viernes, 30 de marzo de 2012

Comandos norteamericanos en Somalia y Pakistán, ¿"ensayos" en pequeño formato?

Antonio Paneque Brizuela (PL, especial para ARGENPRESS.info)

Una reciente operación comando para liberar a rehenes occidentales en Somalia estimuló el interés de analistas respecto a una suerte de minimización de ataques estadounidenses en el extranjero.

Distintas fuentes coincidieron en que ese tipo de acción mediante "supersoldados" en el país africano integrará en lo adelante una filosofía global de menos recursos para alcanzar "ciertos" objetivos militares de Estados Unidos.

Se trata de lograr esos propósitos con pocos hombres y sin grandes gastos que, aunque casi nunca importan mucho cuando se trata de "eliminar" al enemigo, afectan al ya no tan pasivo y anodino "contribuyente" norteamericano.

El rescate a fines de enero de la estadounidense Jessica Buchanan y el danés Poul Thisted, ambos especialistas en desminado, alimentó tesis y teorías sobre esa institucional "economía de medios".

El entusiasmo de estudiosos y expertos militares llegó al clímax cuando comprobaron que el grupo empleado en la localidad norteña somalí de Galcayo fue el mismo que mató a Osama Bin Laden en Pakistán en mayo del año pasado.

La acción-relámpago promovió asertos y especulaciones respecto a que el nuevo uso de los mismos comandos de siempre cuenta con un creciente respaldo del alto mando estadounidense.

Pero lo novedoso no es ni el "método" ni las también llamadas tropas SEALs de la Marina de Guerra, sino los fines estratégicos con que se les piensa utilizar ahora en el resto del mundo.

Tesis sobre "economía de medios"

En un artículo titulado "Rescate en Somalia indica futuras acciones de comandos de Estados Unidos", los periodistas estadounidenses Kimberly Dossier y Robert Burns actualizan anteriores enfoques sobre el asunto.

Los analistas de la Associated Press (AP) coinciden en que "el asalto del comando especial de la Armada estadounidense en Somalia es representativo de la nueva política del gobierno de Barack Obama".

Dossier y Burns, recuerdan en su artículo un anterior compromiso de Obama sobre "una fuerza militar más pequeña y ágil, capaz de realizar operaciones contraterroristas quirúrgicas para golpear a un enemigo". Los reporteros observan las ventajas de esas operaciones en comparación con el despliegue de las invasiones a Irak y Afganistán, "que le han costado a Washington tanta sangre y recursos durante el decenio pasado".

"El contraste con una invasión es claro: un comando pequeño y audaz asalta un campamento pirata en una noche oscura, mata a nueve secuestradores y se lleva a los rehenes a puerto seguro", añaden los periodistas de AP.

La forma en que ocurrieron los hechos en Somalia parece darles la razón a Dossier y Burns, pues el operativo solo duró algo más de 60 minutos y encontró escasa resistencia entre los secuestradores.

Los comandos descendieron en paracaídas desde helicópteros Black Hawk del ejército y avanzaron a pie hasta el campamento. Se dice que un secuestrador disparó y fue sometido. No hubo prisioneros.

Algo mejor que invasiones

Dossier y Burns convienen en que se espera para los próximos años nuevos anuncios oficiales de Washington sobre mayores inversiones respecto a esos equipos de tropas especiales.

Las fuerzas entrenadas para misiones clandestinas -explican- han adquirido mayor prominencia desde los ataques del 11 de septiembre de 2001, que fueron tomados como pretexto para desatar la guerra aún en curso en Afganistán.

Para concederles a sus afirmaciones un carácter más diverso, cosmopolita y hasta científico, los autores revelaron aportes de otros colegas destacados en distintas latitudes:

"Los periodistas de The Associated Press Lolita Baldor y Julie Pace en Washington; Jason Straziuso y Katharine Houreld en Nairobi, Kenia; y Jan M. Olsen en Copenhague" -dicen- contribuyeron a este trabajo".

Con ese apoyo de sus colegas, los gestores de esta suerte de "artículo-estudio" citan a "dos fuentes estadounidenses que hablaron bajo la condición de anonimato "por tratarse de una misión secreta" para concluir que "Después de planes y ensayos, el Equipo SEAL 6, cuyo nombre oficial es Grupo Naval de Desarrollo de Operaciones Especiales, realizó el rescate en Somalia".

Otros analistas estiman que las misiones SEALs ayudan "a amortiguar el golpe" de los recortes para gastos de defensa solicitados por la Casa Blanca.

