miércoles, 28 de marzo de 2012

Paraguay: La política debe gobernar

José Antonio Vera (especial para ARGENPRESS.info)

El plan de utilizar fondos del Estado, para destinarlos a obras públicas, presentado esta semana ante el Consejo de Ministros de Paraguay por el Jefe del Gabinete Civil, Miguel López Perito, tiene la virtud del acierto aunque llega con un mínimo de dos años de retraso, a causa de una inocultable e innegable ineptitud de gestión de todo el equipo gobernante.

A ello se suma la incapacidad de las diferentes fuerzas políticas partidarias del proceso de cambios, iniciado en el 2008, para estimular el debate político-ideológico con capacidad de construir puentes con la mayoría del pueblo que ha manifestado voluntad de desear formar parte de una sociedad mejor.

La subordinación de la reflexión y acción política, como noble actividad humana, a la disputa electorera y a la rencilla politiquera impuestas por los sectores partidarios más retrógrados, está impidiendo en este país, construir una mayoría razonablemente crítica que garantice el avance del proceso, y su profundidad y consolidación, como herramienta de hegemonizar la indispensable conducta militante como barrera de la atomización en parcelas y caudillismos.

Una de las consecuencias de esa desviación ideológica, se refleja en el Ministerio de Hacienda, que en todos estos cuatro años de luguismo se destaca por un celo macroeconómico desmedido, priorizando la nefasta y desacreditada receta transnacional del endeudamiento externo, y confinando al Banco Central en la tarea de acumulación de reservas internacionales, de espaldas al requerimiento de financiación del desarrollo nacional integral.

Para ganarse las simpatías de la mafia bancaria, transgresora de los intereses legítimos de los pueblos, y servir humilladamente de garantía a los préstamos externos, el BCP sumaría más de 5.000 millones de dólares de ahorro en sus frágiles y violadas bóbedas, mientras 300 mil familias campesinas arrastran su miseria en las orillas de los alambrados del latifundio.

¿Cuánto costaría al Estado y al país mismo resolver esa problemática, que es la mayor causa de la injusticia social, y vientre fértil de los males que sufre el grueso de la población?. En todo caso, y si la política, finalmente primara sobre la línea financiera imperante, nunca significará hipotecar esas reservas, como en editorial sibilino ha insinuado estos días un matutino asunceno, alertando contra la propuesta del Jefe del Gabinete Civil.

La inconducta en la gestión, que caracteriza al Estado y a la propia sociedad paraguaya en conjunto, con las excepciones correspondientes, es una de las consecuencias del sometimiento de la política, la educación y la comunicación a la economía que, en los tiempos actuales y, en particular para todo país dependiente del sistema bancario imperial, significa clara dependencia de la clásica e injusta economía capitalista al modelo virtual planetario, dominado por las finanzas especulativas.

Frente a ese retroceso histórico, recuperar la nobleza de la vida política y de la economía productiva, es quizás el reto mayor que la humanidad tiene hoy ante sus ojos, para lo cual está obligada a liberarse de ambas ataduras, la especuladora por su perversidad y el secularmente injusto y asfixiante economicismo, tan pregonado por los teóricos y funcionarios desarrollistas de las sectas FMI, BM, OCDE, y los otros siniestros engendros.

Y, tal como ocurre en todos los órdenes de la vida, hasta en los detalles más simples, cuando se intenta impulsar cualquier plan innovador, y mucho más si se trata de recuperar valores auténticos, los cambios conceptuales y metodológicos son indispensables para estimular los pasos hacia el objetivo.

En nuestro país, la reforma del Estado ocupa la cabecera de la lista, comenzando por construir conciencia del derecho y deber cívico de cada funcionario, desde el primero hasta el último en su estructura, dado que sin ello es imposible el progreso social, en una acción ciudadana cuyo protagonista principal es el pueblo más consciente, históricamente minoritario.

Esa modificación del comportamiento humano en la política cotidiana, ha generado siempre en los procesos de insurrección popular, en particular en las luchas contra el colonialismo e intentos y proyectos socialistas, una revolución cultural, que comienza con aportar un nuevo contenido ideológico a la Educación, pre-requisito de la libertad individual y garantía de justicia social, bases del progreso y desarrollo nacional integral de cada nación.

En Paraguay, la prioridad de las prioridades es la transformación de la estructura rural, desde la mentalidad de su población hasta el sistema de tenencia de la tierra, la cual reclama de urgencia una redistribución equitativa en su usufructo, recuperando su carácter de propiedad pública y nunca privada, como debe ocurrir en todo Estado Soberano con la totalidad de los recursos naturales, llámese tierra, agua, materiales fósiles, y la energía de los astros.

La diversificación de la matriz productiva, y su integración con los requerimientos del consumo interno, como reaseguro de la alimentación de toda la población, con visión clara de inserción e integración internacional, son parte del paquete que debe contener la reforma del Estado en la recuperación de la política como médula de su existencia.

Financiar el desarrollo con los fondos públicos existentes, como en cierta forma parece ser la tardía propuesta de López Perito, es incuestionable para lograr eficacia y evitar que aumente ese innecesario endeudamiento externo, al que a todas luces se inclina el Ministro Dionisio Borda.

La innovación y transferencia tecno-científica, preservando soberanías y con particular atención a las demandas de los múltiples y diferentes servicios sociales, es otro de los grandes desafíos que deberá enfrentar el gobierno que suceda al de Fernando Lugo, cuya misión, por mejor intencionada que llegue, continuará siendo saboteada por los otros dos poderes, salvo que la ciudadanía decida dotarse de un parlamento algo patriota.

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