martes, 7 de febrero de 2012

Irán: Luz verde o ultimátum

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

La única duda que cabe albergar respecto a la declaración del pasado día tres del Secretario de Defensa Norteamericano, León Panetta reportada por The Washington Post en la cual se asegura que: “Israel puede atacar a Irán en la próxima primavera…” es si da luz verde a Tel Aviv o presenta un ultimátum a Teherán.

De consumarse el ataque, cosa que pocos dudan, Irán pasaría a la historia como el primer país al que se impidió por medios militares dotarse del arma nuclear y probablemente el último. Al merecido repudio de la bomba atómica por las masacres de Hiroshima y Nagasaki se añadiría otra tragedia de grandes proporciones.

Desde que en noviembre de 1979 cuando en respuesta a la acogida al Sha Reza Pahlevi en Nueva York, fue asaltada la embajada norteamericana en Teherán donde se tomaron como rehenes unos 60 funcionarios, el presidente James Carter decretara el embargo comercial y congelara los activos de Irán, ningún diferendo a concitado mayor agresividad por parte de Estados Unidos y ningún asunto ha ocupado más al Consejo de Seguridad y a la Agencia de Energía Atómica de la ONU que el proyecto nuclear iraní.

Aunque fue presionado por su contrincante electoral, Ronald Reagan y aconsejado por los halcones del Pentágono para que adoptara medidas militares extremas, Carter optó por ejercer presión sobre las autoridades revolucionarias iraníes y dar oportunidades a la diplomacia, entre ellas pedir al general Omar Torrijos, presidente de Panamá, que acogiera al Sha, cosa que ocurrió en enero de 1980.

Aunque la actitud de Carter puede haber estado motivada por su apego a la búsqueda de soluciones mediante el diálogo, lo decisivo parece haber sido el clima político creado en la región por la invasión soviética a Afganistán, que coincidió con la captura de los rehenes. En plena Guerra Fría, un bombardeo masivo a Irán y el desembarco de tropas en un área próxima donde operaban 80 000 efectivos soviéticos era una opción excesivamente peligrosa.

Bajo presiones diversas, en abril de 1980 el presidente encomendó el rescate de los rehenes al Pentágono, autor de la operación “Garra de Águila” que involucró a un comando de tropas especiales, varios aviones, helicópteros, los portaaviones Nimitz y Kitty Hawk y bases en Alemania, Egipto, Omán y la isla de Diego García.

A lo extravagante de la operación que no podía pasar inadvertida a la inteligencia iraní, se sumaron accidentes, impericias, elementos fortuitos e indecisiones que, antes de ni siquiera aproximarse al lugar donde estaban los rehenes, aconsejaron al presidente dar la orden de abortar el operativo. En la retirada, de una acción que en realidad nunca llegó a ocurrir, dos aviones Hércules C-130 chocaron ocasionando varios muertos al inglorioso Comando.

Desde el fiasco de bahía de Cochinos en 1961 cuando bisoñas tropas cubanas al mando de Fidel Castro, en 72 horas de ofensiva continuada liquidaron una invasión en gran escala, organizada por la CIA y el Pentágono, los militares norteamericanos no sufrían una humillación semejante. Como lo había hecho el presidente Kennedy ante la derrota en Cuba, Carter fue a la televisión y se responsabilizó ante la opinión pública de un revés que probablemente le costó la reelección. Finalmente en 1980, ya bajo el gobierno de Reagan, los iraníes liberaron a los rehenes.

El exilio al Sha, la toma de rehenes, el apoyo norteamericano a Saddam Hussein en la guerra contra Irán y la constante hostilidad de occidente, pueden haber marcado una línea de no retorno en la cual se han embarcado seis presidentes norteamericanos: Carter, Reagan, Bush, Clinton, Bush y Obama, dos ayatolas: Ruhollah Jomeini y Alí Jamenei, cinco secretarios generales de la ONU: Kurt Waldheim, Javier Pérez de Cuéllar, Butros Ghali, Kofi Annan y Ban Ki-moon y tres directores de la OIEA: Hans Blix, Mohamed el Baradei y Yukiya Amano.

33 años después del derrocamiento del Sha y nueve desde que por primera vez en 2003 Estados Unidos, Europa Occidental e Israel suscribieran la sospecha de que Irán podía estar desarrollando un programa de armas atómicas, luego de haberse realizado más inspecciones a su programa nuclear que a ningún otro país y de aplicarse varias rondas de sanciones económicas y financieras y realizado un sinnúmero de acciones encubiertas, incluyendo el asesinato de científicos relacionados con el programa nuclear, las tensiones han llegado a un punto en el cual la guerra parece inevitable.

En toda una década en la cual, aparte de algunos excesos retóricos, no se puede probar un solo caso en que Irán haya realizado acción alguna contra cualquier otro país y por el contrario una y otra vez ha accedido a que sus instalaciones sean inspeccionadas, no se conoce un solo gesto, un paso, una alusión y ni siquiera una palabra de ningún responsable norteamericano o europeo encaminado a la búsqueda de la distensión que aleje el peligro de una guerra que causará sufrimientos y ruinas antológicas.

Por cierto que en declaración el Secretario de Defensa, León Panetta sugiere lo que pudiera ser una operación con roles compartidos entre Estados Unidos e Israel. Si Israel fuera el agresor estaríamos ante un tipo de guerra, de ser Estados Unidos, las operaciones y los objetivos tendrían otra magnitud. Luego les cuento. Allá nos vemos.

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