miércoles, 25 de abril de 2012

Dictadores siguen sin decir dónde están los nietos apropiados

Irina Santesteban (LA ARENA)

El ex dictador Jorge Rafael Videla hizo declaraciones al periodista Ceferino Reato, donde reivindicó el accionar del terrorismo de Estado, minimizó el número de víctimas y dijo que "Dios nunca le soltó la mano".

Declaraciones mesiánicas como las que hizo recientemente el genocida Jorge Rafael Videla y que fueron ampliamente difundidas por los medios de comunicación, explican en parte cómo eran (y son) quienes dieron el golpe de Estado del 24 de marzo de 1976. Con el terrorismo de Estado como metodología de "aniquilamiento" de sus enemigos, calificaron de "subversivos" a todos aquellos que se oponían al plan de entrega del patrimonio nacional, programa económico neoliberal, la sistemática desaparición de miles de personas, robo de bebés, etc., acompañados por muchos civiles (empresarios, periodistas, sindicalistas, obispos, etc.).

Los organismos de Derechos Humanos dicen que fueron 30.000 las víctimas de la dictadura, entre desaparecidos y asesinados. Para Videla "sólo" fueron 8.000. Para la Justicia lo sucedido en los años del denominado Proceso de Reorganización Nacional, fue un "genocidio", aplicando esa figura del derecho internacional humanitario por primera vez en los procesos que se están desarrollando en nuestro país, por los crímenes de lesa humanidad cometidos por la dictadura militar.

Sin conocer la verdad

Ese genocidio no ha finalizado, pues uno de sus efectos más perversos, continúa produciéndose. Los bebés nacidos durante el cautiverio de sus madres y arrancados a sus familias, hoy jóvenes de poco más de 30 años, siguen todavía sin conocer la verdad sobre su identidad. El derecho a la identidad es el primero que enumera la Convención Internacional sobre los Derechos del Niño. Es el primer derecho que tenemos las personas, saber quiénes somos, de dónde venimos, quiénes son nuestros padres, cuál es nuestra historia genética y familiar.

Luego que la labor incansable de las Abuelas de Plaza de Mayo recuperara 105 de esos niños apropiados, se calcula que son 400 los jóvenes que permanecen en esa situación, sin que hasta ahora ninguno de los responsables de ese horrendo crimen, haya roto el "pacto de sangre" que hicieron para no develar lo que ocurrió con esos bebés, arrancados de sus madres, a quienes luego asesinaron de las peores formas imaginables.

A la espera

La asociación Abuelas de Plaza de Mayo nació en 1977, como una agrupación de mujeres que se fueron juntando y reconociendo en los múltiples trámites que hacían en despachos oficiales, cuarteles, juzgados, comisarías, iglesias, para conocer el destino de sus hijos secuestrados y desaparecidos.

Entre esos hijos había centenares de jóvenes embarazadas, a quienes se mantuvo con vida, en condiciones brutales, para hacerlas parir en maternidades clandestinas (Campo de Mayo, Escuela de Mecánica de la Armada, Pozo de Banfield, Hospital Militar de Córdoba, etc.), y luego entregar a esos bebés a familias de militares y policías que estaban a la "espera" de esos niños. Según ha quedado demostrado en los juicios por los delitos de lesa humanidad, fue un plan sistemático no sólo para secuestrar a militantes y opositores a la dictadura, sino también para la apropiación de niños, hijos de las desaparecidas.

Botín de guerra

Para las Abuelas de Plaza de Mayo, los niños secuestrados fueron el "botín de guerra" de la dictadura, y fueron inscriptos como hijos propios por los militares, o por sus familias o amigos. En algunos casos, fueron dejados en cualquier lugar, vendidos o abandonados en institutos como NN. De esa manera los hicieron desaparecer al anular su identidad, privándolos de vivir con su legítima familia, de todos sus derechos y de su libertad.

