lunes, 12 de marzo de 2012

ANSES en disputa: El dilema de un organismo público multifuncional que hace de todo… un poco

Claudio Lozano

Con la fórmula de movilidad del Gobierno y con los aumentos otorgados, el 75% de los jubilados percibe haberes que solo le permiten comprar la mitad de la canasta de bienes y servicios que necesitaría. De este modo llevará 50 años que estos logren el poder adquisitivo que necesitan. Un jubilado de hoy cubrirá sus necesidades a los 121 años de edad.

En el presente informe, elaborado junto a Tomás Raffo, Ana Rameri, Agustina Haimovich y Mora Straschnoy, analizamos la fórmula de movilidad y da cuenta que la recomposición del haber con respecto a la canasta desde que opera la fórmula de movilidad ha mejorado a razón de 1,1 puntos porcentuales por año. De mantenerse dicho ritmo en el tiempo un jubilado “tipo” que actualmente gana el haber mínimo, necesitará esperar 50 años para cubrir la totalidad de la canasta, momento en el cual tendría 121 años de edad. Con lo cual, dichos incrementos apenas logran compensar los efectos de la inflación sin proponer ningún tipo de recomposición de los haberes jubilatorios. En otras palabras, el contexto deteriorado de haberes genera que el 17,62% que se aplicará desde marzo a los haberes vigentes significa para la mayoría de los jubilados y pensionados de la argentina sólo $8,40 más por día.

Además el informe (Ver Adjunto) contiene como ejes centrales, los límites a la fórmula de movilidad, la postergación general de los haberes jubilatorios y la controversia de un ANSES excedentario en un contexto socio-laboral y previsional deprimido. Según el informe, para el ANSES se suceden los resultados financieros positivos, se estiman para 2012 alrededor de $14.832,6 millones es decir que la fórmula de movilidad, lejos de generar el reparto genera excedentes que en lugar de atribuirlos al fin previsional los vuelca a otros fines como el pago deuda pública, infraestructura y el sostenimiento de negocios del sector privado.

Elementos extraídos del Informe Adjunto:

La fórmula de movilidad volvió a arrojar un nuevo incremento para la actualización de los haberes jubilatorios que regirá a partir de marzo del presente año. Las jubilaciones y pensiones crecerán en un 17, 62% y de esta manera la jubilación mínima pasará a ser de $1.687 y el haber medio estará en torno a los $2.100. Sin embargo, hay cuestiones que precisan ser destacadas para lograr una lectura acertada respecto de la fórmula y su contexto:

1) El nivel actual de haberes jubilatorios está muy por debajo de sustituir el poder de compra del salario por lo que no basta sólo con sostenerlo sino que es preciso recomponerlo. Si bien el último porcentaje de incremento de los haberes superó los aumentos previos, termina por diluirse ante una realidad que combina una estructura de haberes pobres y un persistente contexto inflacionario.

A Marzo del presente año con una canasta estimada para la Tercera Edad en torno a los $3.255,7, el haber mínimo cubrirá apenas la mitad de la canasta (exactamente 51,8%) y el haber medio representará sólo el 67% de ese valor.

La recomposición del haber con respecto a la canasta desde que opera la fórmula de movilidad ha mejorado a razón de 1,1 puntos porcentuales por año. De mantenerse dicho ritmo en el tiempo un jubilado “tipo” que actualmente gana el haber mínimo, necesitará esperar 50 años para cubrir la totalidad de la canasta, momento en el cual tendría 121 años de edad.

Mientras en el 2001 el 16,1% de los jubilados cobraban el haber mínimo, en el 2012 el 74,8% de los jubilados están en esta situación. Es decir, la mayor parte de los jubilados y pensionados percibe la mitad de los ingresos necesarios para satisfacer sus necesidades.

El contexto deteriorado de haberes genera que el 17,62% que se aplicará desde marzo a los haberes vigentes significa para la mayoría de los jubilados y pensionados de la argentina sólo $8,40 más por día.

El aumento nominal del 17,62% implica un aumento real de apenas el 8,4% al considerar la evolución de precios del período. Asimismo si se compara en términos reales el aumento entre septiembre 2011 y agosto 2012, el mismo habrá prácticamente desaparecido al pasar a ser de apenas el 0,4%.

En concreto, se puede concluir que los incrementos otorgados por la fórmula de movilidad apenas logran compensar los efectos de la inflación sin proponer ningún tipo de recomposición de los haberes jubilatorios.

