miércoles, 4 de enero de 2012

Discriminación de género: Lastre de la democracia mexicana

Lucía Lagunes Huerta (CIMAC)

El sexismo y la misoginia en la práctica política toman su lugar en el escenario electoral, mostrándonos lo lejos que se encuentra la teoría de la práctica.

No hay partido político registrado que dentro de su declaración de principios no reconozca la importancia de la equidad y el derecho de las mujeres a ser respetadas, pero cuando se trata de disminuir la crítica o atacar al adversario el sexismo se vuelve el arma que los une sin importar el color que los cobija.

En esos momentos no importa lo declarado por su partido como eje rector de su actuar político. Así es que una denuncia de violencia de pareja se puede descalificar para colocarlo como chisme de lavadero, como lo expresó el coordinador del Partido de la Revolución Democrática (PRD) en la Cámara de Diputados, Armando Ríos Piter.

Tampoco se trata del mujerismo que encabeza la precandidata del Partido Acción Nacional (PAN), Josefina Vazquez Mota; saber los precios de la canasta básica no es por “naturaleza” femenina, por eso el priista Enrique Peña Nieto se excusa diciendo que él no es “la señora de la casa”. Ambos usan sexistamente el trabajo doméstico no remunerado que hacen las mujeres.

No cabe duda que el uso permanente de las mujeres en la práctica política, solo demuestra la pobreza de la misma.

Por eso que el Partido del Trabajo (PT) realizara en Zacatecas el concurso de belleza “Morenaza” es ofensivo y discriminatorio, por lo que el Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (Conapred) tendría que tomar cartas en el asunto, así como en toda aquella propaganda donde se exhiba el cuerpo femenino como instrumento para llamar la atención, como la elaborada por el Movimiento Ciudadano (antes Convergencia) durante las pasadas elecciones en Michoacán.

Si realmente se quiere consolidar la democracia mexicana, si se quiere construir la no discriminación no sólo hay que actuar ante el ruido de las redes sociales, hay que desenmascarar aquello que esta naturalizado, como el sexismo, para evidenciar la terrible discriminación que guarda.

Por ello la ciudadanía femenina tiene que tomar en sus manos y hacer las denuncias pertinentes para que el sexismo no quede en anécdota.

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