jueves, 8 de marzo de 2012

Estados Unidos: Obama no sabe aún con quién se topará en noviembre

Emilio Marín (LA ARENA)

En enero comenzó la disputa de los republicanos para elegir candidato a presidente. Barack Obama, desgastado, otea tranquilo el horizonte para saber con quién competirá en noviembre próximo.

Se creía que el martes 6 de marzo, alias "súper martes", iba a despejar las incógnitas sobre la carrera de los cuatro precandidatos republicanos para la presidencia de Estados Unidos. Otros cuatro se fueron quedando sin nafta, tras los primeros resultados desalentadores desde la largada el 3 de enero en Iowa.

En una sola jornada se votaba en diez estados: Georgia, Ohio, Tennessee, Virginia, Oklahoma, Massachusetts, Idaho, Dakota del Norte, Alaska y Vermont. Si el favorito Mitt Romney lograba ganar en esos distritos, sobre todo Ohio, y lograba una buena diferencia de votos y de delegados partidarios, tendría despejada la ruta a la candidatura. Había en juego 437 delegados, sobre los 1.144 que necesitará quien quiera ser coronado en la futura convención republicana de Tampa, Florida.

Pero no fue así. El electorado del partido de oposición siguió oscilando en sus preferencias entre los primeros tres políticos con mayores posibilidades, descontando que el liberal Paul -liberal en el buen sentido, no argentino, de la palabra- está cerca de tirar la toalla (no ganó aún en ningún Estado, capaz que moja en Alaska).

Pero Romney ganó por sólo un punto la batalla de Ohio (38 a 37 por ciento), por sobre el ultraconservador Rick Santorum, ex senador de Pennsylvania. Romney también se impuso en Massachusetts (donde fue gobernador), Vermont, Idaho y Virginia. Su principal rival conservador llegó primero en Oklahoma, Tennessee y Dakota del Norte. Y el ex titular de la Cámara de Representantes, Newt Gingrich, venció en su estado natal de Georgia, que repartía 76 delegados y en ese sentido era más importante que Ohio, que distribuía 66 aunque tiene mayor importancia política relativa en las elecciones primarias y generales del país.

Delegados y números

La cosecha para la convención, que en definitiva proclamará al vencedor y su fórmula completa a la Casa Blanca, marca estos guarismos: Romney 380 delegados, Santorum 156 y Gingrich 85. Muy lejos, Paul con apenas una docena y media.

Romney es un multimillonario que gobernó Massachusetts, luego de haber sido titular de Bain Capital, especializada en comprar compañías en quiebra, ponerlas en valor y venderlas por sumas elevadísimas, para girar luego las ganancias a los paraísos fiscales. Su patrimonio personal alcanza los 250 millones de dólares, varias veces más que Obama, que sería su contendiente en noviembre. Antes de la compulsa del súper martes, el republicano con tanta plata había ganado las primarias de Florida, Michigan y Arizona, entre otras plazas importantes.

Todo le está costando mucho esfuerzo y dólares. Por ejemplo en Florida gastó cinco veces más que sus adversarios. Y en Michigan, donde su padre fue gobernador, invirtió seis veces más que Santorum, para una victoria ajustada.

Paradojalmente, Romney es el conservador menos extremista, por lo que sus rivales lo acusan de ser "flojo" frente a Obama. Los del ultrarreaccionario Tea Party, que dieron la nota en las legislativas de 2010, dicen esas cosas de él y piensan que Santorum y Gingrich son mejores para salir de la crisis por derecha.

Pocas ideas y debates

A la interna republicana no se le caen muchas ideas. Hubo sí algunos debates televisados previos, pero tampoco brillaron por sus iniciativas. En esas discusiones, cuando aún eran ocho aspirantes, nada menos que seis aceptaron la tesis de la tortura a manos de las fuerzas militares y de inteligencia, para con los prisioneros de las varias guerras que el imperio libra en el mundo. Ron Paul dijo que no; que torturar era contrario a los derechos del hombre. El otro opuesto a la tortura fue Jon Huntsman, quien después abandonó la puja.

De los cuatro en competencia, los dos más conservadores (Santorum y Gingrich) lo corren por derecha a Romney. Pero como políticos del gran capital que son todos ellos, se cuidan de plantear claramente lo que van a hacer si llegan a la Casa Blanca.

Nada bueno se puede esperar de ellos, porque el partido republicano es el que con George W. Bush más gastó en guerras lejanas y brutales, el que más exceptuó a los ricos de pagar sus impuestos, el que más fomentó los fondos derivativos financieros y la falta de controles del capital financiero, el que más rescató a los bancos en lugar de los ciudadanos afectados por la crisis, el que más recortó programas sociales de empleo, alimentación, educación y salud.