2) A pesar de que la fórmula de movilidad venga arrojando incrementos para las jubilaciones similares o superiores a los salarios, la misma no garantiza la continuidad de este comportamiento ya que su diseño tiene como fin último garantizar excedente luego de pagada la movilidad. La forma de realizar este excedente es mediante la elección del menor resultado que arroje dos fórmulas posibles de ser pagadas que, según el contexto, fija un techo por encima o por debajo a la evolución de los haberes jubilatorios con respecto a los salarios. En términos concretos, si los recursos que recauda el sistema de seguridad social por beneficio crecen por debajo de la evolución salarial entonces el aumento de haberes jubilatorios será inferior que el verificado para los salarios. Escenario éste que resulta más acorde con el contexto actual siendo que la perspectiva de recaudación récord no es eterna y la informalidad laboral pone límites presentes y futuros en cuanto al financiamiento del sistema y sugiere la necesidad de futuras moratorias para ampliar la cobertura a adultos mayores que, en esquema previsional vigente, no tienen posibilidad de acceso. Lo que aquí en apariencia se presenta como un principio de sustentabilidad del sistema, por supeditar los resultados de la movilidad a los recursos, puede ser también leído como un mecanismo que permite reproducir en el nivel de los haberes la necesidad de generar excedente en la ANSES con el fin de sortear la actual crisis fiscal del Estado Nacional.

La fórmula de movilidad no está sólo en función de las remuneraciones sino que incorpora a la recaudación como elemento central: en la medida en que la tasa de crecimiento de los recursos medios totales (en función de la cantidad de recursos por jubilación puesta al pago) del régimen previsional supere a la resultante de los salarios (aunque también combinada con los recursos tributarios medios), continuará la movilidad acorde a los ingresos de los trabajadores; de otro modo, no lo hará y quedará supeditada a las limitaciones fiscales.

El diseño de la fórmula no sólo toma en cuenta los recursos sino también la evolución de la cantidad de jubilaciones y pensiones puestas al pago generando caídas abruptas en los resultados de la fórmula si se realizan medidas inclusivas al sistema previsional.

Para la ANSES se suceden los resultados financieros positivos: para el año 2011 se verificó un superávit por $22.699 millones y para el año 2012, previendo un nuevo aumento de la movilidad en septiembre y un aumento en las asignaciones familiares estimamos un superávit de nada menos que $14.832,6 millones.

Es decir que la fórmula de movilidad lejos de generar el reparto genera excedentes que en lugar de atribuirlos al fin previsional los vuelca a otros fines como el pago deuda pública, infraestructura pública y el sostenimiento de negocios del sector privado –ej. Automotrices entre otros-.

Sin embargo, la presencia de tales excedentes fiscales convive con restricciones económicas que limitan la capacidad de recaudación del sistema público de reparto:

1) El sostenimiento de la reducción de las contribuciones patronales realizado en los ´90: Esta medida generaría recursos anuales de no menos de $60 mil millones, prácticamente cuatro veces más que el superávit fiscal.

2) El persistente y elevado nivel de informalidad laboral: La tasa de informalidad laboral promedio para el período iniciado en el 2003 hasta el año 2010 fue de nada menos que del 41,2% y al 2011 continúa en un nivel alto, en torno al 34%. A través de esta restricción no sólo se puede aprehender los límites fiscales del sistema previsional vigente sino que también se lee claramente el problema futuro del sistema previsional argentino. En nuestro país hay nada menos que 8,6 millones de argentinos que no podrán jubilarse en el marco de la ley vigente.

3) El bajo nivel del salario de la economía: El esquema productivo actual en el marco de relaciones sociales vigente sostiene un sistema económico de baja productividad que se expresa directamente en una media salarial deprimida que reproduce sus efectos, no sólo en la vida activa sino también, en la vida pasiva de la población.

Sin embargo, la agenda oficial pareciera postergar la necesidad de efectuar un replanteo integral y sortea el impacto del deterioro laboral sobre el régimen de previsional a través de:

La búsqueda de financiamiento a partir de los recursos tributarios: actualmente superan en más del 40% el total de los recursos recaudados por ANSES.

Sin embargo, al contrastar la necesidad de financiamiento producto de las nuevas prestaciones o finalidades que asumió ANSES en los últimos años ($107 mil millones) con el volumen de ingresos tributarios ($98.270 millones) se verifica que le restaría $8.699 millones para cubrir los gastos por las nuevas prestaciones y destinos que tiene actualmente ANSES verificándose entonces que la asistencia termina siendo desde ANSES a la caja del Tesoro Nacional y no al revés, como suele decirse. Por lo tanto, la asistencia real del tesoro a las jubilaciones es menor que la comúnmente se expresa ya que sostiene un organismo que ha diversificado ampliamente sus objetivos y que como consecuencia precisa incluso de más recursos para evitar que tal multifuncionalidad no derive en postergar uno de los principales fines, la atención a la población adulta mayor.