Además de buscar y restituir a sus legítimas familias, a todos los niños (hoy jóvenes) secuestrados y desaparecidos por la represión de la dictadura militar, las Abuelas de Plaza de Mayo tienen como objetivo el crear conciencia para que nunca más se repita tan terrible violación de los derechos de los niños, además de exigir castigo a todos los responsables.

Historia de Mima

Son innumerables las historias que pueden contarnos las Abuelas de Plaza de Mayo. Hace unos días, el 21 de abril, falleció en Córdoba Irma Ramacciotti de Molina, una de las pocas Abuelas que quedaba en esta ciudad.

Irma, o "Mima", como todos la conocían, fue maestra, directora de escuela y se jubiló como inspectora escolar. Afiliada desde siempre al sindicato docente cordobés (la UEPC), su esposo era trabajador de EPEC, la empresa de Energía, y pertenecía al Sindicato de Luz y Fuerza, que por muchos años dirigió el sindicalista combativo Agustín Tosco. De esta familia, nació Lucía, la mayor de seis hermanos, que desde muy joven asumió una militancia revolucionaria. Lucía fue secuestrada en Villa Ballester, provincia de Buenos Aires, el 21 de abril de 1977, cuando estaba embarazada de cuatro meses. Treinta y cinco años después, el mismo día, Irma dejaba este mundo sin conocer el destino de su hija ni el de su nieto, presumiblemente nacido en cautiverio.

El otro nieto

Un año antes de la desaparición de Lucía, Irma había tenido que luchar para recuperar al primer hijo de Lucía, Santiago, que con sólo un mes y medio de vida, fue rescatado de entre los escombros de la casa donde vivía con sus padres en el barrio de San Vicente, en Córdoba, luego que fuerzas del Ejército los atacaran. Allí fue asesinado su padre y primer esposo de Lucía, José Luis Nicola. Santiago fue dejado en la Casa Cuna, adonde fue Irma a rescatarlo.

En el secuestro de Lucía en 1977, Santiago tenía poco más de un año y también fue dejado por segunda vez, por las fuerzas militares, en otra Casa Cuna, esta vez en la ciudad de La Plata, adonde fue nuevamente Irma a buscarlo, luego de deambular por más de un mes en distintos juzgados y hospitales. Santiago fue criado por su abuela "Mima" junto a los cinco hermanos de su madre, con su triste historia de haber sobrevivido a dos secuestros violentos, con sus dos padres víctimas de la dictadura militar, pero recuperado por el amor de su abuela. Hoy tiene 36 años, vive en Córdoba junto a su esposa, su hija Julieta, y esperando la llegada, dentro de dos semanas, de su próxima hija, Violeta. Su bisabuela no tuvo tiempo de conocerla.

Sin tiempo

Apesadumbrada por la muerte de Irma, la otra Abuela de Córdoba, Sonia Torres, reclamó a la Justicia Federal el aceleramiento de las causas por la restitución de los niños nacidos en cautiverio. "Se nos acaban los tiempos, vamos quedando pocas Abuelas. De veinte que éramos en Córdoba, quedamos dos", dijo Sonia, madre de Silvina Parodi, la jovencita de la Escuela Belgrano que fue secuestrada por los militares cuando cursaba el sexto mes de embarazo.

En Córdoba, está en lista de espera una "megacausa", la del centro clandestino de detención conocido como "La Perla", pero las continuas chicanas que interponen las defensas de los genocidas, han llevado a una demora que corre contra el tiempo de las ancianas Abuelas.

Pilares de identidad

Nominadas para el Premio Nobel de la Paz, estas fuertes mujeres, a quienes la vida las colocó en una militancia que ni se imaginaban tener en esa etapa de sus vidas, consiguieron restituir su identidad a 105 jóvenes.

Como lo afirman ellas mismas: "Trabajamos por nuestros nietos -hoy hombres y mujeres-, por nuestros bisnietos -que también ven violado su derecho a la identidad-, y por todos los niños de las futuras generaciones, para preservar sus raíces y su historia, pilares fundamentales de toda identidad".

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.