miércoles, 14 de marzo de 2012

Mota, Nieto y Obrador

Eduardo Ibarra Aguirre (FORUMENLINEA)

La toma de protesta de Josefina Vázquez Mota como candidata de Acción Nacional a trabajar y vivir en Los Pinos, señora que se compromete a gobernar a los mexicanos como se ocupó de su propia familia, en el capitalino Estadio Azul demasiado vacío, más allá de las explicaciones de logística que da su coordinador de campaña, Roberto Gil Zuarth, evidenció que las heridas de la reciente precampaña aún no se trabajan.

Heridas causadas en la prolongada “confrontación” con Ernesto Cordero -el entonces favorito de Felipe Calderón- y Santiago Creel, y que siguen abiertas. Si lo anterior no fuera suficiente, también reveló que Vázquez aún no dispone de los hilos principales del partido y que éstos siguen operados por el primer panista del país.

Mientras las heridas persistan, los gobernadores ausentes en el capitalino estadio de Insurgentes y Holbein seguirán renuentes a apoyar a la candidata, por más que algunos fueron beneficiados al incrustar a sus hombres y mujeres en las impugnadas listas de candidatos a senadores y diputados de representación proporcional. Y los gobernadores y alcaldes no favorecidos, el domingo 11 votaron con los pies de sus correligionarios enviados al acto y que lo abandonaron al momento en que Vázquez Mota comenzó su breve discurso.

No bastan, como la cruda realidad electoral lo muestra, una sonrisa plástica programada o impuesta por las intervenciones quirúrgicas, tampoco el uso y el abuso del “mujerismo”, como llaman las organizaciones feministas a la capitalización del simple hecho de ser mujer, ni siquiera la presencia de Antonio Solá Reche, imagólogo de Calderón Hinojosa desde 2006, porque las sucias cartas propagandísticas que maneja son conocidas y hasta padecidas por los electores aztecas. Además, como tituló su cartón Helioflores en El Universal (13-III-12): La dejaron Solá.

El revés dominical sufrido por la señora Mota podría inutilizar los esfuerzos de sus encuestadores para colocarla cada vez más cerca de Enrique Peña Nieto y en un empantanado tercer lugar a Andrés Manuel López Obrador, quien ya es formalmente candidato presidencial del Movimiento Ciudadano, y próximamente lo oficializarán los partidos del Trabajo y de la Revolución Democrática.

En el partido de enfrente, en el que los dirigentes dan por hecho que Peña Nieto tiene asegurado el triunfo en las urnas y, antes, “dará una gran sorpresa como polemista”, el ritual lo consumó en Dolores Hidalgo, Guanajuato, cuna del independentismo de hace dos siglos, “porque de aquí surgió un movimiento contra la humillación, el abuso y la desigualdad”, explicó el mexiquense a los integrantes del Consejo Político Nacional, y enarboló “¡Basta ya de mal gobierno!”

El candidato presidencial de los partidos Revolucionario Institucional y Verde Ecologista sentenció que “Hoy queda claro que el gobierno ha sido incapaz de proteger a las familias. Ésta ha sido una etapa de sangre, violencia y muerte. Vivir con miedo, angustia, eso no es vida. México ya no quiere más de lo mismo”.

Durante casi un lustro Peña gobernó el estado de México mientras Calderón hacía algo semejante en el país. Y no existen testimonios periodísticos que documenten una conducta de crítica a la “etapa de sangre, violencia y muerte”. Cinco años y más de tres meses requirió la promesa política forjada por el duopolio de la televisión y el oligopolio de la radio para descubrir lo que padecen millones de mexicanos, esos a los que Carlos Fuentes recomienda sin ruborizarse: “Habrá un presidente, el problema es lo que hagamos nosotros. Yo creo que no debemos estar siempre pendientes de lo que haga o diga el gobierno, sino de qué decimos y hacemos nosotros. Preguntémonos eso antes de criticar”.

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