viernes, 17 de febrero de 2012

La peligrosa postura belicosa de Israel con Irán

Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)

Afirmar que los atentados en Asia en contra de sedes diplomáticas Israelíes provienen de la autoría del Gobierno Iraní es osado por lo demasiado obvio.

Esta suposición no es sólo del Gobierno de Israel sino de una vasta camada de analistas que más parecen voceros del Lobby Israelí y de los partidarios de derrocar el gobierno en Irán con una intervención militar de la OTAN.

Particularmente preocupante es atribuirle a Irán el atentado ocurrido en Nueva Delhi. Dicho al pasar, la prensa escrita en India, deliberadamente o no, ha estado muy cauta en informar y dar señales respecto al atentado ocurrido a pocos metros de la residencia del Primer Ministro Manmohan Singh, una zona altamente vigilada.

El tema Irán es controversial en India porque divide las aguas políticas internas y del Gobierno. Están los que abogan por una postura ideológica más cercana a Estados Unidos e Israel por razones estratégicas y comerciales. Para aquellos, India se beneficia de una cercanía con Estados Unidos e Israel para contener a su enemigo histórico China y obtener un asiento en el Consejo de Seguridad de la ONU con derecho a veto.

“Para que India entre la Gran Liga del poder mundial debe aliarse con Estados Unidos y así protegerse de su enemigo histórico China”, nos dice Faridi Farid desde el estado con la mayor población islámica de India Uttar Pradesh.

En el otro bando, aunque no necesariamente muy pronunciado, están los pragmáticos y realistas que consideran que la aventura de una acción militar contra Irán “es simplemente colocar a India inmediatamente en la esfera de las naciones muy inestables con riesgo de ser categorizada como estado fallido”.

Imaginemos un instante a estados indios con alta población islámica como Bihar que hace frontera con Bangladesh, Uttar Pradesh que es el corazón político del Partido del Congreso que ha gobernado India desde la independencia, West Bengal también frontera con la vecina Bangladesh, Kerala en el sur, los ricos e industrializados estados de Karnataka y Maharashtra en el oeste, desestabilizados políticamente por una participación de India en derrocar al gobierno en Irán.

El riesgo es altísimo. Podría significar la ruina para India no solamente en términos de romper una paz interna a veces difícil y compleja, sino la debacle económica con los efectos de contagio en la región donde India ejerce una influencia preponderante.

Para los analistas en los Departamentos de Estado y Defensa en Estados Unidos y en el ministerio de Relaciones Exteriores de Israel y el puñado de países del Golfo que están patrocinando el golpe militar a Irán, existe la noción de que frente al impacto del enorme costo socio político y económico el objetivo de erradicar cualquier posibilidad de desarrollo nuclear futuro en Irán es marcadamente superior.

La ecuación no podría ser otra porque no es concebible en ese nivel de análisis un desconocimiento de la realidad de la India. Es decir, el juego suma 0 llevado al extremo de auto destrucción. Para destruir la capacidad nuclear de Irán se destruye la estabilidad política y económica de la región. Lo habíamos escuchado antes en el slogan: “Mejor muerto que comunista”.

Desde esta perspectiva es muy improbable, sino casi imposible que desde el propio Gobierno Iraní hayan venido las instrucciones para el ataque en India.

El ataque en Nueva Delhi es particularmente importante -y delata el verdadero objetivo hasta cierto punto- porque ocurre en el momento en que el Gobierno Indio se ha manifestado en contra de la imposición de sanciones contra Irán y ha comunicado en todos los tonos que no participaría en una aventura de derrocar al actual Gobierno en Irán. Hay varias medidas económicas entre India e Irán que conducen a un estrechamiento de los lazos entre ambas naciones como por ejemplo el sustentar el intercambio comercial sobre la base de la Rupia india y el trueque.

El contexto indio dificulta la hipótesis de que el atentado en Nueva Delhi haya sido orquestado en Irán. Ni el más básico de los políticos iraníes o el más troglodita radical islámico que inclusive aspire a precipitar una invasión militar en Irán va a concebir un atentado en Nueva Delhi en un área protegida a pasos de la residencia del Primer Ministro Indio.

Desde hace un largo tiempo, analistas indios, especialmente aquellos que contribuyen en la prestigiosa revista Economic and Political Weekly -cuando se incubaba la invasión a Irán durante la administración Bush- han advertido de los efectos devastadores de una intervención militar de la Alianza Transatlántica con Israel y Estados Unidos a la cabeza en la región de Asia Central Sur y particularmente en India.

Es un decir en la propia India que el tercer “país islámico” más grande del mundo está dentro de India, donde habita el 10.9 por ciento de la población islámica mundial. Sólo superada por Indonesia -con mas del 12 por ciento y Pakistán, que apenas la supera por una fracción de punto porcentual, 11.0-.

Son más de 170 millones de musulmanes que viven en India, lo que la convierte en una zona severamente afectada y sensible a los acontecimientos que ocurren en torno a la crisis palestino-israelí, la confrontación de Estados Unidos e Israel con Irán; las guerras en Afganistán e Irak, la desestabilización de Siria y las revueltas en otras naciones islámicas.

Israel depende de Europa y de Estados Unidos y Europa y Estados Unidos dependen política y económicamente del Asia y en la coyuntura más próxima de lo que está medio sucediendo en el medio oriente y el Asia Central. El crecimiento económico tanto en Estados Unidos como en Europa se ha visto negativamente afectado en forma sostenida por la desestabilización regional provocada por las dos guerras en Irak y Afganistán y el eterno conflicto palestino-israelí que irradia en el mundo islámico. Ahora se suman dos crisis adicionales, la de Siria y la confrontación con Irán.

Por más que el lobby israelí -se dice-, sea uno de los más poderosos en el globo, la peligrosa postura belicosa para derribar el actual gobierno en Irán puede resultar en un boomerang hacia sus propios intereses de consolidar el Estado de Israel.

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