lunes, 26 de marzo de 2012

El capitalismo por dentro (Parte V)

Alejandro Teitelbaum (especial para ARGENPRESS.info)

Las crisis

En pocos años los productos financieros derivados (futuros, opciones, forwards, swaps, etc.) con fines especulativos o supuestamente destinados a cubrir riesgos se multiplicaron exponencialmente y su monto de hizo astronómico y totalmente despegado de la economía real. Todos esos productos financieros circulan, en los hechos, como moneda, de manera que el papel de la moneda de representar los valores creados en el proceso de producción se ha distorsionado totalmente, pues la relación entre los valores reales creados en el proceso productivo y los ficticios que circulan en el mercado financiero es del orden de entre 10 a 1 y 20 a 1, según diferentes estimaciones.

Existe una sensación de euforia económica y circulan slogans tales como “¿qué espera para hacerse rico?”, hasta que, inevitablemente, estalla la crisis.

Es en ese marco que se producen las crisis financieras, como la que comenzó en 2007 y estalló a escala planetaria en 2008, que son diferentes de las crisis cíclicas clásicas del capitalismo en las que, después de un período más o menos largo de crecimiento económico, la producción sobrepasa las posibilidades del mercado (sobreproducción).

Esta modalidad especial de crisis fundamentalmente financieras no son crisis de sobreproducción pero producen graves “efectos colaterales” sobre la industria y el comercio.

Estas crisis tienen como centro de gravitación el capital-dinero y que, por tanto, se mueven dentro de la órbita de los Bancos, de la Bolsa y de las finanzas. Aunque las consecuencias son similares: las empresas quiebran, los despidos se generalizan, aumenta la desocupación y se acentúa la concentración monopolista hasta que le economía se recompone sobre los escombros de la crisis que deja un tendal de víctimas entre los trabajadores y los empresarios.

Los actuales choques financieros, dice Chesnais (La mondialisation financière, François Chesnais, editor, ed. Syros, Paris, 1996, Cap. 8) son el resultado de una configuración específica del capitalismo en su etapa actual. No es el resultado, como en las crisis capitalistas “clásicas” hasta mediados del siglo XX, de una caída brutal de la producción y del comercio.

Se estaría en presencia -sigue diciendo Chesnais- de una interacción particular entre la esfera de la producción y la esfera de las finanzas. Por un lado existe una disminución regular y durante un largo período de la tasa de crecimiento en los países más industrializados, que se puede describir como una sobreproducción crónica que los grandes grupos oligopólicos logran por lo general controlar con medidas en la esfera de la producción e hipertrofiando la esfera financiera.

Dicho de otra manera: si la producción no aumenta a un ritmo elevado y el desempleo aumenta, la tasa de ganancia que obtienen los capitalistas en la esfera de la producción tiende a estancarse o a disminuir y si la gente se empobrece (desocupación y salarios congelados) consume menos, es decir que el mercado, donde los capitalistas realizan el beneficio, se achica.

La “solución” capitalista a estos dos problemas (descenso de la tasa de ganancia y amenaza de crisis de sobreproducción por achicamiento del mercado consumidor) consiste en la hipertrofia y desregulación del sistema financiero que les permite, por un lado, despojar a los trabajadores y a los pequeños ahorristas en la esfera financiera compensando así el descenso de la tasa de ganancia en la esfera productiva y, por otro lado, expandir enormemente el crédito a fin de crear un poder adquisitivo artificial en las clases más modestas que viven endeudadas y se endeudan cada vez más.

Hasta que no pueden responder por sus deudas y en ese momento las “soluciones” capitalistas a las contradicciones inherentes al sistema dejan de funcionar y se producen las crisis financieras, porque el sistema real, es decir la esfera de la producción y del intercambio y su contradicción fundamental (la apropiación privada en forma de plusvalía que se interpone entre la producción social y el consumo social) resurge: se acaba el espejismo de la prosperidad y los pobres están más pobres que antes.

Se suceden las reuniones de los principales “líderes mundiales” con el objetivo proclamado de aportar soluciones para superar la crisis pero en realidad con el doble propósito de distraer a la opinión pública mundial con un show demagógico y ponerse de acuerdo sobre algunas medidas destinadas a preservar al sistema y, dentro de él, la hegemonía del capital financiero parasitario.

