martes, 7 de febrero de 2012

Un viaje hacia las utopías revolucionarias (Parte XX): El cisma

Manuel Justo Gaggero (especial para ARGENPRESS.info)

Habían pasado varias semanas de aquél emotivo acto con el que se celebrara el 4º aniversario de la Revolución Cubana.

El diario “Gramma” anunciaba un inminente viaje de Fidel a la URSS, por una invitación del Kremlin.

Los dirigentes soviéticos estaban preocupados por la tirantez existente con el gobierno revolucionario de la Isla producto de las desavenencias surgidas en la llamada “crisis de los cohetes”, en octubre de 1962.

Nosotros seguíamos reuniéndonos con diferentes compañeros que no acordaban con el “enviado” del general Perón para acordar un funcionamiento orgánico común en el país, al mismo tiempo que discutíamos las bases programáticas de lo que luego sería la organización que integraríamos -Acción Revolucionaria Peronista- con la cuál participaríamos en el proceso político argentino.

Coincidíamos en la solidaridad con la Revolución Cubana, en el socialismo como meta de la acción revolucionaria y en la lucha armada como método para derrotar a las clases dominantes y al imperialismo.

Definido el peronismo como el “hecho maldito del país burgués” y reconociendo que, en el seno del mismo se libraba una verdadera lucha de clases entre la clase obrera y las burocracias sindicales y políticas que dirigían a este, entendíamos que debíamos desarrollar nuestra actividad en el seno de este, con independencia de su dirigencia.

Lo que generaba algunas polémicas era el rol del Líder. John William Cooke insistía en que debíamos aceptar sus conducción estratégica sin subordinar nuestras decisiones tácticas.

Al mismo tiempo debíamos lanzar a nuestro regreso una gran movilización con la consigna de que Perón era prisionero de Franco y de los Estados Unidos en España y que debía fijar su residencia en Cuba.

En relación con el núcleo de militantes que inicialmente formaron parte del contingente y que se habían alineado detrás de Villalón, si bien teníamos profundas diferencias con los mismos entendíamos que en algunos frentes podíamos coincidir.

Todas estas elaboraciones no podían ocultar que indudablemente el objetivo inicial de Alicia y John al convocarnos a integrar un Frente de Liberación que iniciara la lucha revolucionaria en el país, se había frustrado.

Que el final era una dispersión en diferentes grupos que reasumían su independencia orgánica.

En el balance había que tener presente que pese al voluntarismo de nuestros amigos y a la confianza que en ellos depositaba la dirigencia revolucionaria del primer país socialista de América, el reclutamiento había partido de premisas equivocadas.

Efectivamente, Alicia y John junto con César Marcos habían conformado los comandos “Coronel Perón” que trataron de unificar la Resistencia -1955 a 1958-.

Estos estaban integrados por compañeros con diferentes miradas ideológicas, unificados tras el objetivo de derrocar el gobierno contrarrevolucionario surgido el 16 de setiembre de 1955.

Al convocarlos a Cuba, surgió en algunos, inmediatamente, una postura macartista que se manifestó a su llegada a La Habana cuándo divisaron en el aeropuerto sendos retratos de Marx y Lenin.

Esta postura se agudizó cuándo estuvimos casi dos meses en el campamento, en las afueras de la capital habanera, sin desarrollar ninguna actividad, ya que pese a la buena voluntad los instructores cubanos no daban abasto para atender a contingentes de diferentes nacionalidades que se preparaban para desarrollar la lucha revolucionaria en sus países.

Esta situación agudizó los cuestionamientos hacia Alicia y John, haciendo evidente que no aceptarían la conducción de estos, ya que los veían con una posición demasiado alineada con el Che y Fidel.

Recuerdo que entre los convocados había un “gallego”,en realidad un vasco francés de apellido Sanz, que sentía una profunda simpatía por Franco y que muchos años más tarde integraría la Alianza Anticomunista Argentina, participando en el asesinato del periodista José Colombo en San Nicolás, en octubre de 1973.

Por supuesto que este era el que estaba mas a la “derecha”.

Villalón, por su lado, detectó, desde su llegada a la capital habanera, estas diferencias y como ostentaba el cargo de “Delegado” de Perón, logró encolumnar a los “disidentes” detrás de su propuesta; que difería con el pensamiento revolucionario de nuestros amigos.

En este escenario se empezó a preparar el regreso. Este primer intento -luego sabríamos que había otro similar pero con diferente composición- de generar un movimiento revolucionario se había frustrado.

Esta historia sigue porque nosotros, el grupo fiel a Alicia Eguren y a John William Cooke estábamos dispuestos a continuar en esta dirección y a llegar a acuerdos con otros compañeros, de la nueva izquierda, que estaba surgiendo en el país.

En la próxima veremos como empezamos a concretar posibles alianzas en el camino común.

Manuel Justo Gaggero es abogado, ex Director del diario “El Mundo” y de las revistas “Nuevo Hombre” y “Diciembre 20”.

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