lunes, 12 de marzo de 2012

Colombia: Petro está confundido

Octavio Quintero (especial para ARGENPRESS.info)
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Lo traiciona el ego. Y quien, analizando un efecto, confunde la causa, está perdido.

1) La causa de la protesta contra Transmilenio no es Petroni su gobierno, porque ni es la primera ni será la última, esté o no esté él en el gobierno.

2) El efecto tampoco es acabar con Transmilenio sino con el ícono de un régimen imperante que nos tiene a todos indignados, desde Wall Streat a Madrid, Atenas e intermedias.

Esta confusión de Petro deja la impresión de que quiere convertir todos los problemas sociales de Bogotá en un problema de tipo político y personal contra su administración. Y eso, no solo es un concepto sesgado sino peligroso. Porque una cosa son las protestas de tipo social, por más violentas que sean, y otras son las de tipo político y personal, por más pacíficas que resulten: las primeras expresan un descontento general con el régimen o el modelo imperante; las segundas, solamente con el partido y su gobernante de turno. La protesta social busca tumbar el régimen; la protesta política busca solo la alternativa de gobierno mediante el desprestigio del partido y de sus representantes en el gobierno.

Y resumiendo todo lo anterior, una cosa es el régimen y otra el gobierno: cuando se ataca un régimen, es siempre por cuestiones ideológicas, éstas que expresan siempre principios fundamentales de orden económico, social y ambiental (principalmente); cuando se ataca un gobierno, aunque en la crítica se encuentren visos de lo primero, casi siempre va dirigida a la persona o al partido. Todo porque dentro de un mismo régimen caben varios matices; pero no puede contener un mismo régimen, o ideología para ser exactos, otro régimen u otra ideología.

En este orden de ideas, las protestas que se vienen dando en Bogotá, hoy desde Transmilenio y mañana desde cualquier otro lugar de Bogotá, no son contra Petro ni su incipiente partido “Progresistas”, sino contra un régimen (un modelo: el neoliberalismo) que nos tiene a todos indignados.

Petro, emulando a Santos en Necoclí, en Antioquia, podría acompañar las protestas de los capitalinos desplazados y despojados de sus hábitats y medios de producción, si empezara por entender que el problemas no es él sino el régimen y nos enviara el mensaje de que lo están atacando, no por ser Petro, sino porque precisamente quiere tumbar el régimen.

“Venga esa mano país”, le diría desde su holocausto, Bernardo Jaramillo.

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