martes, 10 de enero de 2012

En algún lugar… El ícono de los vicios

Laura M. López Murillo (especial para ARGENPRESS.info)

En algún lugar del calendario nacional se inscribe con letras brillantes y afanes luminosos una celebración precipitada en una fecha postergada; pero las dimensiones del evento denuncian la magnitud de los vicios y la majestuosidad del festejo exhibe la cuantía de la perversión...

La estela de luz, el monumento emblemático del México independiente fue inaugurado este fin de semana, muchos meses después de la conmemoración del bicentenario y unas horas antes de una marcha en protesta por las víctimas inocentes en la cruzada calderonista contra el crimen organizado. La obra consta de dos columnas de 104 metros de altura, que representan los dos siglos de autonomía del gobierno mexicano y se ubica en la entrada del Bosque de Chapultepec.

Felipe Calderón entregó este monumento a los mexicanos en una ceremonia triunfalista donde predominó el afán de encubrir los vicios con un exabrupto de música y pirotecnia y en su impecable discurso omitió mencionar a César Pérez Becerril, autor de la Estela, quien denunció la corrupción en la construcción de la obra. Pero los giros de la ironía son implacables y la luminosidad de este monumento no basta para encubrir todas las inconsistencias e irregularidades que surgieron en este proyecto. La torre de mil 704 paneles formados de dos placas de cuarzo iluminadas por leds adquiere una carga simbólica exasperante porque es el resultado de los vicios que predominan en la elite gobernante.

El Instituto Nacional de Estudios Históricos de la Revolución Mexicana, a cargo de José Manuel Villalpando, autorizó el pago del proyecto arquitectónico ejecutivo para la Estela de luz cuando todavía estaba incompleto. Cundieron las irregularidades y el favoritismo hacia la empresa Gutiérrez Cortina Infraestructura (Gutsa) a la que III Servicios, filial de Pemex, le adjudicó directamente y sin fundamento legal la construcción de este monumento. Los recursos del fideicomiso para la Estela de Luz se dispararon de 200 a 1,122 millones 954 mil 542 pesos porque el costo total del monumento se incrementó, entre muchas razones, por la modificación de los cimientos y la compra de materiales en el extranjero, como las placas de cuarzo que se iluminaron en su inauguración.

Después de no sé cuántos plazos postergados, gracias al derroche de los recursos públicos y a la discrecionalidad en las licitaciones, en México se yergue imponente el monumento a la corrupción y a la ineficiencia, la luminosidad de la Estela simboliza la opacidad en el dispendio del erario y su excesiva dimensión representa la exuberante parsimonia en las obras públicas. La Estela de luz es el ícono de los vicios en las alturas del poder.

Sí!... sé muy bien que esta polémica será fugaz, que conforme transcurran los meses y los días se desvanecerán en el imaginario colectivo las ofensas a la ciudadanía que se materializaron en esta magna obra, y sé también que en el futuro la Estela encandilará a propios y extraños, que el exceso de luz encubrirá su opacidad, que las cifras sombrías de la corrupción se integrarán a las malas lenguas y que sólo una minoría, unos cuantos iluminados, podrán advertir que sus dimensiones denuncian la magnitud de los vicios y que su majestuosidad exhibe la cuantía de la perversión…

Laura M. López Murillo es Licenciada en Contaduría por la UNAM. Con Maestría en Estudios Humanísticos, Especializada en Literatura en el Itesm.

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