Uno de ellos es la búsqueda de pertenencia a sectores adinerados y de gran poder. Es decir, una adhesión a esta nueva forma de exclusión entre clases y una especie de xenofobia, en la que los setos verdes cierran al “otro diferente” la mirada. Al mismo tiempo que, a la inversa, desde ese interior imaginariamente “dulcificado” se hace negación de la visual del entorno, porque el contexto es cada vez más patético. Es interesante descubrir en las entrevistas que con frecuencia los vecinos de los barrios cerrados también se sienten segregados por los del entorno, al igual que los del entorno se sienten segregados por los habitantes de los barrios cerrados.

EXPANSION VERTIGINOSA.- En Yerba Buena, el viejo Jockey Club fue el primer barrio cerrado, que data de 1978. En el 1994 se hizo un agregado al Código Urbanístico de la Ciudad Jardín. Consta apenas de una carilla y está destinado al rubro “urbanizaciones especiales”. No prevé ninguna normativa que pueda ponerle límite a los fenómenos adversos que genera en la urbanización tradicional. A partir de ese momento se produjo el boom inmobiliario de la urbanización cerrada. Ahora existen aproximadamente 60 barrios cerrados (sumando los desarrollados y en construcción) en el municipio de Yerba Buena.

ESTRUCTURAS ESQUIZOURBANAS. Hemos determinado denominar así (Garbero J.V. y Cisterna M.S.) a estas estructuras, sobre la base etimológica griega de la primera parte del concepto, que separado, escindido, disgregado, porque no se integran ni interactúan urbanísticamente con el resto de la ciudad. Son estructuras desagregadas del sistema urbano. No tienen interacción con él. En las entrevistas, algunos vecinos dicen que los countristas parecen murciélagos, porque salen con sus camionetas por la mañana a toda velocidad, todos juntos, y a la noche vuelven todos juntos. Ni se saludan ni se miran con el vecindario. Ni siquiera se conocen.

AUTOABASTECIMIENTO DE SERVICIOS. Los countries tienden a una autonomía que abarca los servicios básicos. En una época compraban energía eléctrica en el mercado mayorista. En algunos casos el retiro de la basura se contrata privadamente. Algunos barrios cerrados perforaron sus propios pozos de agua.

LOS HIJOS DEL COUNTRY.- En su libro "Mundo privado", la periodista Patricia Rojas refleja la vida de los adolescentes de los barrios cerrados, a través de numerosas entrevistas. El gran problema con los chicos, en los últimos años, es el vandalismo. Rompen faroles, pintan de negro casas a punto de ser entregadas, toman otras que no tienen dueño, tiran coches a piletas de natación, se aburren y se emborrachan y a veces hasta abandonan a algún amigo que, de tanto beber, cae en un coma hepático. "A algunos los sentí perdidos, con dudas muy profundas -contó-. Vienen de un lugar de altísimas expectativas. Los viejos de estos pibes esperan muchísimo de ellos. Los chicos de pronto descubren que, a lo mejor, y a pesar de todos los privilegios, no están a la altura. Y tienen mucho miedo".

DESNUDADOS POR LA FICCION.- La periodista Carla Castelo publicó el libro “Vidas perfectas. Los countries por dentro”, donde revela con ironía y humor cómo es la cotidianeidad de los barrios cerrados. “En muchos casos confirmé mis prejuicios porque me encontré con un grupo de gente egoísta y competitiva, pero asumo que me sorprendí con la capacidad de autocrítica y con la lucidez de los entrevistados. Se describen sin piedad, me llamó la atención el extraño reconocimiento de los propios pecados”. Y con respecto a la forma en que la ficción de las novelas y el cine ("Las viudas de los jueves", "Cara de Queso", “Una semana solos”) reflejan la vida en los countries, Castelo comentó: “Los retratos que hizo la ficción hacen honor a la verdad. Las mujeres fantasean con los profesores de gimnasia y las mucamas son verdaderas cenicientas modernas que viven solas durante el día en casas color pastel”. La periodista sostiene que los protagonistas del fenómeno son capaces de contar barbaridades sobre sus propias vidas, pero que no soportan ver que eso sea de dominio público y asegura que “la simulación es un modus operandi”.

RIESGOS DE VIVIR EN LA BURBUJA.- Maristella Svampa dice que el barrio cerrado promueve una socialización dentro un ambiente protegido y homogéneo, que los mismos residentes denominan “el modelo de la burbuja”. Son muchos los testimonios que aluden a la “irrealidad” o “artificialidad” del modelo y a sus consecuencias más inmediatas: niños ya crecidos que no saben desenvolverse de manera autónoma, una vez que trasponen las fronteras del country o del barrio privado; niños que, de visita en la ciudad “abierta”, se abalanzan sobre las calles con una ingenuidad y una confianza casi provinciana; niños que rehúyen el contacto con el mundo exterior, un mundo que vislumbran superpoblado, estridente y agresivo, y buscan pasar la mayor parte del tiempo en espacios protegidos; en suma, niños que crecen en un espacio homogéneo y restringido, del “entrenos”, con escaso contacto con seres “diferentes”, y lejos de los males contaminantes de la ciudad contemporánea.

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