miércoles, 22 de febrero de 2012

Argentina, Córdoba: “Hunziker lo vio, no se lo contaron”

Katy García (PRENSARED)

Continúa la etapa testimonial en el proceso a ex policías del Comando Radioeléctrico por los asesinatos de tres militantes universitarios. Carmen Graciela Oliva, hermana de Carlos Delfín Oliva y ex militante de la JUP declaró que supo de primera mano lo sucedido el 2 de junio de 1976. Héctor "Conejo" Hunziker se lo contó a horas de ocurrido el secuestro.

Avanza sin obstáculos mayores el cuarto juicio por los asesinatos de tres militantes de la Juventud Universitaria Peronista ocurridos el 2 de junio de 1976 mediante el uso del procedimiento “ventilador”.

El proceso está en plena etapa testimonial. Hoy declararon tres familiares de las víctimas y un amigo. Ángel Guillermo Villanueva concluyó su declaración. Luego lo hicieron su hermana Silvia Villanueva, Claudio Adrián Marcos, amigo de ambos y Carmen Oliva, hermana de Carlos Delfín “Chaco” Oliva.

Aquél día, Ana María Villanueva ( Kela), Jorge Diez ( Panza), Carlos Delfín Oliva (Chaco) y Héctor Hunziker ( Conejo), todos militantes de la Juventud Universitaria Peronista (JUP), se encontraban deliberando, a media mañana, en Octavio Pinto y avenida Caraffa sobre cómo realizarían la búsqueda de un mimeógrafo.

Carmen Oliva, también militante de la JUP, contó en la sala de audiencias del TOF 2 que el 2 de junio de 1976, al mediodía, recibió la visita de Héctor Hunziker quien muy “shockeado” le contó que cuando Jorge Diez vio pasar a un agente del D2 al que reconoce porque había estado detenido antes por averiguación de antecedentes les dijo “vamos”.

Él se dirigió a la parada del colectivo y los demás subieron rápidamente al Fiat 128 azul, propiedad de Jorge.

Desde ahí pudo observar que “dos patrulleros los interceptan. Intentan huir, pero a Jorge y Ana los agarran de los pelos y meten al auto. Mi hermano se había agarrado a un poste y no lo podían sacar. Se siente un tiro, ahí se desploma, lo arrastran al auto y se van”, contó la testigo.

Aquí entra en escena el “testigo fantasma” según manifestaciones del imputado Bustos. “Era un relato verdadero, uno no va a jugar con que está en peligro la vida de alguien. Y él lo vio, no se lo contaron”, reafirmó su hermana ante el tribunal.

“Todos manteníamos la esperanza de que estuvieran vivos”, alegó y por eso no avisó de inmediato a su familia. Por la tarde, el diario informaba del “enfrentamiento”.

Cuando su padre llegó desde Chaco fueron a la morgue del hospital San Roque a reconocer el cuerpo. Una confusión burocrática hizo que los cuerpos de Jorge Diez y de su hermano fueran intercambiados. Solucionado este inconveniente una empresa fúnebre llevó el cajón hasta la localidad de Sáenz Peña.

El cambio se hizo en el cementerio. “Habían pasado varios días, nos dijeron que no había que hacerlo pero lo destapamos. Le faltaba la parte frontal”, afirmó en la sala.

También lo vieron al llegar a destino porque había que vestirlo. Años más tarde se hizo un cambio de féretro y aparecieron los plomos.

La testigo se acordó que empleados de la morgue le aconsejaron a su padre que no las enviara de nuevo a estudiar. Ya estaba casada con Juan Eduardo Vercellana - desaparecido en diciembre de 1976- y decidieron quedarse. Su hermana no regresó.

Escape a Buenos Aires

La persecución era cada vez mayor. “En 1976 era muy difícil salir a la calle”, contó. Junto a su marido alquilaron una casa y mientras la arreglaban vivía allí Andrés Ramondegui posteriormente detenido. La casa “cayó” en manos del ejército así que decidieron junto a un grupo partir a Buenos Aires.

Además se comentaba que Graciela Geuna había sido vista en autos Falcon. Esta práctica en la jerga de los represores fue varias veces descripta por sobrevivientes en juicios anteriores. Se denominaba “lancheo” o “paseo” con el objeto de señalar o atraer la atención de compañeros de militancia. La testigo aclaró que no creía que fuera una “delatora”.

En Buenos Aires se reencontró con Héctor Huzinker, en diciembre del ’76, cuando desapareció su marido. “Estaba con Néstor y Cristina Morandini. Una noche nos encontramos en grupo y nos comentó que iría a ver el partido Ríver -Talleres. Le dijeron que era peligroso, pero lo mismo fue. Lo secuestran en la cancha junto a un amigo”, relató. “Allá cada uno hizo la vida que pudo”, deslizó.

