martes, 7 de febrero de 2012

México: Descontento policiaco

Adán Salgado Andrade (especial para ARGENPRESS.info)

Huichapan, Hidalgo, México. Ya en otras ocasiones he escrito acerca de la fracasada estrategia panista para el “combate” al “crimen organizado”, que hasta en pequeños poblados, como aquí en Huichapan, es muy evidente, pues ha habido secuestros, asaltos, robos… que dejan muy en entredicho la tal “estrategia” (ver en este mismo blog mi artículo “La fracasada lucha panista en contra del crimen organizado”). Evidentemente ello ha contribuido a, por un lado, una población más desconfiada, con un fuerte sentimiento de inseguridad, pero por otro lado, el hecho de que incluso los propios empleados gubernamentales protesten o se quejen del gobierno es muy mala señal, pues es muestra fehaciente del estado tan lamentable al que hemos llegado.

Esto lo señalo porque, entre otras cosas, es de sorprender que se haya dado hace unos días una protesta del personal policiaco y ministerial del estado de Guerrero, en la que policías, personal administrativo y agentes se quejaron de que la aprehensión de dos policías ministeriales, quienes supuestamente están relacionados con el asesinato de dos jóvenes estudiantes de la escuela normal de Ayotzinapa, fue “injusta”. Se les acusa de haber disparado sus armas en contra de aquéllos. Quizá sean, en efecto, los asesinos, y si así fuera, entonces la protesta pareciera un acontecimiento absurdo, pues se entendería que la policía “protesta” de que por hacer “bien”, digamos, su trabajo, se les está juzgando. Y eso daría para pensar que seguían órdenes y que, ahora, resulta que por cumplirlas, se les castigará. Y eso es grave, si, en efecto, obedecieron órdenes, pues eso indicaría que se trató de un deliberado acto de represión y por eso se entendería que protesten. Sin embargo, puede ser que hayan actuado por su propia cuenta, que simplemente hayan razonado que con tal de cumplir “eficientemente” con su deber, disparar contra los estudiantes, con tal de romper la marcha y despejar la autopista, era la mejor manera de conducirse. Ese comportamiento recordaría a los militares nazis que estaban encargados de los campos de concentración y que parte de sus deberes era aniquilar eficientemente a los prisioneros en las cámaras de gas colectivas y no había en ello ningún comportamiento perverso o atroz, pues simplemente “cumplían con su deber” (curiosamente, sí eran amonestados y hasta castigados si, por ejemplo, abusaban sexualmente de una prisionera). De hecho cuando varios altos mandos nazis fueron juzgados al término de la guerra, justificaban sus atroces acciones diciendo que, simplemente, seguían órdenes.

Como decía antes, en el caso de los policías guerrerenses que son acusados de haber disparado a los estudiantes, pueden estar en la misma posición y por eso tanto sus compañeros, así como sus familiares hicieron la protesta que, incluso, también copió, irónicamente, las acciones de los estudiantes, al haber bloqueado la autopista del sol… y siendo ellos los policías, ¿¡quién los habría podido reprimir!?

Como quiera que sea, el hecho es que se trata de una protesta hecha por los cuerpos policiacos los que, se supone, son los menos inclinados a realizar tales acciones en contra del gobierno, a quien, por su condición especial de cuerpos represivos, son los que más debieran mostrar disciplina a su patrón.

Sin embargo, la protesta misma indica que tanto las equivocadas acciones del gobierno para “combatir al crimen organizado”, así como el que dichas acciones estén provocando un proceso de deslegitimación legal y descomposición social, llevan a sectores sociales, incluso como los cuerpos represivos, a sumarse a las protestas sociales – aunque en este caso sea cuestionable, pues se está “defendiendo” la brutalidad policiaca –, en vista de que el gobierno panista de Felipe Calderón sigue mostrando su incapacidad e ineptitud para “gobernar” y que, en todo caso, eso evidencia también que este país se ha convertido en un polvorín social, pero al mismo tiempo, en una mina de oro en donde los únicos grupos privilegiados son las élites gubernamentales, alineadas con las élites empresariales, quienes ven a México sólo como un medio para enriquecerse en poco tiempo o incrementar aún más sus ya abultados caudales.

