miércoles, 7 de marzo de 2012

Para eso están los testaferros...

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

No conoceréis a nadie muy poderoso o que esté arropado sólidamente por el Poder que no tenga sus guardaespaldas, sus escoltas... y sus testaferros.

Pero es que quien tiene el dinero o el poder en sus diversas formas, tampoco actúa nunca en solitario. Y en las democracias coronadas no es infrecuente valerse de cortesanos o de personas que, ufanas, les sirven agradecidas y sobrecogidas por la categoría social de la persona a quien sirven que llegado el caso cargan con la culpa contraída por el barbián. A ese tipo de persona se le llama testaferro. Gracias a él pueden hacer y deshacer tranquilamente a su antojo. Al final siempre podrán echarle la culpa de sus turbios negocios o delitos pagando por él con dinero o con la cárcel.

En términos legales y económicos, testaferro es aquella persona que suplanta a otra en negocios fraudulentos de tal modo que a pesar de la suplantación estas personas encubiertas no dejan de percibir beneficios del fraude, como por ejemplo, evadir impuestos.

Es posible encontrar personas que ofrecen sus servicios como testaferro, ya que en España la figura del testaferro ni siquier es ilegal. Aquí tenemos la clave de lo que se perfila como la más que probable absolución de Urdangarín: la misma que explica que las cárceles estén pobladas por quienes no tienen donde caerse muertos... y por testaferros, sean voluntarios sean involuntarios.

A esto le llaman democracia, a esto le llaman monarquía, a esto le llaman estúpidamente país desarrollado en las antípodas de los países comunistas que, dicen, sólo reparten pobreza. Aquí, en efecto, sólo se reparte riqueza. Pero la riqueza sólo va a parar a unas pocas manos y son siempre más o menos las mismas. Las de esos que, además de poseerla están protegidos por policías e instituciones mientras el pueblo malvive y poco a poco se va convirtiendo en una marea humana medieval desposeída y rodeada de gentes a su vez están investidas de toda clase de privilegios, canonjías, prebendas… o como quiera llamarse a toda suerte de ventajas sobre el resto de los ciudadanos.

Este es el cuento de Urdangarín y sus muñecos. Ahora ni siquiera será el socio quien vaya a la cárcel. Ahora quienes sí irán a ella serán Juan Pablo Molinero y Mario Sorribas, consultores y chivos expiatorios de las dos empresas tapaderas del cínico duque.

Así, año a año, década a década, siglo a siglo, desde la noche de los tiempos se viene escribiendo la historia de los grandes desfalcos, de las magnas estafas, de los mayores crímenes de este país aunque, es cierto, pueda serlo también la de otros muchos.

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