Y relanzar la gran farsa del supuesto control de los paraísos financieros.

En cuanto al control de los paraísos financieros, la famosa “lista negra“(ahora de diferentes tonalidades) de paraísos fiscales fue elaborada por la OCDE hace diez años y no sirvió para nada. La razón es muy simple: buena parte de los paraísos fiscales (que no figuran en las listas) están en territorio de las grandes potencias o controlados por éstas: la City de Londres, la isla de Jersey, la isla de Man, el Estado de Delaware en Estados Unidos, Mónaco, Macao, Hong Kong, las islas Caimán, etc.etc. Y quienes se sirven de los paraísos fiscales son las grandes empresas transnacionales, los grandes bancos y sus clientes y los grupos financieros, que son intocados e intocables. Además, la “lista negra” o “gris” es como una puerta giratoria. Así como se entra se sale. Según un autor, el profesor Michael Krätke (Paraísos fiscales. Publicado por Sin Permiso http://www.sinpermiso.info/textos/index.php?id=1716. 2 de marzo de 2008.) se estima que los más ricos tienen alrededor de un 30% de su patrimonio colocado en plazas financieras offshore. Más de un quinto (23%) de todos los depósitos bancarios del mundo se halla en los paraísos fiscales, al menos 3 billones de dólares según cálculos conservadores. Casi el 50% de las transacciones financieras transfronterizas mundiales pasan por ellos. Dice Krätke que de acuerdo con los cautelosos análisis del Tax Justice Network, los capitales disimulados en los paraísos fiscales evaden impuestos por un monto de entre 250 y 300 mil millones de dólares cada año.

Es una buena parte del dinero que falta para reactivar la economía, aumentar el poder de compra de los más pobres y en general para mejorar la situación de las 3000 millones de personas que viven en el mundo con menos de 2,5 dólares por día.

Como señaló recientemente Eva Joly, más que controlar a los paraísos fiscales habría que controlar directamente las finanzas de las grandes empresas, los grupos financieros y los bancos que los utilizan.

Eva Joly, que fue hasta 2002 jueza de instrucción en Francia a cargo de la investigación de grandes “affaires” y renunció a causa de las presiones políticas que recibió destinadas a trabar su acción, escribió: “...yo pensaba que estábamos ante una criminalidad superficial, marginal, accidental, una especie de falta de moral individual. Hoy tengo la certidumbre de que la criminalidad financiera está incrustada en la economía y que ensombrece nuestro porvenir” (nuestro el subrayado) (Eva Joly, Notre affaire à tous, Ed. Les Arènes, Paris, junio 2000, pág. 183).

Las crisis financieras no son una enfermedad curable del capitalismo, que se deben a la irresponsabilidad de los gestores de las finanzas (aunque las operaciones riesgosas de los “traders” y de sus patrones contribuyen a su agravación): son parte estructural del capitalismo en su etapa actual, mundializado y totalmente privatizado en la esfera de la producción y de las finanzas, con las clases dirigentes y gobernantes totalmente a su servicio.

Los líderes políticos no tienen el interés ni la posibilidad de restablecer los criterios económicos y las formas de regulación (muy limitados) que existieron en la inmediata posguerra. A pesar de que ahora no cesan de denostar contra la desregulación financiera (que ellos mismos promovieron y consintieron) y preconizan y practican el intervencionismo estatal, como es el caso de la estatización parcial (y temporaria) de General Motors. Intervencionismo que dura hasta que las aguas financieras vuelven a su cauce y todo se reprivatiza, para mayor gloria y beneficios del capital monopolista.

La función de los líderes políticos se limita en lo esencial a engañar e intentar calmar a la opinión pública y a poner todos los recursos del Estado (es decir las riquezas creadas por el trabajo humano) al servicio del capital financiero y de la preservación del sistema.

Como escribió Galbraith refiriéndose a la crisis del 29: “Entonces como ahora, la intervención del Estado para ayudar a esas instituciones (Bancos y otras instituciones financieras) era aceptable. A diferencia de la ayuda a los pobres para los gastos sociales, no se veía en ello una carga financiera” (Galbraith, John K., Voyage dans le temps économique, Editions du Seuil, Paris, octubre 1995, Cap.8 (La grande depression).

