miércoles, 8 de febrero de 2012

Rehén de bárbaros y orates

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

Debido a las armas y las tácticas utilizadas las guerras del siglo XX fueron las más brutales y letales en toda la historia. En la Primera Guerra Mundial, aparecieron las maquinas de guerra motorizadas, debutaron las ametralladoras y las granadas, los tanques de guerra, los submarinos, los aviones y las armas químicas. Tal vez para compensar tanta barbarie para entonces ya habían forjado su obra espíritus superiores como Henri Dunant (1828-1910), fundador de la Cruz Roja y Florence Nightingale (1820-1910) creadora del cuerpo de enfermeras en los hospitales de campaña.

Para la Segunda Guerra Mundial los instrumentos de matar se perfeccionaron, pero más brutal fue la ideología que amparó su empleo: el fascismo que introdujo el extermino de pueblos y culturas enteras negando el derecho a existir a judíos, eslavos, gitanos, discapacitados, homosexuales y también a comunistas, socialistas y liberales; de haber triunfado, más adelante les hubiera llegado el turno a negros y asiáticos.

En aquella contienda el cerco de ciudades y el extermino de poblaciones civiles mediante brutales bombardeos fue practicado en una escala masiva tanto por los fascistas como por los aliados y apareció la más diabólica de todas las armas: la bomba atómica, empleada contra Hiroshima y Nagasaki. En dos guerra que sumadas duraron apenas ocho años, entre militares y civiles murieron no menos de 120 millones de personas de unos 60 países.

Aunque los arsenales nucleares crecieron desmesuradamente hasta alcanzar no menos de 20 mil bombas y proyectiles atómicos y varios países se sumaron al club nuclear, quizás por el horror de Hiroshima y Nagasaki, las grandes potencias no combatieron entre sí y las armas nucleares no han sido utilizadas. Lamentablemente no puede decirse lo mismo de la demencial actitud de bombardear instalaciones nucleares civiles. En la historia reciente se registran tres de esos bombardeos: dos fueron efectuados por Israel y uno por Irán.

Blancos nucleares

Con el fin de mantener su hegemonía militar en el Medio Oriente y Africa del Norte, Israel no sólo ha desarrollado su arsenal nuclear, sino que ha impedido que otros países hagan lo mismo, incluso que dispongan de reactores de uso civil.

Más allá de su doctrina militar basada en la superioridad sobre todos los países de la región, la lógica hegemónica sionista, absolutamente intransigente y en materia nuclear se sostiene en la premisa de que dondequiera que funciona un reactor se produce plutonio y existe la posibilidad de fabricar bombas atómicas. Todo reactor nuclear es para Israel un blanco potencial.

Esa es la razón por la cual impidió que Irak y Siria poseyeran reactores nucleares, cosa que no ha podido hacer respecto a Irán que cuenta con una planta electroatómica en funcionamiento (Bushehr), varios reactores de investigación e instalaciones para el enriquecimiento de uranio.

El primer bombardeo aéreo contra un reactor nuclear fue realizado por Irán que el 30 de septiembre de 1980 cuando, como parte de la guerra con Irak, lanzó dos cazas Phantom F-4 que utilizaron misiles contra el Centro de Investigaciones nucleares de Osirak en las inmediaciones de la ciudad de Tamuz cerca de Bagdad. Aunque ocasionó algunos daños, el ataque resultó fallido. El 7 de junio de 1981 con mejores medios y mayor eficacia, como parte de una sofisticada operación de bombardeo aéreo, la aviación de Israel completó la obra al destruir no sólo el reactor sino toda la obra.

Fuego sobre Siria

En la medianoche del 6 de septiembre de 2007, en la región siria de Dayr az Zawr, sobre una instalación nuclear en construcción, Israel llevó a cabo la operación de bombardeo mediante la cual redujo a escombros la obra civil que presuntamente albergaría un reactor nuclear suministrado por Corea del Norte.

Según se conoce, ocho cazabombarderos equipados con misiles aire tierra y bombas de 500 libras y una aeronave de inteligencia electrónica, apoyados por un comando terrestre infiltrado en las inmediaciones de la instalación y que, mediante equipamiento de rayos laser, marcó los blancos para los aviones, en apenas segundos destruyó el sueño sirio de acceder a la tecnología nuclear.

A diferencia de lo que pudiera ocurrir durante un ataque a Irán, es preciso anotar que las tres operaciones precedentes se llevaron a cabo contra objetivos nucleares en construcción; ninguno de los cuales estaba en operaciones ni albergaban ninguna cantidad de uranio o plutonio que no es el caso de la central nuclear, los reactores de investigación y las instalaciones de enriquecimiento de uranio que funcionan en el estado persa.

La pregunta del momento es si Israel tendrá la osadía de atacar instalaciones nucleares en servicio en las cuales existen cantidades de uranio y plutonio.

Luego les contaré lo que puede ocurrir si los reactores o los sistemas vitales de la central iraní de Bushehr en la costa del golfo Pérsico o la de Israel en el desierto de Néguev fueran bombardeadas provocando tragedias ante las cuales Chernóbil parecería una anécdota.

Mientras voces sensatas de estadistas y hombres de paz claman por evitar una confrontación que pone en peligro la existencia humana, el planeta es rehén de halcones y orates que tienen los dedos muy cerca de los gatillos y creen la quimera inventada por ellos mismos de que pueden ganar. Ojalá algo logre persuadirlos del error. Con las armas de hoy, no hay victoria posible, excepto la que se obtenga evitando la confrontación. Todavía hay tiempo. Allá nos vemos.

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