martes, 20 de marzo de 2012

Argentina, Mendoza: Las armas que matan hoy se empezaron a cargar hace 36 años

Alejandro Frias (MDZOL)

Mala semana para pedir, ante un asesinato, el regreso de los milicos. Por supuesto que ese tipo de pedidos caen, a esta altura, en saco roto. Ya Menem (fue presidente dos veces, ¿lo recuerdan? Gracias al voto cuota) se encargó de desmantelar las fuerzas armadas y quitarles el poder. Pero da lástima que una sociedad que vivió una de las dictaduras más sangrientas de Latinoamérica no haya aprendido nada.

Pedir que vuelvan los milicos, en la semana en la que se cumple otro aniversario del golpe de Estado de 1976, más allá de que es una antigüedad, lleva consigo mucho, mucho peligro, porque nunca falta el pretendido mesías que puede aparecer para traer soluciones mágicas, absurdas e insuficientes. Y esos son los mismos mesías que, paradójicamente, son los que nos han traído hasta donde estamos.

Que quede claro para ustedes, nostálgico de las botas, retrógrados que no entendieron nada en la historia del país, incapaces del razonamiento, nefastos y oscuros pedidores de manos duras: las armas que mataron a Emanuel, a Rosa Baigorria (quien vivía en un barrio construido para trasladar a los pobres durante el Mundial 78) y a tantos más se empezaron a cargar hace 36 años por las mismas manos que ustedes llaman ahora a que vengan a solucionar el problema.

Ya está más que demostrado que el gobierno militar encabezado por Videla en 1976 utilizó la excusa de la limpieza del país de los sucios trapos rojos para justificar la implementación de medidas económicas dictadas desde el exterior y que comenzaron a hundir el país, en un proceso que tuvo su punto crítico el 20 de diciembre de 2001.

Ese proceso que pretendía reorganizar el país, ese que ustedes llaman ahora a que venga a acabar con todo, generó una deuda externa a partir de la deuda privada de cuatro gatos locos que consiguieron plata prestada de entidades extranjeras y que luego trasladaron a la gente, a ustedes también, reclamantes de la cachiporra y la picana.

La pobreza que hoy tenemos no se soluciona con planes sociales, pero es consecuencia de un proceso económico que se consolidó con los seis años de gobierno militar. Y ahora nuestros niños, nuestros jóvenes y nuestros adultos mueren en las calles, pero oír que aún quedan retrógrados que piden el regreso de los militares da bronca, da más bronca que la propia muerte, porque los milicos no sólo torturaron y desaparecieron a decenas de miles de personas, sino también porque fueron esas políticas económicas las que han seguido matando durante tres décadas.

Pidamos justicia. Pero que sea justicia.

Reclamemos a los gobernantes. Presionémoslos, exijámosles que hagan cumplir la ley, y utilicemos la cabeza de esos otros pibes, de los que llegaron a la plaza de Maipú después de los disturbios pero no para pedir estupideces, sino para hacerles ver a los gobernantes que no alcanza con planes sociales, sino que también hace falta trabajo, educación y un pueblo que aprenda de las lecciones de la historia.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.