miércoles, 22 de febrero de 2012

Argentina, Mendoza. Femicidio: Se incrementan los casos de mujeres quemadas por sus parejas

Maxi Quinteros (MDZOL)

Para los psicólogos, la violencia de género en el que una mujer es incinerada constituye un "punto de no retorno" y un acto perverso. No hay estadísticas oficiales sobre femicidio en Mendoza, pero las consultas sobre violencia en la pareja aumentan. El paso del ácido al fuego como elemento castigador.

La agonía de Aldana duró una semana en el hospital. Días antes, su pareja decidió rociarla con alcohol. Es el último caso que se conoce con el fuego como elemento homicida y, aunque no indique una tendencia, sí al menos una grave recurrencia en estos hechos de particular violencia. Y la pregunta latente ¿qué mensaje puede leerse en ese gesto extremo en el que un hombre decide prender fuego a una mujer?

En otros tiempos, cuando el conocimiento de las mujeres constituyó un desafío contra el poder de turno, los tribunales de la Inquisición tomaron a la hoguera como castigo ejemplar. El fuego ha tenido, en determinadas culturas, un significado dado: en cuanto elemento sagrado, tenía el valor de la purificación, gracias a su poder destructor. El fuego lo ha arrasado todo, desde bosques a bibliotecas y ciudades. El nazismo, por caso, lo utilizó en las ceremonias de discurso de Adolf Hitler, como elemento cautivador de la maquinaria propagandística del régimen.

Pero más allá del repaso histórico y cultural, hay historias íntimas que nos llaman la atención. La muerte de Aldana Torchelli, de 17 años, tras una semana con asistencia respiratoria y con el 70 por ciento del cuerpo quemado, es el último episodio que ha llegado a los medios de comunicación por la singular muestra de violencia en una pareja. El caso más mediático fue el de Wanda Taddei, que falleció a raíz de las quemaduras en una pelea doméstica con su esposo, Eduardo Vázquez, otrora baterista de Callejeros. Aunque no fue el primero, desde aquel hecho esta clase de femicidio hizo que las crónicas policiales posaran su lupa ante cada nuevo caso.

"Estos hechos de violencia tienen un contenido simbólico muy fuerte", asegura Alicia Prada, titular del Instituto de la Mujer del Gobierno de Mendoza. Para Laura Alcaraz, el acto de incendiar a una persona es "un acto de perversidad". "Un punto de no retorno", grafica el también psicólogo Arturo Piracés.

En principio, se trata del femicidio, el crimen en el que una mujer es víctima a partir de sus relaciones interpersonales. El victimario es un hombre que mantiene una relación -ya sea afectiva, ya sea económica- con la mujer. El concepto intenta dejar atrás un lugar común de las crónicas policiales: el crimen pasional.

Ante el crecimiento de la violencia de género, las agrupaciones feministas consideran en la agenda de discusión parlamentaria la necesidad de contar con una ley que establezca definitivamente la figura del femicicio en el Código Penal. Precisamente, se considera que el vínculo es un agravante del homicidio, ya que el 80 por ciento de los crímenes son cometidos por conocidos. Las estadísticas no oficiales señalan que la casa -el espacio íntimo, pero fundamentalmente, el hogar de la víctima- es el escenario elegido para cometer los asesinatos y la calle aparece en segundo lugar. Las crónicas señalan que los vecinos de Aldana escucharon a la pareja discutir en su departamento. Pero sólo decidieron llamar a la policía, cuando la vieron envuelta en llamas.

Un año atrás, MDZ reflejaba el incremento de mujeres que morían incineradas y ya se avizoraba el efecto "Copycat" que desencadenó el ex baterista de Callejeros, aquella banda que protagonizó el horror de la generación de la década del 2.000 con la tragedia de Cromagnon.

Incendiar, un acto escenográfico

Una hipótesis para arrancar. El declinamiento del rol del hombre en la sociedad como una de las posibles causas en el incremento de los casos de violencia de género, al tiempo que la mujer logra posiciones a las que antes no podía acceder.

"Hay un tránsito de la mujer hacia una mayor autonomía, lo que dispara mecanismos de disciplinamientos", define Prada. En esa misma línea apunta Piracés, acerca de la mayor iniciativa que tiene la mujer en la actualidad, en un contexto en el que el rol del hombre también sufre una crisis en cuanto a lo laboral y lo sexual.

