miércoles, 22 de febrero de 2012

España: Deshumanizando…

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

Sabemos hasta qué punto el pragmatismo anglosajón ha perjudicado al mundo. Porque ese pragmatismo funciona bien, sólo cuando hay víctimas propiciatorias. Pero cuando nadie está dispuesto a perder, es decir, cuando varios o todos los contendientes practican el mismo método de depredación, lo único que puede ocurrir es que los países y los pueblos se devoren unos a otros. Y los débiles ya no se dejan devorar. Lo que significa que el pragmatismo total sólo conduce a la autodestrucción o a la destrucción de todos los competidores entre sí, esto es, a la guerra mundial. Y mientras tanto, en España, a sobrecoger a buena parte de la población con políticas perversas de ese jaez...

El primer gesto, en ese sentido ultrapragmático, es el texto laboral muñido por el gobierno. El segundo es su propósito de introducir en las escuelas el espíritu empresarial. Y el tercero, el significativo silencio menospreciativo del ministro de economía ante la locución del portavoz parlamentario del principal partido de la izquierda real en la sesión de ayer. Hace menos de tres meses desde que tomó posesión el gobierno de esta nación, y cada día que pasa mayor es el sentimiento de que más nos dirigimos hacia el fascismo estructural...

Con independencia de las medidas en sí, lo más ilustrativo son sus “razones”. El gobierno sostiene que “el miedo al despido incentiva el esfuerzo”. Se desentiende de que el miedo al despido lo que hace precisamente es ofuscar (como genera todo miedo) el entendimiento y la eficacia en la acción.

Esta reforma laboral está fundada en un experimento soiciobiológico que recuerda mucho a los del psiquiatra del franquismo, un tal Vallejo Nájera; experimentos aquellos a su vez basados en los ensayos aniquiladores de la personalidad de los nazis dirigidos a extirpar de los espíritus el pensamiento comunista o "rojo". El asunto es concluyente: la reforma parte, pues, de una teoría perversa. Para arreglar lo que no tiene arreglo -más crecimiento que no es más que cáncer habida cuenta el estado del planeta, la producción mundial y la estupefaciente distribución de la riqueza producida-, se inicia un experimento psicosocial que no va a solucionar la economía -y menos un mejor reparto de la tarta-, y va a provocar en cambio grandes daños en todos los aspectos humanos.

Partir de que la mayor productividad (que al final todo se reduce a más venta de más mercancías o servicios) depende más de la diligencia del trabajador que de las maniobras del empresario, en efecto es perverso además de una necedad.

Cuando el texto parte de que "cuando el riesgo de despido es muy reducido se desincentiva el esfuerzo y se genera una excesiva resistencia a la adaptación a nuevas necesidades" lo que se está activando es el desaliento. Trabajar asustado porque el empresario y sus delegados están jugando con nuestras necesidades básicas es poner en práctica una espeluznante política correccional, preventiva o sencillamente amenazadora. "Si eres bueno, saldrás del internado. Y el que seas bueno o no lo decido yo". El juez no tendrá más que atenerse a lo que diga el empresario, como apenas tiene en cuenta lo que dice el denunciado frente a lo que dicen las diligencias policiales.

De este modo la educación laboral, la pedagogía de la responsabilidad en la vida y en el trabajo quedan instituidas a través del miedo; del miedo a perder el empleo, del miedo a no pagar la hipoteca, del miedo a no vivir... Y la adulación, el sometimiento y el sentimiento de servidumbre se enseñorerán del mundo del trabajo como mecanismos psicológicos que colisionan con el derecho humano principal: ser respetado. Y enfrente, el empresario, el "emprendedor oficial", el “bien situado”, el protegido por el régimen, democrático o no, viviendo como un rey, con sus coches, sus apartamentos, sus yates y sus jets. Y enfrente, una supuesta mayor productividad, en infinidad de casos relacionada con el engaño, con la manipulación, con el timo sin ambages, con la machaconería, con la falta de escrúpulos hacia el cliente potencial. No otra cosa acarrea la absoluta libertad de mercado y la privatización de las que sólo se benefician los más poderosos y los que tienen menos escrúpulos...

Aquí hay en juego mucho más que un intento de mejorar la producción, la economía y la productividad. Es la deshumanización institucionalizada lo que están introduciendo por las puertas de atrás leyes y convenios monstruosos en virtud de la mayoría absoluta.

¿Quién ha dicho que esto es progreso? Todo va a peor. Cada paso que da el capitalismo es como el forcejeo del que se encuentra semihundido en la ciénaga: cuanto más manotea, más tira hacia el fondo…

Esta reforma laboral ha conseguido que desde la nada, el trabajador alcance las más altas cotas de la miseria moral y salarial.

En todo caso, que vamos para atrás de manera muy alarmante lo prueba lo lejos que estamos del Bertrand Russell que escribió: "Creo que se ha trabajado demasiado en el mundo, que la creencia de que el trabajo es una virtud ha causado enormes daños, y que lo que hay que predicar en los países industriales modernos es algo completamente distinto de lo que siempre se ha predicado".

Esta reforma laboral, esas actitudes y esos modales, la ideología de este gobierno, en suma, lo que nos hace ver es que cada vez con más fuerza caminamos hacia la absoluta involución. Y ya se sabe qué sucede cuando al pueblo se le aprietan demasiado las tuercas...

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