Otras formas que permiten al capital financiero transnacional apropiarse en forma parasitaria del fruto del trabajo ajeno, es decir sin intervenir en el proceso productivo, son la privatización de la seguridad social, de la que se han hecho cargo fondos privados de pensiones, la sustitución de parte del salario o de otras remuneraciones de que es acreedor el personal de las grandes empresas por acciones o por opciones sobre acciones de la misma empresa (stock-options), etc., que son distintas formas de robar o estafar, como dicen los economistas Labarde y Maris (La bourse ou la vie, la grand manipulation des petits actionnaires, edit. Albin Michel, Paris, mayo 2000).

El capital financiero, además de estos mecanismos “legales” destinados a obtener una tajada cada vez mayor de los valores creados en la esfera productiva, se apropia directamente de los bienes de los trabajadores, jubilados y pequeños ahorristas, cometiendo verdaderas estafas.

Por ejemplo en Estados Unidos, el gigante transnacional de la energía Enron se declaró en quiebra reconociendo una deuda de 40 mil millones de dólares y dejó en la calle a su personal (12000 personas), al que, por añadidura, despojó del capital previsional de su jubilación, invertido en acciones de la propia empresa. En otras quiebras de grandes bancos o grupos financieros transnacionales, miles de pequeños ahorristas han visto evaporarse el fruto de muchos años de esfuerzos e incluso de privaciones.

Después de Enron se sucedieron otros casos similares como el de WorldCom y resultaron implicados los dos más grandes bancos estadounidenses: Citygroup y JP Morgan Chase.

En el caso de WorldCom, un pequeño ahorrista que en marzo de 2000 compró 10.000 dólares en acciones se encontraba en julio de 2002 con que sus acciones valían sólo 200 dólares (Despacho de AFP del 21/07/02).

Una situación similar se produjo también en algunas transnacionales basadas en otros países, como Vivendi y otras en Francia. La acción de Vivendi llegó a cotizarse a 141,60 el 10 de marzo de 2000 y valía sólo 9,30 el 16 de agosto de 2002.

En síntesis, el capital financiero transnacional está funcionando como una bomba aspirante de las riquezas producidas por el trabajo (es decir en la esfera de la producción de bienes y servicios) a escala mundial, riquezas que de esta manera se concentran en pocas manos y en ciertas regiones del planeta.

De modo que a la tradicional expropiación del fruto del trabajo que practica el capital en la esfera de la producción (obtención de plusvalía), se ha venido a sumar la que realiza el capital financiero especulativo sin participar en dicho proceso.

El pago de la deuda externa (real o supuesta) por parte de numerosos países –que no son todos “periféricos” como ocurría hasta hace poco - contribuye en no poca medida a alimentar la caja del capital financiero transnacional.

Cabe señalar al respecto que los préstamos a los Estados y/o la compra de las deudas públicas son inversiones seguras y muy fructíferas para el capital financiero, con tasas de interés a menudo muy elevadas. Si la deuda externa ha sido primero un útil para la colonización y luego una herramienta de recolonización esgrimido contra los países del Sur, ahora es un instrumento de chantaje en manos del capital financiero para someter a los gobiernos de los Estados del Norte, como lo prueba la situación en los países de la Unión Europea. Para comprender los mecanismos de la deuda se puede consultar “¡Investiguemos! la deuda! Manual para realizar auditorías de la deuda del Tercer Mundo”, Coedición CETIM y CADTM. Ginebra, octubre 2006.

Las crisis financieras no son una enfermedad curable del capitalismo, debida a la irresponsabilidad de los gestores de las finanzas (aunque las operaciones riesgosas de los “traders” y de sus patrones contribuyen a su agravación): son parte estructural del capitalismo en su etapa actual, mundializado y totalmente privatizado en la esfera de la producción y de las finanzas, con las clases dirigentes y gobernantes totalmente a su servicio.

En realidad los dirigentes políticos y los dirigentes económicos son intercambiables y a veces son los mismos, especialmente en Estados Unidos: pasan del directorio de las grandes corporaciones a funciones de gobierno y viceversa.

