viernes, 10 de febrero de 2012

Argentina: Turbulencias ante el inicio de las nuevas negociaciones colectivas

Eduardo Lucita (LA ARENA)

El tiempo de las paritarias aparece contaminado por fuertes tensiones políticas. Las turbulencias de la CGT anticipan la inminente renovación de autoridades.

Recuperadas en el año 2004, las negociaciones colectivas anuales abarcan cada vez un mayor número de trabajadores y se han desenvuelto hasta ahora sin mayores dificultades. Sin embargo pocas veces como en el inicio de este año parecieran estar sometidas a una fuerte tensión política.

Luego de que durante la década de los '90 las negociaciones colectivas estuvieran prácticamente congeladas se han convertido año a año en el hecho catalizador del mundo laboral. El nivel de acuerdos se ha ido estabilizando año a año al alza, y las paritarias pueden ya considerarse no una excepción sino una práctica normal, institucionalizada.

Según los registros oficiales de los últimos años los acuerdos homologados por el Ministerio de Trabajo y Seguridad Social, sean por rama de actividad o por empresa, cubren más del 70 por ciento de los trabajadores del sector privado y a un conjunto de colectivos de trabajadores del sector público. Así un dato no menor es que las convenciones colectivas alcanzan a poco más del 80 por ciento de los trabajadores en blanco.

Un horizonte turbulento

Sin embargo pareciera ser que este año no caerán de un cielo sereno. Hay varios aspectos que se combinan para marcar un derrotero no exento de turbulencias.

a) Si bien la tasa de ganancia de los grandes empresarios sigue siendo elevada, las patronales ya no encuentran las excepcionales condiciones de los primeros años de salida de la crisis (dólar muy alto, salarios deprimidos, alta capacidad instalada ociosa, condiciones para el autofinanciamiento), mientras que la situación mundial y el agotamiento de ciertas variables endógenas dan un marco diferente a la discusión.

b) Por otro lado el mayor nivel de actividad y de empleo formal ha fortalecido la capacidad de negociación de los sindicatos, mientras que los trabajadores en fábricas, talleres y lugares de trabajo, están expectantes no solo por no perder lo conquistado sino para seguir avanzando.

c) Por último luego de casi 10 años de una situación interna sin demasiados sobresaltos la CGT parece entrar en zona de turbulencias. Este año vencen los mandatos en la central obrera y deberá renovar sus autoridades. Por si fuera poco la actual confrontación con el gobierno, cuyo desenlace esta pendiente, parece haber agudizado diferencias al interior de la central obrera. Es claro que hay cuestiones estrictamente gremiales -la carta de la CGT a la presidenta es un verdadero pliego de reivindicaciones- pero también de diferencias políticas. No se puede ignorar que luego del discurso en la Unión Industrial la presidenta ha tomado un viraje pro-empresarial frente al cual la CGT jugaría un rol secundario.

La sumatoria de estas tendencias alimenta tanto la puja salarial como la disputa de poder, tanto al interior de la CGT como de ésta con el gobierno nacional

Están además las dos fracciones de la CTA, que si bien no pesan en la escena nacional cada una se apoya en un gremio tradicionalmente conflictivo: docentes y estatales, cuyos ingresos tienen que ver con el gasto público.

Paritarias y salarios

Desde que se reimplantaron las paritarias el salario real se ha recuperado. Para Javier Lindemboin, director del Ceped e investigador del Conicet, "con los cuestionados resultados del índice de precios al consumidor oficial, el salario real se habría duplicado en la primera década del siglo. Con datos provinciales (no privados) la mejora de la capacidad de compra del salario respecto de diciembre de 2001 es de apenas el diez por ciento". No obstante "esta mejora no contempla el aumento significativo de la productividad media".

Es que las paritarias se han centrado casi con exclusividad en los salarios directos. No solo no han tenido en cuenta la mayor productividad alcanzada sino que tampoco han incursionado demasiado en los aspectos que hacen a las condiciones en las cuales el trabajador vende su fuerza de trabajo.

Esto obedece a que las conducciones sindicales, y aún los propios trabajadores, han priorizado hasta ahora recuperar niveles salariales, lo que coincidía con la estrategia del gobierno de incentivar la demanda interna. Pero también debe verse que las patronales estuvieron estos años mucho más dispuestas -dentro de ciertos límites- a conceder incrementos salariales que a modificar las condiciones laborales impuestas en sucesivas reformas a la inflaciónn laboral durante la década del '90.

Salarios e inflación

Desde la intervención del Indec en los inicios del 2007 la evolución del índice de precios al consumidor es fuente de conflictos y controversias. Nadie se referencia en el indicador oficial y por otro lado hay numerosos indicadores elaborados en el sector privado. Lo que no hay dudas es que estamos frente a un proceso inflacionario, lo que no implica un desborde. La inflación actual está en el centro de las preocupaciones de los trabajadores y del gobierno. Para unos porque carcome sus salarios y para otros porque debilita la competitividad de la economía.

Luego de los fracasos del control de precios el gobierno parece decidirse ahora por operar sobre las expectativas inflacionarias tratando de contener los acuerdos, lo que técnicamente dicen los especialistas consiste en bajar la "nominalidad", esto es inducir a la baja los porcentuales de incremento de los salarios. De ahí el rumor que se fijaría un techo a las paritarias del 18 por ciento, ahora desmentido por la Presidenta que ha planteado que los aumentos deben estar relacionados con la rentabilidad empresaria, pero que opera como una referencia ineludible y supone que se aspira a un incremento promedio del orden del 20/22 por ciento.

Hasta ahora los convenios acordados superan esta media: aceiteros 25 por ciento (un mínimo de 6.200 pesos), textiles cerca del 28 por ciento. En las próximas semanas tiene que iniciarse la paritaria nacional docente (PND) que involucra a más de 900.000 trabajadores y suele operar como acuerdo testigo. Pero lo que en realidad define para los trabajadores es la letra chica de los acuerdos. Esto es, cuál es la base de cálculo en cada caso; si los aumentos son en porcentajes o sumas fijas o una combinación de ambos; si los porcentajes se acuerdan sobre los sueldos de convenio o sobre la remuneración efectiva y en otros sobre los básicos. Si son no remunerativos y luego se van absorbiendo escalonadamente. Si son escalonados, y a la vez si se acumulan o simplemente se suman. Muchas veces los porcentajes acumulados no es lo que efectivamente recibe el trabajador. Se trata de una estratagema patronal, con la anuencia sindical y el beneplácito del Ministerio de Trabajo para disminuir el impacto en el costo laboral empresario.

Qué hará la comisión

Un aspecto clave será lo que pase con el mínimo no imponible, que hace que hoy casi 1,5 millón de trabajadores afronte la irracionalidad de pagar impuestos porque se equipara el salario a la ganancia capitalista.

Como es conocido son los empresarios quienes remarcan los precios no los trabajadores y los salarios no son hoy una fuente de inflación, por el contrario si lo son las fuertes ganancias de los grandes empresarios y la insuficiencia de la inversión reproductiva.

¿La comisión interministerial que constituyó la Presidenta para darle una base técnica a las paritarias pondrá el eje en los costos reales, las ganancias y la productividad o solo mirará que el porcentaje de aumento salarial no supere cierto nivel preestablecido?

Eduardo Lucita es integrante del colectivo EDI (Economistas de Izquierda).

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