jueves, 22 de marzo de 2012

Rusia debe tomar la iniciativa en sus relaciones con China

Fiodor Lukiánov (RIA NOVOSTI, especial para ARGENPRESS.info)

La semana pasada se publicó en Rusia el texto final del plan nacional de desarrollo económico para el próximo decenio 'Estrategia 2020'.

El documento contiene unas impresiones que por ahora pasaron desapercibidas pero merecen atención. En la parte del documento dedicada a la economía y política exterior se dice: “Los riesgos principales para Rusia relacionados con el surgimiento de los nuevos centros 'de poder' son condicionados por el crecimiento del potencial económico y del estatus internacional de China”.

En opinión de los autores, si el yuan “se convierte en una divisa de pagos y, en adelante de inversiones y de reserva a nivel mundial... podría conllevar la desestabilización del sistema internacional monetario y la limitación de las posibilidades del uso del rublo ruso para los pagos internacionales”. “La alta competitividad de la industria procesadora china (...) contribuirá a la futura expulsión del mercado ruso de los fabricantes nacionales de producción similar e impedirá la expansión comercial y de inversiones de las empresas rusas en el extranjero”. “La consolidación de la posición de China dentro de Asia Central puede minar las perspectivas de la futura incorporación de esta región en los proyectos de integración rusos”, añade el texto.

“El comportamiento más activo de China como de un 'nuevo rico' del club de líderes mundiales, en el campo de negociaciones e intervenciones, la consolidación del formato de G-2 (Estados Unidos y China) en la administración de los procesos económicos globales, la creciente influencia de China en el Fondo Monetario Internacional (FMI) y la Organización Mundial de Comercio (OMC)" afectarán a terceros, Rusia incluida, según el texto.

Más adelante, el documento estipula que la aceleración de la modernización de Rusia y, sobre todo, de Siberia y del Oriente Lejano, es imposible “sin aprovechar el potencial financiero, de innovación y de inversiones de la región Asia-Pacífico (RAP) como un recurso de desarrollo del país. El socio prioritario dentro de la RAP para Rusia es China”.

La 'Estrategia 2020' es fruto de un largo trabajo de diferentes expertos. Para la última etapa, que duró un año y medio, se creó por orden del primer ministro Vladímir Putin una estructura múltiple, compuesta por dos decenas de grupos de trabajo, liderada por dos economistas de índole liberal, rector de la Escuela Superior de Economía Yaroslav Kuzmínov y el rector de la Academia de Economía Nacional Vladímir Mau. Aunque el documento no coincide al cien por ciento con el programa del presidente electo y de su gobierno, ofrece una visión detallada de la situación y de las medidas a tomar. El prestigio de la persona que ha encargado el informe le concede al producto un valor especial, aunque, como es habitual para estos casos, no se sabe en qué parte refleja la opinión de los autores y en qué, las sugerencias de su inspirador.

Sea como sea, hasta hoy Rusia nunca ha dicho de manera tan abierta en documentos de este nivel que el crecimiento y el desarrollo de China represente una amenaza. El reciente artículo de Vladímir Putin sobre la política externa, publicado una semana antes de las elecciones, menciona problemas existentes en relaciones con China, como los de inmigración, pero solo de paso. En lo demás, su tono respecto al país asiático fue muy positivo. Así, por ejemplo, el presidente electo dijo que Rusia debía “captar el viento chino en las velas de la economía rusa”. Entonces, ¿significará la nueva retórica de la 'Estrategia 2020' un cambio de enfoque?

Por lo visto, este documento no vale para sacar conclusiones a largo plazo. Siendo un documento no oficial, siempre deja a las autoridades la posibilidad de desviarse. Y seguramente lo harán si China pide explicaciones al respecto. Y las pedirá, ya que Pekín nunca deja pasar desapercibidas declaraciones de este tipo. En esto se diferencia de la OTAN y de Estados Unidos, que no hacen caso de ningún tipo de publicaciones.

Sin embargo, sí que existen preocupaciones ocultas relacionadas con el crecimiento de China. Por primera vez en la Edad Moderna, Rusia resulta más débil que su vecino y la desproporción seguirá creciendo. Eso le obligará a Rusia, como mínimo, a elaborar un nuevo modelo de relaciones, a buscar una manera de coexistir con la nueva China, sobre todo dentro de unos cinco o diez años, si la dinámica actual persiste. Será una de las tareas de mayor importancia para Putin, aunque él, por lo visto, está más interesado en Europa y en Occidente en general porque los entiende mejor. En cuanto a China, entenderla resulta mucho más complicado.

De todas formas, no está claro por qué se incluyen las manifestaciones de estas preocupaciones en un documento de tan alto nivel, ya que no se trata de una política hostil de China respecto a Rusia, sino de los efectos secundarios del desarrollo de la propia China. Ciertas preocupaciones hasta carecen de fundamento. Así, por ejemplo, el tema del G2 fue abandonado hace dos años, ya que quedó claro que no sucedería nada parecido. Rusia no podrá oponerse a ello, además sería inoportuno, y una manifestación de inseguridad tan patente puede contribuir al desequilibrio en las relaciones en vez de mejorar la situación.

Al mismo tiempo, la 'Estrategia' contiene una serie de propuestas concretas, relativas a la necesidad de equilibrar las posibilidades de Rusia en Asia. Entre otros temas, se trata de la necesidad de diversificar sus socios económicos, para que China no sea el principal y el único contacto de Rusia en el Oriente Lejano. Pero el motivo general de alarma se mantiene.

Es verdad que las preocupaciones son lógicas, pero no cabe manifestarlas en voz alta. En sus relaciones con China, Rusia necesita un programa de actividades activo y positivo que contenga muchas propuestas e ideas para el desarrollo conjunto. La iniciativa la tiene que tomar Moscú, actuando de manera preventiva. Si se comporta de manera pasiva la agenda de Rusia en Asia la preparará China al no haber alternativas. Y entonces el motivo potencial de preocupaciones se tornará en una amenaza económica real. Y los culpables seremos nosotros mismos.

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