J. M. Álvarez
Por su lado, sobre la facilidad de despido contemplada en la nueva normativa, el alcalde de Sevilla argumenta que ese es el precio a pagar por crear empleo; sin embargo si le interpelan que esas facilidades provocarán el despido de quienes tienen un trabajo medio decente (léanse funcionarios públicos y trabajadores de empresas importantes), sale con la evasiva “Esos lo que tienen que hacer es limitarse a trabajar” (sic). ¿Y qué decir de las manifestaciones del ministro Luis De Guindos que van por derroteros similares? Ya no se guardan ni las formas.
Tienen un problema grave llamado capital acumulado, que se está reduciendo desde fuera hacia dentro. En un pasado relativamente reciente, los capitalistas arrasaron el Tercer Mundo, destruyendo clases medias, expoliando todo lo que pudieron. Sus guerras actuales están vinculadas a la necesidad de obtener recursos naturales, pero sus políticas de antaño lucen agotadas (nadie ha financiado esta crisis, vía deuda externa, por eso ha regresado al centro del sistema) y su necesidad de aumentar capital, mediante una aceptable tasa de ganancia, se desarrolla hoy, en gran medida, en los propios Estados capitalistas.
Bajo nuestro punto de vista, y en el caso particular de España, los oligarcas no pretenden crear empleo, sino destruir más, generar una masa improductiva que, antes o después, no ocasionará gastos y que será abandona a su suerte. En la situación actual sólo precisan una determinada cantidad de mano de obra, por supuesto trabajando en precario, lo demás sobra. Aumentando el número de parados (que no dispondrán de subsidios ni servicios públicos porque éstos quieren privatizarlos), hasta una cifra que entiendan satisfactoria para sus intereses, comenzarán a satisfacer su imperiosa necesidad de aumento de capital.
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