viernes, 27 de enero de 2012

Un viaje hacia las utopías revolucionarias (Parte XIX): “El general en su laberinto”

Manuel Justo Gaggero (especial para ARGENPRESS. info)

La decisión del General de enviarlo a Héctor Villalón como su representante ante el gobierno revolucionario del primer país socialista de América, nos generó desazón, y, al mismo tiempo, era como un mensaje subliminal del Líder del Movimiento que, de alguna forma, desautorizaba a quiénes habían sido los gestores de la propuesta -Alicia Eguren y John William Cooke-.

Estos, en largas reuniones, en aquél departamento en la Habana ubicado en el Hotel Riviera pensaban que la idea de que el Viejo se radicara en esta, la capital de la “isla del lagarto verde” y abandonara su exilio madrileño, lo vincularía al movimiento revolucionario del Tercer Mundo que, en los tres Continentes, desarrollaba una guerra sin cuartel contra el colonialismo y el imperialismo.

Al mismo tiempo el ofrecimiento de ayuda económica le permitía “liberarse” de la dependencia, que según nuestros amigos, ejercía Jorge Antonio, un empresario vinculado a empresas trasnacionales, enemigo de la Revolución, que había logrado pingues beneficios en negocios con el depuesto dictador Fulgencio Batista.

Resultaba una paradoja que ahora enviara un empresario, que había militado en la derecha del Movimiento y que no era del agrado del Che y de Fidel que de esa forma confirmaban las prevenciones que albergaban respecto de Perón.

Pese a ello y haciendo honor a la palabra empeñada estos, decidieron que le darían un trato protocolar como embajador, y sería alojado en la residencia que había ocupado el Presidente de Argelia Ahmed Ben Bella.

En el grupo nuestro las reacciones fueron diferentes. John, decidió que no era el momento de “romper” con el General; postura que tuvo el respaldo de Guido y otros compañeros.

Por su lado Alicia, que para nosotros era una combinación de Rosa Luxemburgo y Simone de Beauvoir, reaccionó pasionalmente y planteó que no concurriría al aeropuerto a recibir al “enviado”. Posición a la que adherí.

En ese escenario y el día señalado para el arribo, el “Bebe” marchó a Rancho Boyeros.

Luego nos contaría que el encuentro fue frío y distante, y que en todo momento el “Pájaro” planteó que deseaba una relación directa con la dirigencia revolucionaria; sin su intermediación.

Al mismo tiempo exigió que se lo trasladara al día siguiente al campamento, en las afueras de La Habana, donde se encontraban los compañeros que habían recibido el entrenamiento y que, en su mayoría, provenían del peronismo, para hacerles llegar el saludo del General y su opinión en relación con el momento político en el país.

No cabía la menor duda que la decisión del habitante de Puerta de Hierro era la de boicotear este proyecto que podía interpelar y poner en duda su conducción, aún sabiendo que no era esa la intención de Alicia y John que seguían confiando en el “Viejo”, pese a que había signos concretos de que este iba entrando a un “laberinto” que lo alejaría de sus posiciones iniciales.

Conforme a su petición y, pese a que esta transgredía normas de seguridad, los responsables cubanos decidieron que la reunión se llevara a cabo en la propia ciudad de Las Habana, en un elegante restaurant en el camino al barrio El Vedado denominado “1830”.

En la misma, a la que concurrieron algo más de veinte compañeros, Villalón planteó la preocupación del “Viejo” por el cada vez mayor acercamiento de Cuba a la URSS, deslizando algunas críticas a nuestros amigos a los que veía demasiado entusiasmados por este proceso.

Cuestionaba, asimismo, la concepción guevarista de la guerra de guerrillas, insistiendo en el rol del movimiento obrero, que en su mayoría, adhería al peronismo.

Los que lo escuchaban atentamente coincidían con esta visión, ya que sentían aversión por los “bichos colorados” -los marxistas y comunistas “infiltrados”-.

El desarrollo del encuentro y el adelanto de que en el país se constituiría el Movimiento Revolucionario Peronista, liderado por el “enviado”, producía el cisma final en este grupo que en los primeros meses del año 1962 llegara a la “ciudad de las columnas y las sombras” para constituir un Frente de Liberación con socialistas, marxistas y cristianos.

Como siguió este proceso, en este país que generosamente nos había recibido, será el tema de nuestra próxima nota.

Manuel Justo Gaggero es abogado, ex Director del Diario “El Mundo” y de las revistas “Nuevo Hombre” y “Diciembre 20”.

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