Goldman Sachs, que en 2008 pidió y obtuvo una ayuda del Gobierno de Estados Unidos de 10 mil millones de dólares (que ya rembolsó) anunció el 14 de julio de 2009 un beneficio neto de 3440 millones de dólares en el segundo trimestre del año, lo que representó un incremento del 65% respecto del mismo período del año anterior y el mejor trimestre en sus 140 años de existencia. Además, constituyó una provisión de 6 mil millones de dólares destinadas a las primas y “bonus” de su personal. En el primer trimestre de 2011 obtuvo un beneficio de “sólo” 2.740 millones.

Goldman Sachs se benefició con la quiebra de su competidor Lehman Brothers, que Bush y su Secretario del Tesoro Paulson (ex presidente de Goldman Sachs) no quisieron socorrer. Goldman Sachs estuvo directamente representado en el Directorio de la Reserva Federal de Nueva York (parte importante del sistema de 12 conglomerados bancarios que constituyen la Reserva Federal de los Estados Unidos) por Stephen Friedman hasta la renuncia de éste en mayo de 2009. Pero el holding financiero no corre el riesgo de perder el trato preferencial de que goza en la Reserva Federal y quedar desprotegido: William Dudley que desde enero de 2009 sucedió a Timothy Geithner (actual secretario del Tesoro del Presidente Obama) en la presidencia de la Reserva Federal de Nueva York, trabajó para Goldman Sachs hasta 2007.

Esta “rotación” entre las altas finanzas y las funciones políticas dirigentes adquirió ahora en Europa características casi grotescas: Mario Draghi, nuevo Presidente del Banco Central Europeo, fue vicepresidente para Europa de Goldman Sachs Internacional y como tal trabajó para disimular una parte de la deuda soberana de Grecia; Lucas Papademos, actual primer ministro de Grecia, como presidente del Banco Central Helénico participó en la disimulación de la deuda griega con el asesoramiento de Mario Draghi; el gestionario de la deuda griega es Petros Christodoulos, un ex “trader” de Goldman Sachs; Mario Monti, nuevo Primer Ministro de Italia fue consejero internacional de Goldman Sachs y Luis de Guindos, el nuevo Ministro de Economía de España, es un ex de Lehman Brothers.

La crisis financiera en la Unión Europea

La llamada “troika” (FMI, Unión Europea y Banco Central Europeo) está actuando en las crisis de varios países europeos para favorecer los intereses del capital financiero transnacional en detrimento del interés nacional y en perjuicio de las condiciones de vida de sus pueblos.

Conviene señalar que, de conformidad con el Tratado Europeo de Lisboa, el Banco Central Europeo NO PUEDE prestar a los Estados pero si puede hacerlo (y lo hace largamente: 500 millones últimamente) a los Bancos, los que le dan en garantía al BCE títulos de la deuda de los Estados, en muchos casos muy mal cotizados.

En Grecia se acumuló una enorme deuda por mala gestión, por pago de intereses muy elevados sobre las deudas y por compras desproporcionadas de armamentos. Grecia ocupó el quinto lugar en el mundo entre los compradores de armas convencionales en el periodo 2005-2009. El 31% de esas armas las compró a Alemania, el 24% en Estados Unidos y otro 24% en Francia, ahora sus principales acreedores.

La “troika” le impone a Grecia “condicionalidades” consistentes en privatizar el patrimonio nacional para recaudar 50 mil millones de euros destinados a pagar a los acreedores, le exige congelar y en muchos casos bajar los salarios y las jubilaciones y en general reducir considerablemente los gastos sociales.

Y para asegurar que Grecia cumpla con las drásticas medidas de austeridad, Alemania quiere imponerle una especie de protectorado europeo.

Cuando los inversores compran títulos de la deuda griega (o de cualquier otro país) pueden asegurarse contra el riesgo de no ser rembolsados con un CDS (credit default swap), un “producto derivado” (con el cual a su vez los inversores pueden especular a la alza en el mercado de CDS que funciona de manera autónoma) si se considera que el riesgo es grande. No están obligados a aceptar quitas en sus créditos ni prolongación de los plazos de vencimiento. Y si los Bancos finalmente no pueden recuperar sus créditos aparece el Estado (los contribuyentes) para salvarlos.

De modo que el único que siempre gana es el capital financiero transnacional.

