jueves, 22 de marzo de 2012

Un viaje hacia las utopías revolucionarias (Parte XXVI): El final de uno de los caminos

Manuel Justo Gaggero (especial para ARGENPRESS. info)

Como relataba en la nota anterior, luego de recorrer y conocer parte de las maravillas de Praga, decidimos, con Mario, este ocasional y fundamental compañero de viaje, que iríamos, al día siguiente, a Lidice.

Se preguntarán: ¿Porque elegimos este lugar? En el desayuno reconstruimos la historia que nos llevó a elegirlo.

Como señalábamos, en otra oportunidad, los habitantes de Praga habían sufrido, desde 1939 cuándo la ciudad fue invadida por tropas nazis, el horror de las detenciones de judíos y gitanos, enviados a los campos de concentración, fuera del territorio checo, en donde eran asesinados en las cámaras de gas.

La resistencia, en la que jugaba un rol importante el Partido Comunista de este país, organizaba a los trabajadores y al conjunto de la población para desarrollar acciones armadas contra los ocupantes.

Estando en La Habana, había visto la película “Trenes rigurosamente vigilados” que da cuenta del papel que desempeñaron los trabajadores ferroviarios, en la actividad de los partisanos.

El 27 de mayo de 1942, un comando, que integraban el checo Jan Kubis y el eslovaco José Gabcik, esperaban, en las calles de la ciudad, el paso del Mercedes Benz descapotado que conducía al Jefe de la Gestapo; el hombre de Hitler en el Protectorado de Bohemia y Moravia, Reinhard Heydrich, conocido como el “carnicero de Praga”.

A las 10:30, cuándo el eslovaco encañona al criminal alemán, y dispara la pistola Sten, la misma se traba.

La llamada “operación Antropoide”, parece que va a fracasar. Advirtiendo la situación en que se encontraban su compañero, Kubis arroja una granada al pie del vehículo, el mismo explota y el funcionario nazi es trasladado al Hospital, dónde muere, días mas tarde.

En el entierro, realizado en Berlín, Hitler le ordena a sus tropas, acantonadas en Checoslovaquia, llevar a cabo una violenta represión que les demuestre a este pueblo los costos de estas acciones de la Resistencia.

En ese contexto, el 10 de junio de ese año, tropas nazis rodean la aldea Lídice, de la que habían salido numerosos partisanos. Detienen a todos los hombres que son inmediatamente fusilados, a las mujeres las trasladan a los campos de exterminio, y a los niños los llevan a la capital del Tercer Reich, para ser “arianizados”.

Al día siguiente las casas fueron dinamitadas, y la aldea destruida totalmente. 343 entre hombres y mujeres y 80 niños, fueron las victimas de esta barbarie.

La ciudad fue reconstruida en 1949 y, cuándo llegamos a esta lo primero que nos hizo recorrer el guía fue el Parque de la Memoria, en cuyo centro se encuentra un monumento a los caídos y una inmensa placa en homenaje a los dos héroes de la Resistencia -Gabzik y Kubis- que fueran abatidos por la GESTAPO.

Volvimos a la tarde a Praga y decidimos hacer una breve recorrida por las calles de la ciudad para ver, nuevamente, el reloj astronómico construido en 1410 -uno de los mas antiguos de Europa-.

Al regresar al Hotel me esperaba Francisco, el funcionario de la Embajada cubana que me había recibido, que me venía a avisar que al día siguiente embarcaría para Zurich, primera escala del viaje de regreso.

Este lo haría en la Aerolínea suiza y en la mencionada ciudad trasbordaría a otra aeronave que, con escala técnica en un país africano, me llevaría a San Pablo, en donde culminaría el viaje en avión.

Me entregó una suma de dinero para los gastos y con él, y con Mario, decidimos cenar juntos para despedirnos ya que, probablemente, nunca más nos volveríamos a ver.

Durante la cena, nos divertimos escuchando las anécdotas de Mario sobre su vida en la capital de Japón, y las complicaciones que tenían sus hijos para comunicarse con sus progenitores en español y en japonés.

Conforme a lo previsto, al día siguiente, muy temprano, partí de aquella ciudad y de aquel país.

El regreso no tuvo ningún sobresalto. De esta forma finalizaba uno de los caminos que recorrería en la búsqueda de las utopías revolucionarias.

En la próxima seguiré relatando este continuo caminar, que como dice el poeta, “se hace al andar”.

Manuel Justo Gaggero es abogado. Ex Director del Diario “El Mundo” y de las revistas “Nuevo Hombre” y “Diciembre 20”.

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