"Hay una situación en la pareja en la que el hombre se queda sin repertorio y se llega a esta conducta. Los hombres no manejan esta situación, donde las mujeres tienen más iniciativa y libertad económica", destaca Piracés, quien fue director del correccional de menores -actualmente Centro de Responsabilidad Penal Juvenil- durante muchos años.

En tanto, Laura Alcaraz no deja de observar el contexto general en el que se dan este tipo de situaciones, marcado por la ausencia de un "gran otro" -el Estado- que pueda poner límites. "Podemos pensarlo en una sociedad donde los límites son muy laxos y donde las sentencias parecen no aparecer", considera.

"Hay un tema que no hay que dejar de ver y es la impotencia del hombre para relacionarse con la mujer", sostiene Piracés. Situación que se re-afirma si hay una historia de hogares donde la violencia -ya sea verbal, ya sea física- se ha legitimizado históricamente.

En lo íntimo, la violencia ejercida con el ácido o el fuego como elementos que rematan también refleja una pérdida del valor del diálogo como factor para resolver las diferencias conyugales.

Desde un punto de vista psicológico, "no hay un freno interno", describe Alcaraz, columnista de MDZ Radio y MDZ online. En esa línea, señala que el hombre que decide arrojar un fósforo sobre el cuerpo rociado en alcohol de otra persona, implica la ausencia de la representación de la palabra. Si enojarse, putear, dar un golpe a la pared o "pegar" el portazo implican el límite de esta representación encarnada en el lenguaje, quemar a alguien constituye el "exceso del exceso", según la psicóloga.

"Todos conocen la sensación de quemarse", subraya Alicia Prada. La brutalidad de estos crímenes sobre el cuerpo femenino también refleja lo de "castigo ejemplar", un punto de conexión con las hogueras de la Inquisición ya que el pueblo se mostraba como espectador ante la sanción.

Parece haber también una diferencia significativa -no un simple detalle- entre aquellos que decidieron volcar ácido a prender un fósforo. El químico desfigura y, por ende, deja la marca a la mujer que sobrevive. En tanto, las quemaduras por fuego han sido letales en los casos conocidos a través de la prensa. Pero, tal como sucedió con Wanda Taddei y con Aldana Torchelli, antes de la muerte ocurrió la agonía.

El hecho de incendiar a alguien configura ya "un acto escenográfico", sintetiza Alcaraz.

"Incendiar a otro es montar una escena. Es uno de los mayores actos perversos, porque lleva tiempo. En una emoción violenta, uno puede pegar una trompada, pero incendiar no es azaroso", explica Alcaraz, para dar cuenta que este tipo de homicidios implica, al menos, una previsión, una preparación. Una escena que, finalmente, alcanza a los medios en su impulso amplificador.

En Mendoza, sin estadísticas oficiales

No hay estadísticas oficiales sobre femicidio en Mendoza, pero desde el Gobierno indicaron que hay un leve incremento en las intervenciones por situaciones de violencia en la pareja. En 2011, hubo 283 consultas, según explicó Prada, por casos de violencia doméstica, fundamentalmente.

A diciembre de 2011, en el mapa nacional se registraron 260 homicidios de mujeres en manos de hombres con quienes tenían un vínculo. En 2010, según registró la Asociación Civil Casa del Encuentro, en Mendoza 7 mujeres fallecieron golpeadas, acuchilladas o baleadas por sus parejas.

En 2011, según el Observatorio de Femicidios en Argentina, en 2011 -en el período enero/octubre- se consigna que Mendoza ocurrieron 9 mujeres fueron asesinadas. A la cabeza figura Buenos Aires, con 77 homicidios.

Con la muerte de Aldana, los casos de femicidio por incineración se elevan a 42, según una estadística difundida ayer por Telam y que pertenece a la ong Casa del Encuentro, y que toma como punto de partida la historia de Wanda Taddei.

"Son fenómenos psicológicos nuevos que ahora salen a la luz pública y antes no se daban a conocer", explica Piracés. Efecto colateral de la repercusión en medios: más mujeres se atreven a denunciar estos casos.

Desde el Estado han tomado debida nota en las áreas dedicadas a la mujer -tanto municipales como en el Gobierno-, en marcadas en la ley 26.485: en el Instituto de la Mujer funciona una línea para prevenir la violencia en el noviazgo, período en el que puede evidenciarse las primeras señales de una relación marcada por la fuerza. A ello, le suman grupos de contención con abogados, trabajadores sociales y psicólogos. Y en Mendoza ya está en estudio un proyecto de albergues a cargo del Gobierno para mujeres que sufren este tipo de situaciones.

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