El 30 de enero de 2012 Alemania logró que 25 Estados europeos sobre 27 (Gran Bretaña y la República Checa no firmaron) suscribiesen un “contrato” de rigor presupuestario, que requiere la ratificación de sólo 12 Estados para entrar en vigor, donde están previstas sanciones automáticas para aquéllos que no lo respeten. No es un Tratado dentro del sistema institucional europeo sino un paso más hacia la privatización del derecho regional, del que quedará excluido el Parlamento europeo y donde desempeñará un papel fundamental la Comisión Europea, la correa de transmisión del poder económico en las instituciones europeas. Se trata de reforzar y hacer obligatorias para los Estados signatarios las políticas de austeridad, recesivas, antisociales y favorables al capital financiero aplicadas hasta ahora.

El 29 de abril de 2010 Eric Woerth, entonces Ministro del Gobierno francés explicaba con todo cinismo por France Inter: “Ayudando a Grecia nos ayudamos a nosotros mismos. Los 6 mil millones [de euros prestados por Francia a Grecia] no provienen de la caja del Estado. Se toman prestados [en los mercados financieros] a un interés del 1,4 o 1,5% y se prestan a los griegos al 5% aproximadamente. De manera que nosotros ganamos en la operación. Es bueno para el país, es bueno para Grecia y sobre todo es bueno para la zona euro. Hay que tranquilizar a los mercados. Siempre es así, hay que tranquilizar a los mercados [...] hay que tender una red pública de seguridad”. Nuestro el subrayado.

Finalmente, a principios de marzo de este año, el 85,5% de los acreedores privados aceptaron participar en la reestructuración de la deuda de Grecia, lo que fue presentado por los líderes europeos como la “salvación” de Grecia.

En realidad la operación ha consistido en la salvación del capital financiero a expensas en primer lugar del pueblo griego y que repercutirá también sobre los otros pueblos europeos.

Los acreedores privados poseedores de 206 mil millones de euros de obligaciones griegas aceptan borrar unos cien mil millones en las siguientes condiciones: recibirán nuevas obligaciones con un valor nominal 53,5% inferior a las antiguas obligaciones, lo que parece un “sacrificio” de su parte, pero no lo es.

En primer lugar cambian los antiguos títulos casi sin valor por otros mucho más seguros. En segundo lugar en el momento del cambio recibirán el equivalente al 15% de la totalidad de sus créditos en plata fresca. El 31,5% restante en nuevos títulos que serán emitidos bajo la ley británica a fin de impedir que cualquier futuro gobierno griego “caiga en la tentación” de cuestionar dicha deuda. Dichos títulos estarán garantizados por el Fondo Europeo de Estabilidad Financiera y los Estados europeos. Además los acreedores de Grecia poseedores de los CDS (Credit Default Swaps, seguros de créditos incobrables) estarán cubiertos por los mismos.

Después de haber saqueado a Grecia durante años el sector privado financiero sale muy bien librado pues de hecho transfiere los riesgos al sector público (léase los pueblos).

¿Qué obtiene Grecia de todo esto? Los Estados europeos se han comprometido a aportar 130 mil millones a Grecia, de los que 30 mil millones van a parar directamente a los acreedores privados (el 15% de plata fresca mencionado más arriba). Otros 35 mil millones el Gobierno griego debe utilizar para recomprar otra parte de la deuda antes de anularla. Otros 25 mil millones serán destinados a recapitalizar los bancos griegos. De modo que de los 130 mil millones 90 mil millones están destinados al capital financiero. No queda prácticamente nada para ayudar a la economía griega a salir de la recesión.

Además los 130 mil millones no son un regalo, son un préstamo. De tal manera que, según cálculos de algunos expertos, después de toda esta operación de “salvación”, la deuda pública griega pasará de representar el 161% del PIB a “sólo” el 159%.

Con el agregado que Grecia queda bajo la tutela de la Troika ( Unión Europea, FMI y Banco Central Europeo) que vigilará que Grecia cumpla con lo convenido . (Información extraída del artículo de Martine Orange Grèce: les banques se sauvent, le désastre est toujours là. Publicado en Mediapart, Francia el 9 de marzo de 2012)

Hace tiempo que se le atribuye al mercado capitalista la calidad de inherente a la sociedad humana, como los fenómenos fisiológicos son inherentes a los seres vivientes. No como parte de un periodo determinado en la historia de la humanidad caracterizado por la propiedad privada de los medios de producción y de cambio. Periodo que nada permite suponer (sino más bien todo lo contrario) que durará indefinidamente.

