viernes, 24 de febrero de 2012

¿Deberíamos interesarnos por las elecciones en Colegio de Abogados de Honduras?

Ricardo Salgado

Algo que ha logrado la propaganda en nuestro país, como en muchos más, es desconectar en nuestras mentes los hechos y utilizar a conveniencia nuestras debilidades por las “tentaciones” consumistas. La mayoría de veces, evento de gran importancia nos pasan por delante sin que nos percatemos de ello, aun si somos afectados directos. En el caso de las venideras elecciones del Colegio de Abogados de Honduras la cuestión es particularmente grave. La mayoría no sabemos que hay un proceso electoral, y los agremiados mismos o ignoran o permanecen indiferentes ante lo que viene. Esto es muy malo en un país en el que uno de los ejes fundamentales de todo el atraso y la desigualdad está sustentado en la impunidad.

Tan cerca, pero tan lejos están los acontecimientos bochornosos que han hecho de este colegio profesional una amenaza terrible para el Honduras; no olvidamos cuantas veces se pronunciaron sus autoridades por monstruosidades jurídicas. Ellos fueron bastión en la trama del Golpe de Estado, aunque quizá solo unos cuantos se beneficiaron del mismo. De este Colegio saldrán candidatos a magistrados para la nueva corte de justicia, así como salieron en el para la que ahora está en funciones, que llevo adelante el desmembramiento del estado de Derecho y guardo silencia frente a las múltiples violaciones a los derechos humanos. Este gremio es controlado verticalmente por la clase dominante, y todas las fechorías que cometen son legitimadas con la “opinión calificada” de los supuestos juristas que aquí se refugian.
Hace muchos años las fuerzas más oscuras del país controlan el sistema de justicia desde las aulas universitarias, hasta los salones de la Corte Suprema de Justicia. No poseemos una escuela doctrinaria, pero si una cúpula gremial corrupta y pestilente. Las elecciones que se avecinan, llegan en un momento particularmente difícil para Honduras, y el escenario no es fácil, al contrario, de lo que suceda en ese proceso podremos inferir muchas cosas, incluyendo hasta qué punto puede llegar la clase dominante local con tal de retener el control de todo el país.
A grandes rasgos sabemos que el gremio está compuesto por unos 16,000 profesionales de los cuales han votado por muchos años cerca de un tercio. La oposición ha sido más bien frágil (un espejo de la realidad del país). Lo que se ve esta vez, son dos candidatos comprometidos abiertamente con el golpismo, la intervención extranjera, el encubrimiento de los criminales violadores de los derechos humanos, y patrocinadores de la fabricación de casos jurídicos con fines de persecución política. Un tercer candidato, Enrique Flores Lanza, llega en condición de perseguido del sistema que impulsan los otros dos, bajo la presión que significa saber que este es el mismo sistema que le acosa constantemente, y que busca eliminar todo vestigio de lucha en el pueblo de Honduras.
Además, Flores Lanza aparece con una fuerza con el potencial necesario para alterar decisivamente el panorama de este colegio profesional, desprestigiado hasta límites impensables, representada por profesionales comprometidos con cambios y transformaciones serias, no solo gremiales, sino en todas las estructuras del país. El mayor enemigo de este nueva fuerza que busca derrotar el hediondo edificio de impunidad, servilismo y entreguismo, parece ser la indiferencia de los agremiados, quienes hasta ahora mantienen abierta actitud de rechazo e indiferencia al proceso electoral. Muchos dan a conocer una actitud más bien conformistas, arguyendo que “esos llevan años mandando” o “siempre van a hacer fraude y no dejaran llegar a nadie que no sea de ellos”. Unas horas atrás de escribir esta corta opinión, contacte al azar algunos jóvenes profesionales del derecho, y descubrí que ni siquiera saben cuántas candidaturas existen (quizá yo tampoco, pero yo no soy abogado).
También es notable el hecho de que, mientras más jóvenes los profesionales, menos interesados están en un Colegio que les carga unos 750 dólares de colegiación obligatoria (cuota inicial), y a cambio no les da ningún beneficio. Este mismo colegio que inhabilita del ejercicio profesional a quienes no pueden pagar las cuotas mensuales, cerrando un círculo que les cobra por el “privilegio” de colegiación pero no les permite trabajar para conseguir su sustento. Muchos de estos profesionales terminan en funciones degradantes como cobradores de bancos, u otras instituciones privadas que arman brazos de “sabuesos” para perseguir literalmente a sus clientes.
Por supuesto, la masa de cerca de 9 mil afiliados representa la mayor amenaza para los que ahora hacen y deshacen, a quienes ultrajan con su proceder. Por eso, el abstencionismo es su mejor aliado. Para Honduras, el evento es mucho más que una disputa entre forajidos y reivindicadores, significa la continuidad de la podredumbre histórica de un gremio clave para la definición política en el país, o el quiebre del esquema de legitimación de la impunidad. Aunque la mayoría de los que lean estas líneas no tienen la opción de votar, si debemos tener claro que nuestros ojos inquisidores deben estar puestos en las elecciones de marzo del Colegio de Abogados de Honduras, y rechazar masivamente las acciones armadas e intimidatorias /características de estos grupos que son practicadas desde que militan en el FUUD).
Si tenemos la fortuna de que nos lean algunos de los que permanecen indiferentes, quizá deban pensar que es tiempo de derrotar nuestros propios temores. El enemigo se ha agrandado en su monstruosidad, pero no es invencible, todos los demás estaremos pendientes, minuto a minuto, de lo que ustedes hagan.

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