¿Portaban armas?

La estrategia de la defensa es demostrar que los militantes universitarios portaban armas y que lo sucedido fue un “enfrentamiento”. Además, las preguntas son formuladas como si en esa época hubiera existido el estado de derecho. Un claro ejemplo fue cuando le averiguaron a un testigo si no pidió que se realice una autopsia particular.

En tanto, desde la querella se subraya el carácter político de la organización estudiantil peronista. De hecho hay numerosos estudios que así lo revelan. No obstante el fiscal Gonella solicitó que se convoque a Ricardo Scalet autor de una investigación sobre la Juventud Peronista.

Carmen explicó que luego de lo ocurrido con su hermano y su esposo recién volvió a Sáez Peña a fines del 1977. Al año siguiente continuó sus estudios de bioquímica en la Universidad Nacional del Litoral. Tuvo otra pareja y una hija.

Desde la fiscalía se le preguntó si habían sufrido actitudes discriminatorias por parte del resto de la sociedad y manifestó que a sus padres se les sugirió que no participaran más en el grupo religioso católico al que concurrían. Sufrieron allanamientos en el pueblo y estaban vigilados.

El presidente del tribunal Carlos Lascano la interrogó sobre como se produjeron los contactos por correo electrónico con Tito Villanueva, años atrás. “Le conté lo que sabía, estaba muy dolido por lo ocurrido con su hermana” afirmó.

Luego respondió que le había narrado que el hecho sucedió en Villa Cabrera, en Octavio Pinto y Caraffa, cerca de Estación de servicio.

Los testimonios escuchados hasta ahora permiten observar cómo las piezas de aquél rompecabezas disperso y oculto desde hace décadas asoma. No solo hace ostensible el dolor permanente que atravesaron las familias sino que exhibe sin pudor y en contexto la metodología utilizada por la dictadura cívico militar para exterminar al enemigo político.

A corta distancia

También declaró Silvia Villanueva, hermana de la víctima. Tenía 17 años y cursaba quinto año de la secundaria. Explicó que tras lo ocurrido ella y Tito quedaron con sus padres porque los otros dos hermanos también eran perseguidos y tuvieron que irse. “Nuca quise saber nada a pesar que sabía que no había sido un enfrentamiento”, expresó. “Me encerré en mi mundo. Me costó mucho, hasta el día da hoy”, declaró.

Un amigo y vecino de los hermanos Villanueva aseguró que en aquél momento le pareció que tras observar por el vidrio del féretro las heridas que presentaba el rostro de Ana “le tiraron de corta distancia”. Se trata de Claudio Adrián Marcos, quien manifestó que al terminar el secundario en el Liceo General Paz, comenzó a trabajar en Corcemar y que todos los días viajaba en el colectivo con Silvia, hermana de Ana.

Testificó que una vez su casa fue allanada porque según analiza fue confundida con la vivienda de los Villanueva de acuerdo por la ubicación en la cuadra. Recordó que mantenía una estrecha relación con los jóvenes y que el día del velorio se enojó con sus padres porque no querían que fuera.

Dijo que tenía en mente un “recuerdo vívido” de lo que sucedió esa noche. “Me hice una película” – explicó- sobre como había sido la muerte de Ana. Primero pensó en la existencia de un tiroteo pero luego consideró que dada la contextura de Ana y el trayecto del balazo, más bien la pareció que fue rematada en el piso. “Y ahí empecé a llorar”, aseveró.

Por lo que pudo observar le dijo a la querella que por las lesiones que se veían en la cara y la presencia del halo de Fisch seguramente el balazo fue realizado a muy corta distancia.

Ante la consulta de la defensa sobre la militancia de Ana y de su novio manifestó que años después supo que militaban en los centros de estudiantes y que por supuesto en el barrio se decía que “andaban en algo raro”. “Esa es una consecuencia del terrorismo de estado”, valoró.

El presente juicio tiene como imputados a Luciano Benjamín Menéndez, Pedro Nolasco Bustos, Jorge Vicente Worona y José Filiberto Olivieri, ex policías de Comando Radioeléctrico y pesan sobre ellos los cargos de por privación ilegítima de la libertad, tormentos agravados y homicidio calificado. El próximo martes declaran otros testigos.

El próximo miércoles siguen las testimoniales. El tribunal deberá resolver si hace lugar al pedido del fiscal Carlos Gonella. Asimismo está pendiente el pedido de llamar a la ex novia de Tito Villanueva quien le supo escribir una carta cuando tenía 15 años, pedido por la defensa.

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