Pero hace ya algunos años se le ha agregado al mercado características antropomórficas y se dice que está “inquieto”, “nervioso”, “tranquilo”, etc.

Y cuando los mercados “se ponen nerviosos” hay que “tranquilizarlos” garantizando las ganancias capitalistas y, llegado el caso, con una “red pública de seguridad” (destinada a salvar a los Bancos y a otras instituciones financieras con los dineros del Estado, es decir de los contribuyentes).

Pero cuando son los pueblos los que se ponen nerviosos a causa de las políticas de austeridad que se les impone, primero se los trata de tranquilizar contándoles el cuento de que “no hay otra alternativa” (el famoso TINA de Thatcher: "There Is No Alternative") y si salen a la calle a protestar se los “tranquiliza” con diferentes formas de represión y con la criminalización de los ciudadanos que defienden sus derechos más elementales.

Las agencias de calificación

Las agencias de calificación son la fuerza de choque del capital financiero. Las tres principales son Standard and Poor’s, Moody,s y Fitch. Son instituciones privadas que se ocupan de poner notas a empresas y a Estados – que van del riesgo mínimo (AAA) al riesgo máximo (CCC)- que pueden correr los inversores financieros que prestan a dichas empresas y Estados. Existen hace tiempo y comenzaron poniendo notas a empresas y Bancos pero después extendieron su radio de acción a los Estados.

Una nota baja (riesgo alto) tiene por consecuencia automática que la empresa o el Estado que reciba un préstamo pagará un interés más elevado.

Estas agencias no tienen nada de independientes pues pertenecen a grandes capitales privados: el 13% de Moody’s pertenece al multimillonario Warren Buffet (Berkshire Hathaway), Fitch pertenece mayoritariamente a la sociedad financiera francesa Fimalac y el 20% de su capital al grupo Hearst y Standard and Poor’s al grupo estadounidense McGraw-Hill Companies.

Cobran por sus servicios a las empresas que quieren ser calificadas y a las que utilizan las notas.

De modo que grupos privados estrechamente vinculados al capital financiero decretan la lluvia o el buen tiempo para los Estados que necesitan recurrir a préstamos del capital financiero transnacional. Si la nota es alta (poco riesgo) el Estado pagará un interés bajo por los préstamos. Si la nota es baja (riesgo alto) el Estado pagará un interés alto, entrando así en un círculo infernal de endeudarse cada vez más y pagar intereses cada vez más altos.

Y deberá aplicar los ajustes exigidos por los acreedores que se traducen en recesión, más desocupación, congelación de salarios, privatización de los servicios públicos, recorte de los gastos sociales, etc.

Las notas no son para nada objetivas, sino que responden a la estrategia de provocar una gigantesca y permanente transferencia de recursos de las masas populares hacia el capital financiero transnacional.

Hace pocos días se habló de la posibilidad de que la Unión Europea recortara los poderes de las agencias de calificación. Sobre todo su insólita facultad de ponerle notas a los Estados - que estos aceptan sumisamente- por encima de toda institucionalidad de derecho público nacional o internacional. Pero todo quedó en “agua de borrajas”, como se suele decir.

Por cierto la crisis no afecta a estas agencias. Últimos datos conocidos de sus beneficios: Fitch 525 millones de euros en el año octubre 2010-septiembre 2011; S & P 442 millones en los nueve primeros meses de 2011 y Moody’s 367 millones en el mismo período.

Además, estas agencias parece que no son “trigo limpio”: en enero de 2012 la Guardia de Finanzas italiana allanó las oficinas de Standard & Poor’s en Milán en el curso de una investigación que realiza la Fiscalía de Trani (Italia) sobre dicha agencia y sobre Moody’s por supuestos delitos de especulación abusiva, manipulación de mercados y uso ilícito de información privilegiada.

No sería muy aventurado suponer que estas agencias trabajan contra el euro y a favor del dólar, como dijo Antonio Tajani, Vicepresidente de la Comisión Europea y Comisario de Industria, Turismo y Espacio (El País, España, 23/01/12, página 20).

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