miércoles, 7 de marzo de 2012

Guadalupana visita relámpago

Eduardo Ibarra Aguirre (FORUMENLINEA)

Resulta más que elocuente el resumen que el vicepresidente de Estados Unidos hizo ante los colegas sobre su visita relámpago a México, para entrevistarse con Felipe Calderón y los tres candidatos presidenciales de las fuerzas políticas más importantes.

Más allá de lo discursivo, Joseph Biden, el practicante católico y devoto de la virgen de Guadalupe, no dejó lugar a dudas: “Tuve un día maravilloso con los candidatos, pero tuve un día mejor aquí (la Basílica). Hubiera venido sólo por ver esto”. Por teléfono le comentó a un familiar “está increíble” y lamentó que su mamá no pudiera estar presente, pues “fue muy devota de la santísima madre”.

Por si lo anterior no fuera suficiente, aclaró que no visitó México para hablar de los problemas causados por el narcotráfico, pero que lo tuvo que hacer con Calderón.

Fue el general de cinco estrellas quien recordó a Biden que para México resulta prioritario frenar el tráfico de armas que procede de Estados Unidos, así como las operaciones de lavado de dinero del crimen organizado. Lo primero adquiere fuerza entre los gobiernos de Centro y Suramérica, destacadamente Colombia, quien además de México desaprovechó la irrepetible oportunidad de condicionar mejor su involucramiento en la guerra de EU contra el narcotráfico –fuera de sus fronteras, por supuesto, como todas las aventuras guerreristas que libra– al freno del rentable negocio de vender armas a las bandas criminales.

Tampoco le falta razón al abogado, economista y administrador público en la exigencia de frenar el lavado de dinero que en EU es castigado con multas bancarias simbólicas, pero en territorio azteca permanecen intocados los circuitos que utiliza el poderoso duopolio del crimen organizado, Los Zetas y La Federación, para lavar sus dineros.

Desgraciadamente no basta tener razón cuando no se tiene la fuerza para exigir más allá de la retórica, y menos si Los Pinos adoptó sin condicionar seriamente la estrategia estadunidense para hacer frente a la producción y tráfico de drogas ilícitas y la violencia que los envuelve al estar en manos privadas, criminales, pero con múltiples nexos con la economía legal que cotiza en las principales plazas bursátiles de la aldea global.

La impugnación documentada de las políticas militaristas y punitivas, de vieja manufactura estadunidense, empieza a rebasar los ámbitos académicos y de los hombres que ocuparon espacios de poder, para abrirse paso en la opinión pública y expresarse en voz del presidente de Guatemala.

La frustración de los presidentes de América Central con los magros resultados obtenidos con la estrategia impuesta por la Casa Blanca y los altísimos costos sociales que hoy pagan, es otro de los asuntos que atendió ayer, en Tegucigalpa, Biden.

También están los preparativos de la Cumbre de las Américas, a celebrarse el 14 y 15 de abril en Cartagena, Colombia, y a la que amenazan con no asistir “los necios gobiernos”, como los llama Jorge Castañeda, de los 10 países que integran Alba, si Cuba no es invitada con todas las de la ley, no con el “Comes y te vas”, del entonces secretario de Relaciones Exteriores en el papel de guardián de los gustos y necesidades de George W. Bush.

De tal suerte que la visita relámpago de Joseph Biden también fue una escala política para vender la idea de que Washington se mantendrá “neutral” en la elección mexicana, actitud que no tiene precedente en las complejas y asimétricas relaciones entre la gran potencia hegemonista y México, como lo evidenciaron las actitudes obsecuentes de Enrique Peña Nieto, ofreciéndole “la probable apertura de Pemex”, y Josefina Vázquez Mota reiterándole que no dará “tregua ni rendición al crimen organizado”.

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