Ricos salvados

Durante la negociación bipartidista en 2011, cuando el déficit presupuestario sobrepasó el límite legal permitido, se vio esa condición aún más antipopular, si cabe el matiz, de los republicanos. Querían salvar a los ricos de mayores impuestos como una de las condiciones para votar la licencia de nuevo endeudamiento. No es que los demócratas sean representantes de los plebeyos, ni mucho menos, pero los otros tienen una posición más conservadora. Y la nefasta influencia del lobby del Tea Party los empuja más en esa dirección. Debe haber sido por eso que Romney expresó que él no se preocupaba por los más pobres, porque supuestamente "ellos tienen buena cobertura".

Esos sectores internos de la oposición serruchan la rama sobre la que están sentados. Es que -según los sondeos- hoy Obama vencería a Romney por seis puntos, pero la diferencia sería mayor si debe confrontar con alguno de los otros dos íconos del conservadurismo extremo.

Esas posturas ultras del arco republicano se notan también en política exterior. Romney, Santorum y Gingrich están compitiendo en ver quién es más agresivo con Irán, al punto de apoyar eventuales agresiones que pudiera tomar el premier israelita Benjamin Netanyahu.

Obama, en cambio, si bien ha expresado que Estados Unidos siempre guardará las espaldas de Israel, ha planteado que no es hora de una agresión militar y que aún hay tiempo para la diplomacia. En consecuencia, ha criticado las voces abiertamente belicistas surgidas de la interna republicana. Y eso que el Nobel de la Paz mereció desde 2009 un Nobel de TNT.

¿Y Latinoamérica?

Uno de los tantos capítulos omitidos en las primarias republicanas es el relativo a Latinoamérica. ¿Harían cambios? ¿Propiciarían un comercio más igualitario? ¿Dejarían de mortificar a Cuba con el bloqueo criminal que data de 1962 y que se exacerbó durante la administración Bush? ¿Se plantearán un diálogo más maduro y flexible con Hugo Chávez y las naciones del ALBA? ¿Acaso sí lo harían con los 33 socios de la Celac, de la que Washington está excluida?

No hay ninguna pista que autorice a la más leve esperanza en que algunos de esos interrogantes tendrán una respuesta afirmativa.

Los dos candidatos más derechosos han mantenido expresiones descalificadoras sobre el gobierno de Chávez. La representante republicana por Florida, Ileana Ros-Lehtinen, cabeza del lobby cubano-americano anticastrista, sigue fogoneando ese bloqueo, pese a que durante cinco décadas ha sido impotente para derribar el socialismo en la isla.

De todas maneras nadie debería pensar que con los demócratas las cosas hayan sido mejores o muy diferentes. Si Guantánamo sigue abierto para la tortura y el bloqueo indemne pese a las veinte votaciones en la Asamblea General de la ONU (la última paliza, por 186 votos para Cuba y 2 para el imperio), es porque esa línea contó con el aval de Obama.

Vínculos, y vínculos

El actual mandatario también tiene sentado a Chávez en el banquillo de los acusados, por sus nacionalizaciones y auspicios a la unidad latinoamericana, que incluye una buena relación con el demonizado Irán. En cambio el chileno Sebastián Piñera, el colombiano Juan Manuel Santos, el hondureño Porfirio Lobo y el panameño Ricardo Martinelli, no han tenido problemas con el actual inquilino de la Casa Blanca y probablemente tampoco lo tendrían si los republicanos vuelven allí.

En general los países más progresistas de la región van a ver empeorar sus vínculos si gana Romney o alguno de sus adversarios más radicales de derecha. Es que esta gente es del mismo palo que el texano bruto derrotado junto al ALCA en Mar del Plata, en noviembre de 2005.

Esto no significa creer que con Obama las cosas van a ser buenas, lindas y productivas. Recientemente en la Casa Rosada de Buenos Aires la presidenta y ministros recibieron a la enviada del Departamento de Estado y a la embajadora norteamericana Vilma Socorro Martínez. Se les pidió que por favor dejen entrar al mercado norteamericano los limones y la carne vacuna de nuestro país. Es una rogatoria de años que ha tenido hasta ahora resultados negativos y seguramente seguirá así, de modo que no se explica el optimismo que derrocha la presidenta Cristina Fernández en lo que pueda deparar la próxima cumbre del G-20 en junio en Los Cabos, México, y antes, en abril, en la VI Cumbre de las Américas en Cartagena, Colombia.

En realidad, con demócratas o republicanos, los pueblos que viven al sur del río Bravo no deben esperar nada bueno del Tío Sam.

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