Mediante la aplicación de una fórmula de movilidad que sostiene una estructura de haberes deprimida al tiempo que garantiza excedente para financiar la política económica del gobierno nacional:

- Postergando la recomposición de los haberes jubilatorios mediante el incumplimiento los fallos judiciales de las Corte Suprema de Justicia de la Nación, como los casos Sanchez y Badaro.

3) Por último, los anuncios de los incrementos, hasta el momento, no están siendo acompañados de una justificación concreta sobre el comportamiento de cada una de las distintas variables que compone la fórmula de movilidad con el fin de cotejar los resultados alcanzados. Por lo tanto, más allá de los resultados obtenidos el pobre nivel de transparencia de la misma abre interrogantes respecto a los futuros aumentos y acerca de la veracidad de los anunciados.

El diseño de la fórmula puesta en marcha en el 2009 desengancha la evolución de las jubilaciones de los salarios escindiendo la relación sustitutiva que debiera ser sostenida y la supedita a la dinámica de los recursos y a la cantidad de jubilaciones puestas al pago cuestión que, según la coyuntura por la que se atraviesa, puede tener mejores o peores resultados.

A comienzos del presente año la fórmula de movilidad volvió a arrojar un nuevo incremento para la actualización de los haberes jubilatorios. A partir de marzo las jubilaciones y pensiones crecerán en un 17, 62%, de esta manera la jubilación mínima pasará a ser de $1.687 y el haber medio estará en torno a los $2.100.

Desde marzo del año 2009 hasta ahora los incrementos por la fórmula de movilidad llevan acumulado un aumento del 144,48% de los haberes como resultado de una dinámica interanual ascendente: el año 2009 culminó con un incremento total de 19,89%, el 2010 con un 26,5% y el año 2011 ubicó un nuevo récord con un incremento del 37%.

Del cuadro siguiente se puede comprobar que en general los aumentos que resultan de la aplicación oficial de la fórmula presentada en la Ley de Movilidad tienen relación con la evolución de los índices salariales con excepción del año 2011 durante el cual el incremento de las jubilaciones estuvo muy por encima de las variantes que miden la evolución de las remuneraciones (incluso al considerar duplicadas las estimaciones que llegan a junio 2011).

Como primera consideración podríamos suponer que el objetivo de sostener la tasa de sustitución del haber jubilatorio sobre el nivel general de los salarios se cumple con estos resultados. Sin embargo, hay cuestiones que introducen reparos a esta conclusión:

1) El nivel actual de haberes jubilatorios está muy por debajo de sustituir el poder de compra del salario por lo que no basta con sostenerlo sino que es preciso recomponerlo. Si bien el último porcentaje de incremento de los haberes superó los aumentos previos, termina por diluirse ante una realidad que combina una estructura de haberes pobres y un persistente contexto inflacionario.

2) A pesar de que la fórmula de movilidad venga arrojando incrementos para las jubilaciones similares o superiores a los salarios, la misma no garantiza la continuidad de este comportamiento ya que su diseño tiene como fin último garantizar excedente luego de pagada la movilidad. La forma de realizarlo es mediante la elección del menor resultado que arroje dos fórmulas posibles de ser pagadas que, según el contexto, fija un techo por encima o por debajo a la evolución de los haberes jubilatorios con respecto a los salarios. En términos concretos, si los recursos que recauda el sistema de seguridad social por beneficio crecen por debajo de la evolución salarial entonces el aumento de haberes jubilatorios que arroje la fórmula, otorgará un aumento inferior que el verificado para los salarios. Escenario éste que resulta más acorde con el contexto actual siendo que la perspectiva de recaudación no es eterna y el problema de la informalidad laboral pone límites presentes y futuros en cuanto al financiamiento del sistema y a la necesidad de futuras moratorias para ampliar la cobertura a adultos mayores que, en esquema previsional vigente, no tienen posibilidad de acceso. Lo que aquí en apariencia se presenta como un principio de sustentabilidad del sistema, por supeditar los resultados de la movilidad a los recursos, puede ser también leído como un mecanismo que permite reproducir en el nivel de los haberes la necesidad de generar excedente en la ANSES con el fin de sortear la actual crisis fiscal del Estado Nacional.

3) Por último, los anuncios de los incrementos, hasta el momento, no están siendo acompañados de una justificación concreta sobre el comportamiento de cada una de las distintas variables que compone la fórmula de movilidad con el fin de cotejar los resultados alcanzados. Por lo tanto, más allá de los resultados obtenidos el pobre nivel de transparencia de la misma abre interrogantes respecto a los futuros aumentos y acerca de la veracidad de los anunciados.

Claudio Lozano es diputado nacional, por el Frente Amplio Progresista.

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