Pero lo sí innegable es la buena sensación que generan esas acciones exitosas en la opinión pública estadounidense, en contraposición con las bajas constantes, por ejemplo, en Afganistán.

¿Cuál será la próxima misión?

El Comando de Operaciones Especiales se creó en los años ochentas tras el fallido intento de rescate de los rehenes estadounidenses retenidos en la embajada de ese país en Irán.

El concepto de entonces se basaba en una tarea muy específica en cuanto a la protección de ciudadanos estadounidenses en el extranjero, sobre todo aquellos con vínculos con el Gobierno.

El objetivo no tiene porqué haber cambiado, pero la acción de Washington hacia el exterior sí evolucionó después del 11 de septiembre hacia un mayor protagonismo de esos pequeños grupos comandos contra entes "terroristas".

Esa estrategia invasiva en gran escala llevó a implementar operaciones con el pretexto de capturar y ajusticiar a enemigos como Bin Laden y Saddam Hussein.

Pero a Bin Laden no lo mató una invasión, sino un comando especial. Entonces ¿cuáles serán ahora las misiones de los halcones-SEALs y en qué "oscuro rincón"?

La respuesta (o al menos parte de ella) la ofrece el jefe del Comando de Operaciones Especiales de Estados Unidos (Ussocom, en inglés), cuyo nombre no fue revelado, aunque sus declaraciones recorrieron el mundo hace unos días:

Las fuerzas especiales (SOF, en inglés) que rastrearon y mataron a Osama Bin Laden en Pakistán, tendrán mayor agilidad, rapidez y flexibilidad para expandir sus operativos a otras zonas de América Latina, Asia y África

Regiones hasta ahora donde sus actividades habían sido limitadas, pues debían pasar por las vías de aprobación que exige el Pentágono, el nuevo panorama de acción en ellas encaja con la nueva doctrina de Defensa de Estados Unidos.

Los "tipos" más duros del mundo

Los comandos Navy SEALs son una sección de élite de la Marina de los Estados Unidos cuya preparación, destinada según sus instructores a "la guerra más sucia posible", pocos pueden lograr y muchos menos terminar.

El término SEAL es un acrónimo de Sea, Air and Land (mar, aire y tierra), ya que un comando bajo ese nombre tiene que estar preparado para operar (lo que casi siempre significa "matar") en cualquiera de esos tres espacios ambientales.

Los instructores de esa fuerza la califican como "el cuerpo de operaciones especiales más duro del mundo", para la lucha contra guerrillas y grupos terroristas.

Un candidato a comando SEAL debe pasar ocho meses en un campo de entrenamiento de la Isla Coronado, en San Diego, cuya sigla en inglés lo explica todo: BUD (Basic Underwater Demolition, o en español Demolición Submarina Básica).

Entre las divisas que se les inculca a los reclutas hay una principal: "El dolor es temporal. El orgullo dura toda la vida".

El entrenamiento en Isla Coronado tiene tres fases con una duración de 10 semanas cada una y, antes de terminar la primera, el 95 por ciento de los candidatos ya ha renunciado o ha sido expulsado.

Se enseñan técnicas de navegación a ciegas, colocación de explosivos marinos y terrestres, manejo de todo tipo de armas y trucos para el camuflaje. Antes de ganar el símbolo de legítimo SEAL, el distintivo dorado conocido como Budweiser, el recluta, que tiene que ser varón de hasta 28 años, cumplirá durante seis meses otras pruebas.

Entre esos requisitos figuran nadar mil metros en menos de 12 minutos, correr tres kilómetros en menos de 11 minutos y vencer criterios superiores de buceo a pulmón libre, agudeza visual, presión arterial y volumen pectoral.

Los primeros SEALs se remontan a 1943, durante la Segunda Guerra Mundial, con las Unidades de Combate y Demolición de la Armada (Navy Combat Demolition Units, o NCDU) para "limpiar" playas y crear zonas libres para el desembarco.

La idea de crear ese cuerpo dentro de la Armada estadounidense surgió en 1960, porque ya los demás cuerpos militares tenían sus grupos élites.

Según documentos revelados después, el fracaso estadounidense en 1961 en la cubana Bahía de Cochinos, llevó al presidente John F. Kennedy a la creación de una fuerza de choque exclusiva.

En 1962 fueron fundados dos grupos especiales SEALs (uno para el Pacífico y otro para el Atlántico) con una orden tajante: "Ser seleccionados cuidadosamente bajo el criterio de la mayor agresividad y determinación".

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.