miércoles, 14 de marzo de 2012

México: Autoridades de Chiapas niegan aborto por violación a menor de edad

Patricia Chandomí (CIMAC)

Celia lleva 12 años de su vida, yendo y viniendo de la comunidad de Huixtán a San Cristóbal de las Casas para preguntar si ya agarraron al violador de su hija, Celestino López Hernández, quien desde los 16 años ha violado a Hilda Álvarez Hernández, ahora de 26 años de edad y con síndrome de down.

Celia cuenta que Hilda -indígena, pobre y discapacitada- era violada desde los 16 años de edad por Celestino, un vecino de la comunidad en Huixtán.

“Yo no me dí cuenta que a mi hija la violaban, hasta que mi hija dejó de reglar me dí cuenta que estaba embarazada y supe de la violación”, dijo su madre.

Pese a cumplir con las tres causales por las que se permite el aborto en Chiapas: violación, peligro de muerte y malformaciones congénitas graves, las instituciones de “procuración de justicia” y de “salud” en Chiapas le negaron la práctica del aborto.

“El trabajo en el campo es duro, el día no te alcanza para desgranar maíz, molerlo, hacer las tortillas, hacer la comida, cuidar a los hijos, ayudar en la milpa, lavar la ropa, y apenas sale para comer, no hay para doctores, ni medicina, ya estoy vieja, yo no quería que Hilda tuviera un hijo, a duras penas puedo cuidarla a ella, que en realidad es una niña de 4 años, hay que cambiarla, bañarla, darle de comer, quién los va a cuidar cuando yo me muera” se pregunta Celia.

Desde el 2003, Celia acudió a diferentes instituciones de salud para que le ayudaran a interrumpir el embarazo de su hija, las respuestas fueron desde “no la podemos atender”, hasta “aquí no tenemos orden para matar sino para dar vida, aquí no matamos gente”, respuesta dada por el personal del Centro “Los Pinos” de la Secretaría de Salud estatal.

Primero muerta que abortar

“Yo les expliqué que me interesaba la vida de mi hija de 16 años, pero por las respuestas que nos dieron parece que para ellos primero muerta antes que abortar”.

Siguiendo los procedimientos legales, Celia levantó la denuncia en la subprocuraduría indígena, reseña el Colectivo Feminista Mercedes Olivera (COFEMO) de San Cristóbal de las Casas que lleva el caso.

“Cuando Celia habló del embarazo y la posibilidad de interrumpirlo la licenciada que levantó la denuncia le dijo: no se puede interrumpir ¿acaso quieres irte a la cárcel? además si lo hacen, no van a haber pruebas de la violación” reseña COFEMO.

A los tres meses de puesta la denuncia, en marzo de 2003 giraron la orden de aprehensión contra Celestino, para ese entonces, Hilda tenía ya cinco meses de embarazo.

Al sexto mes de gestación tuvo un sangrado, mientras era trasladada a la ciudad de San Cristóbal el producto nació muerto poniendo en riesgo la vida de la menor de edad.

Hilda fue atendida en el Hospital Regional en donde le realizaron una limpieza uterina. El médico que la atendió le dijo a su madre que era necesario realizarle una salpingoclasia (ligadura de trompas) para que -de acuerdo con sus palabras- “si le vuelve a pasar lo mismo (la violación) ya no quede embarazada”.

Nueva violación

Celia se indignó por el comentario del médico. “Mi hija no tiene porque volver a ser violada, si realmente hay justicia para las mujeres, ella no tiene porque pasar por lo mismo nunca más”.

Aunque se giró la orden de aprehensión ésta no se ejecutó pues la policía argumentó que no quería incursionar a la comunidad de Hilda y Celia por la existencia de grupos armados. El Expediente Penal 79/2003 del Juzgado del Ramo Penal, Distrito Judicial Las Casas, quedó archivado con todo y la orden de aprehensión contra Celestino.

La impunidad en que quedó este caso permitió que en 2007 Celestino violara nuevamente a Hilda quien dio a luz a una niña con síndrome de down.

Ahora Celia a sus 70 años tiene que hacerse cargo de todas las tareas de la casa, velar por la manutención de su familia y hacerse cargo de estas dos niñas.

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