viernes, 24 de febrero de 2012

Un viaje hacia las utopías revolucionarias (Parte XXII): La partida

Manuel Justo Gaggero (especial para ARGENPRESS. info)

Había pasado mas de un año desde aquél día que descendí del avión en el aeropuerto de La Habana, capital del primer país socialista de América.

En este verdadero “viaje iniciático”, formaba parte del proyecto de nuestros compatriotas Ernesto Che Guevara, Alicia Eguren y John William Cooke de conformar un Frente de Liberación que iniciara la lucha revolucionaria en la Argentina, integrado por peronistas, socialistas, marxistas y cristianos.

Tentativa frustrada por el sectarismo y la intolerancia que caracterizaban y caracterizan a la izquierda argentina.

Sin embargo y gracias a la generosidad de la dirigencia revolucionaria de este pequeño David que a 90 millas desafiaba al imperio más poderoso del mundo, recibimos entrenamiento y cursos que nos permitirían desarrollar la actividad en nuestra tierra.

Conocí, además, a verdaderos “hombres nuevos” que se autoconstruían, entendiendo que la lucha por una nueva sociedad supone, no sólo el cambio de las condiciones materiales y la supresión de la explotación, sino, fundamentalmente, una transformación del sujeto, para que, como decía el Che, “una revolución sea verdadera”.

Participé, escuchando y aprendiendo, en largas reuniones, en la casa del Comandante, o en el departamento de Alicia y John, en momentos de gran tensión, como fueron aquellos “días que conmovieron al mundo” en octubre de 1962, bautizados por la prensa internacional como “la crisis de los cohetes”.

Compartí, la frustrada iniciativa de Alicia y John de lograr que el General Perón se radicara en Cuba y se liberara de la España franquista y de la malsana influencia de Jorge Antonio.

En estos últimos días de aquél abril de 1963 sentamos, además las bases de la corriente que conformaríamos, en el seno del peronismo, al mismo tiempo que cerramos acuerdos políticos con compañeros de la nueva izquierda, surgida por la influencia que generara, en todo el Continente, la Revolución Cubana.

Al mismo tiempo tomamos contacto con latinoamericanos que en ese verdadero “campo de Marte”, como lo bautizara El “Vasco”, Angel Bengochea, se preparaban para iniciar la lucha insurreccional en sus países.

Entre los que recuerdo estaban, el que luego fuera el fundador del Frente Sandinista de Liberación Nacional de Nicaragua, Carlos Fonseca Amador, Ricardo Gadea que encabezara un movimiento guerrillero en el Perú y Gustavo Machado, secretario del Partido Comunista de Venezuela, que tenía serias diferencias con el pensamiento “reformista” de algunos partidos comunistas latinoamericanos.

A instancias de Alicia recorrimos a esa ciudad, que el poeta la describiera como “la París de Latinoamérica”, y vimos lugares sorprendentes como fue el cementerio Colón, el segundo en el mundo por sus obras escultóricas y arquitectónicas.

En la entrada se encuentra un monumento de mármol de Carrara de 34 metros de largo y 31 metros de altura en donde se representan las virtudes teologales de la caridad, la fe y la esperanza.

Inaugurado a finales del siglo XIX, su constructor el arquitecto español Calixto de Loira, fue el primero en ser inhumado en este.

Al caminar entre las tumbas nos encontramos con una estatua de Carlos Gardel, que refleja la adhesión que tiene el tango y este, su máximo exponente, en la nación cubana.

En ese momento recordamos que, por radio nacional, se trasmitía una hora de música rioplatense con comentarios realizados por un especialista, ya fallecido.

En estos paseos sentíamos nostalgia por lo que dejábamos, expectativa por lo que iba a ser nuestra existencia a partir de ese momento, e incertidumbre respecto, a que nos aguardaba en el país.

Para evitar que el retorno fuera detectado se acordó que viajaría vía Praga, en esta ciudad haría escala y luego en un vuelo de una línea suiza me trasladaría a San Pablo, Brasil, ingresando al territorio argentino por vía terrestre.

La noche anterior y como despedida, luego de que en La Habana Vieja saludara a una amiga cubana, Elisa Mainoldi Rodríguez, organizamos una cena especial en nuestra casa en el Vedado.

Además de Alicia y John y de los habitantes de la casa, Guido Agnellini, el “Negro” Miranda y Horacio -un rosarino del que no recuerdo su apellido-, y con gran sorpresa nuestra, se hizo presente el Che, con dos compañeros de su custodia.

La velada duró hasta altas horas de la noche, y al darme un abrazo y el compromiso de vernos en una Argentina liberada, con cada uno de los presentes, sentí que contraía un compromiso que no sabía si iba a poder cumplir, pero que me signaría toda la vida.

Al día siguiente me aguardaba, cuándo estaba amaneciendo, un jeep con un miliciano que me trasladaría al aeropuerto para iniciar el viaje de regreso, que será el tema de mi próxima nota.

Manuel Justo Gaggero es abogado, ex Director del Diario “El Mundo” y de las revistas “Nuevo Hombre” y “Diciembre 20”.

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