Todo lo anterior lo comento porque da entrada a una muy peculiar conversación que sostuve con una mujer policía, destacada en un crucero de Huichapan y que sólo cuando se es presa de real resentimiento y enojo, puede salir así, tan espontáneamente el enfado que ella mostró. La llamaré Laura. Tiene 26 años y casi dos de trabajar como policía municipal. Como dije, se encarga de dirigir la circulación entre dos de las calles más importantes de este municipio. Sin embargo, una de las calles está cerrada a la circulación en el más importante de sus tramos, el que cruza con la avenida Miguel Hidalgo, la que recorre longitudinalmente al poblado. Debido al intenso sol que hasta en los invernales días está presente durante varias horas en esta zona semidesértica, Laura, de por sí morena, luce muy quemada de su cara, a pesar de que emplea la gorra reglamentaria, además de lentes obscuros. “Uso los lentes porque el sol está fuertísimo… antes, hasta me ardían los ojos por no usarlos, por eso mejor me los pongo”, dice, molesta. Su tarea consiste en detener por unos minutos la circulación de una de las avenidas para dar paso a los vehículos sobre ella y, luego, hacer lo mismo con la otra, sólo que, como señalé, una está cerrada. “¿Ya no la van a abrir o qué?”, le pregunto, en vista de que hace semanas que se cerró para “arreglarla” (en realidad, la calle estaba en buenas condiciones, así que me parece oneroso que se haya gastado, adivinar cuánto dinero, en los cuestionables “arreglos”). Encoge los hombros, “¡Pues quién sabe!... ya también otro señor me preguntó que cuándo la van a abrir y pues yo le dije que no sabía y que me dice ‘¡Ya ni la chingan, tanto tráfico que se hace!’… y yo que le digo que sí, pero que pues yo no sabía nada, que no era mi culpa”. En efecto, la calle es muy importante como salida del pueblo, es de las principales y tanto piedras, así como cintas plásticas amarradas en varillas ubicadas en las cuatro esquinas la mantienen cerrada desde hace ya varias semanas. “¿Y entonces, qué esperan para abrirla, si se ve que ya la terminaron?”, vuelvo a cuestionarle. Es cuando Laura, en tono de molestia, no contra mí, sino contra las autoridades, exclama “¡Pues han de estar esperando a que el chingado presidente municipal venga a inaugurarla, para que se pare el cuello el cabrón… como es un pinche panista, ha de decir que tiene que enseñar que está haciendo cosas!...” (Laura se refiere a Fernando Jiménez Uribe, quien en realidad es del Partido Verde, agrupación política de cuestionable trayectoria, y que “ganó” la presidencia municipal para el periodo 2012-2016, mediante igualmente cuestionables elecciones, que terminaron, por así decirlo, con el imperio priísta, que hasta entonces había gobernado. Pero eso es risible, pues es de todos sabida la íntima relación que Partido Verde y PRI mantienen. Me llama la atención que ni ella, siendo empleada del gobierno, sepa la afiliación política de su flamante presidente).

Realmente Laura está muy enojada, se nota en su tono y la forma tan sarcástica en que se refiere al “¡chingado presidente municipal!”. “Pero si la calle estaba bien, ¿no?”, prosigo, también cuestionando esas absurdas obras, para, como dice Laura, mostrarle a la gente que el gobierno “está trabajando”. “¡Sí, pero, ya ve, se quieren parar el cuello esos cabrones y de seguro están esperando que ese chingado presidente venga y diga ‘¡Ay, vean, esta es la chingada calle que arreglé, para que no digan que no hago nada, que nada más me hago güey!’… nada más se gastan el dinero a lo pendejo, vea… ¿para qué?”.

Me pongo a pensar cuántas obras en el país no son realmente necesarias, pero que se hacen para justificar que sí se están haciendo cosas, por parte de los gobiernos locales, estatales y, sobre todo, el federal. Y los recursos, tan escasos, se malgastan, se desperdician, en obras innecesarias, como la ostentosa, inútil escultura llamada “Estela de luz”, cuyo presupuesto original se infló a los $1300 millones de pesos, que bien habrían servido, según los expertos, para construir un moderno hospital de especialidades, entre otras cosas, además de que se requerirán casi ochocientos mil pesos anuales como pago por la energía eléctrica que se necesitará para que el dispendioso mamotreto pueda operar. Sí, absurda obra, como la “reparación” de la calle a la que aludo arriba. Sí, como las también portentosas, costosas obras que el ex gobernador de Coahuila, el señor Humberto Moreira, mandó hacer durante su administración, como haber construido innecesarias obras viales, comparables a las de la ciudad de México en magnitud, para un tráfico vehicular muchísimo menor. Sin embargo, escuelas y hospitales nuevos no se construyeron y sólo se remozaron algunos. Y así, podríamos seguir dando ejemplos, pero no se trata de eso el presente artículo.

Laura continúa manifestando su enfado. “Yo, por pura necesidad estoy aquí… tengo dos hijos y soy sola, por eso necesito el trabajo, pero es una chinga… fíjese, ¡tenemos que estar aquí, parados, doce horas, sin movernos, para que esos hijos de la chingada sean los que queden bien y que nosotros nos chínguemos!”.

