martes, 20 de marzo de 2012

En algún lugar… Las horas insomnes

Laura M. López Murillo (especial para ARGENPRESS.info)

En algún lugar solitario y silencioso, en el páramo inmenso de la madrugada deambulan las angustias y las inquietudes que se resisten a abandonar el ámbito mental, y su presencia insidiosa devora el sutil tejido en el que reposan los sueños...

Octavio Paz describió el paisaje del insomnio como “las rotas columnas entre la nada y el sueño” en la costa nocturna de un mar sonámbulo donde navegan las sílabas de algún nombre. Cuando Paz escribió el poema Monólogo, las imágenes del ser amado tripulaban el inquietante navío nocturno; hoy por hoy, el insomnio ha perdido la aureola poética porque sucumbió a las exigencias de un mundo hostil y vertiginoso, y por una cruel metamorfosis, resurge como un trastorno que flagela las horas del sueño. Las inquietudes trascienden el plano de la realidad para atormentar la mente del durmiente con presagios espantosos y terrores infundados que consumen sus ánimos y energías y que, noche tras noche, producen la versión pusilánime y fatigada del insomne.
Actualmente, los trastornos del sueño afectan a la mayoría de los habitantes de la aldea global quienes presentan somnolencia durante el día, la persistente sensación de fatiga, hastío, desánimo y una depresión galopante. El insomnio flagela la calidad de vida de quienes lo padecen, altera su carácter, deteriora las relaciones con compañeros, familiares y amigos y debido a la proliferación de insomnes, la Asociación Mundial de Medicina del Sueño instituyó el 16 de Marzo como el Día Mundial del Sueño, en la edición del 2012 el lema fue “Respira fácilmente, duerme bien”.

Dicen los que saben, que sólo un tercio de los insomnes acude al médico buscando una solución; si la tendencia se mantiene y el insomnio continúa flagelado a la población, la hipermodernidad será el hábitat de sonámbulos diurnos, de caminantes taciturnos sin esperanzas, reflejo viviente del triunfo de la materia; el derrocamiento de los valores internos provocó la nefasta transformación de la autoestima en la ostentación de artefactos y artificios; la perniciosa exigencia de tener algo para ser alguien ha elevado el poder adquisitivo al rango de las angustias existenciales.

Aquellas noches en vela que transcurrían entre suspiros y la imagen idealizada del ser amado pertenecen a un pasado romántico, a un mundo pletórico de utopías y grandes esperanzas; ahora, la felicidad proviene de la adquisición. Ésta es una de tantas manifestaciones del influjo del entorno en la condición humana y los pronósticos no son alentadores: las horas insomnes serán atendidas hasta que los trastornos del sueño incidan en la salud pública y se tipifiquen como una causa de pérdidas en el mundo del mercado.

Pero el porvenir aún no se define. La conducta de los seres humanos es como una embarcación vulnerable y susceptible al capricho de los vientos, pero esta embarcación se ha construido al navegar y se perfecciona en el trayecto; y a veces, cuando se desatan las corrientes del pensamiento, se corrige el rumbo hacia horizontes insospechados, aún es posible redirigir el timón y emprender la eterna búsqueda del placebo existencial, ese elixir que desvanece las angustias que deambulan en el ámbito mental y restablece el sutil tejido en el que reposan los sueños…

Laura M. López Murillo es Licenciada en Contaduría por la UNAM. Con Maestría en Estudios Humanísticos, Especializada en Literatura en el Itesm.

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