¨No, pues sí es mucha friega”, le reconozco a Laura. “¿Y cuánto le pagan?”, le pregunto. Laura se sonríe, como si lo que va a decir no fuera cierto, a la vez que un tanto apenada. “¡Tres mil pesos a la quincena… una madre!”. Eso serían los seis mil pesos al mes, que alguna vez uno de los ineptos funcionarios calderonistas, Ernesto Cordero, dijera que bastaban para que una familia viviera, y que ahora, que quería ser presidente, niega vehementemente que lo haya declarado y que ya aclara que, en efecto, no alcanzan (se ha calculado que una familia al menos requeriría de un salario de unos doce mil pesos mensuales para irla pasando en lo necesario). Aunque si comparamos el salario de Laura con el de la gente que percibe salario mínimo, sesenta pesos diarios, mil ochocientos pesos mensuales (eso, si les pagan todos los días), que constituye el 60% de los trabajadores en México, pues ella está menos mal. Invariablemente eso me lleva a pensar que, en cuanto los cuerpos policiacos de este país, mal pagados la mayoría, tiene oportunidad de extorsionar a quien se deje, lo harán, ya que tampoco dichos cuerpos policiacos se distinguen, precisamente, porque tengan muy altos valores éticos y morales. No, al igual que lo experimentado por la mayoría de la población (y en todo el mundo, inclusive), adolecen de la creciente pérdida de los auténticos valores humanos, los que evitan, justamente, la acelerada descomposición social que se está dando en todos los niveles y grupos sociales. Y los cuerpos policiacos mexicanos han estado descompuestos desde hace mucho tiempo, con la diferencia de que ahora hasta su “lealtad” hacia su patrón, el gobierno, está desintegrándose (me refiero al hecho, como estoy analizando en el presente artículo, de que en plenas funciones ya no son tan “leales” muchos cuerpos policiacos. Porque otra cosa es que prefieran dejar las corporaciones muchos policías, dados los bajos salarios, para unirse al crimen organizado, con el cual sus ingresos mensuales se multiplicarán con creces y lograrán en poco tiempo obtener una sustancial mejoría económica. Véase nada más cuántos importantes operadores del narcotráfico, antes fueron policías o, incluso, soldados. En los momentos de escribir esto, una nota periodística señala que hay 1352 agentes, pertenecientes a la PGR, o sea, son federales, que están “bajo investigación”, sobre todo por negligencia o actos de corrupción. No se trata de simples policías, sino de, digamos, personal de élite y si eso hacen, podría considerarse también falta de lealtad hacia su patrón, que finalmente tiene que ver con descontento, pues no están a gusto esos “agentes”, ni con su salario, ni con lo que deben de hacer. Sí, el gobierno panista debe de preocuparse que se estén socavando sus cuerpos represivos, que son, en buena medida, los que lo han mantenido en el poder).

“¡Y, además, ahorita nos están corriendo, sí, nos dicen que nos van a recortar y no dan nada, en serio, a varios compañeros ya los corrieron y no les dieron nada, ni sus tres meses de sueldo… nada… a ver a mí si no me corren por andar diciendo esto, pero, eso sí, vea cómo tiran dinero esos cabrones… y por todo están sacándole dinero a la gente!”, declara Laura, quien por el tono cada vez más cáustico de su voz, evidencia que crece en su enojo. Con ese trato, despedirlos sin indemnización, ni nada, menos respeto le mostrarán al gobierno policías como Laura, y me atrevería a afirmar que son la mayoría los policías del país descontentos.

Sí, reflexiono, es grave lo que está haciendo el gobierno, con tal de hacerse de más recursos, sobre todo en este año, que es electoral, y que un buen porcentaje de dichos recursos se emplearán para sufragar las costosas campañas publicitarias (más que políticas), que emprenderán los candidatos de los distintos partidos, con tal seguir usurpando el poder. Sí, la consigna es sacar (robar) dinero de donde se pueda. Por ejemplo, pagué un servicio anual, el del agua, que ahora, arbitrariamente, carga dos importes adicionales que el año pasado no estaban contemplados. Uno es del “uso de drenaje”, por 144 pesos. El otro, por “saneamiento”, de $72 pesos. Esos “conceptos” no me los habían cargado anteriormente. Conclusión: hay que inventar nuevos cargos, con tal de sacar más dinero. Además, ¡administración nueva, cargos nuevos!

Le comento eso a Laura, y que pues como es año de elecciones, deben de sacar dinero de donde se pueda. “¡Pues sí… están robándole a la gente en todo… ya no saben esos cabrones cómo sacar dinero!”, sigue explotando Laura, mientras se da tiempo para sonar su silbato y dar paso a ansiosos automovilistas, quienes han esperado más de la cuenta debido al diálogo que hemos sostenido por unos minutos. “¡Como le digo, a ver cuándo el chingado presidente municipal viene a inaugurar la calle… si por mí fuera, ya hubiera quitado estas chingaderas para que pasara la gente!”, exclama Laura, refiriéndose a las piedras y las cintas plásticas que la bloquean.

Alarmante, pues, para el gobierno, que hasta sus cuerpos policiacos renieguen y cuestionen su autoridad, porque eso significa que se está socavando una parte vital que lo ayuda a “sostenerse”, que es la represión pura, la cual, en los últimos años, ha sido el principal factor que ha contribuido a tal sostenimiento.

“Yo ni debería decirle esto, señor”, me dice Laura, ya más tranquila, a lo mejor temerosa de que pudiera acusarla por lo que me acaba de decir.

“No, pues está bien – le digo, a manera de tranquilizarla – no hay que dejarse, hay que protestar”.

Laura sonríe, asintiendo, y continúa, entre silbatazos y movimientos de sus manos, dirigiendo el tránsito vehicular, con tal de que la “estabilidad y la paz social” de este convulsionado país sigan vigentes.

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