miércoles, 11 de abril de 2012

Ecuador: La ley de comunicación va. ¿y si no va?

Alberto Maldonado (especial para ARGENPRESS.info)

De acuerdo a la Constitución en vigencia, hace dos años debió haber sido aprobada la nueva Ley de Comunicación. De conformidad con la decisión del pueblo ecuatoriano (mayo 7/2011) la Asamblea Nacional (antiguo parlamento) debe dictar esa ley; pero, como buenos ecuatorianos, ya vamos para los 3 años que debió ponerse en vigencia ese cuerpo legal. Y para el miércoles 11 de abril/2012 el Presidente de la Asamblea, ha anunciado que esa Ley será puesta a votación de la Asamblea. Y todo el pueblo ecuatoriano se pregunta: ¿será?.

Esto me recuerda al Pepe Moncada, ex Rector de la Universidad Central del Ecuador; y un economista más que bien informado. Él decía que en las constituciones que han estado en vigencia y en las leyes existe una gran cantidad de preceptos que nunca han sido puestos en práctica. Y eso que él no vio la última Carta Política (creo que es la 21) Y, en ella, se da un plazo de un año para que se dicte esa ley. Ya vamos para tres años y..?

También recuerdo que, no solo la actual Constitución sino muchas otras, del siglo 20, dicen que “todos los habitantes del país somos iguales ante la ley” Pregunto inocentemente: ¿somos iguales? Me parece que no. Por ejemplo, ¿cualquier ciudadano es igual a los asambleístas Montúfar, Tibán, Cobo o Pinoargote? Yo pienso que no. El asambleísta Lara, por decir algo, ha formulado cargos contra sus enemigos políticos; y nada. Si mintió o no dijo la verdad, pues tenía que sufrir las consecuencias. Los asambleístas Lara y Viteri (el uno de Los Ríos y el otro de Manabí) han dicho lo que les ha dado la gana; y nos les ha pasado nada. ¿Somos iguales?

Por decir otra vez algo: ¿somos iguales ante la ley con los señores Pérez, los herederos de El Universo? ¿Somos iguales que cualquiera de los columnistas del diario sipiano El Comercio, que miente todos los días y a toda hora? ¿Les pasará algo a los asambleístas que voten porque se archive el proyecto de ley de comunicación? ¿algún juez (no necesariamente tiene que llamarse Juan Paredes) tendrá los cojones en su puesto para obligarles a que dejen de mentir y sigan hablando de la “ley de medios” cuando lo que queremos es que dicten una ley de comunicación?

Para atar cabos y seguir adelante, dígase lo que se diga, pero un medio de comunicación le da a sus dueños, directores o periodistas, cierto hálito de intocables. Y si se les toca, porque han cometido una falta, saltan la SIP-CIA, el Grupo de Diarios de América, los diarios que antes respaldaron a las dictaduras de Chile y de Argentina, y ahora, la UNP, que está en manos de un caballero que trabaja para El Universo; y hasta la Federación Nacional de Periodistas (FENAPE) se ha unido al aquelarre. Las y los (que antes eran ignorados por los mismos diarios sipianos) claman a los cuatro vientos que, en este Ecuador, no se respeta la libertad de expresión y que los ecuatorianos tenemos un Presidente (Rafael Correa) que es un “riesgo” para la tal libertad de expresión (de ellos) Y no les pasa nada. ¿Puede un ciudadano de a pie decir y acusar de cualquier cosa al Presidente de la República, y que no le pase nada?

Y este mismo momento me acuerdo de nuestra Ley, la Ley de Ejercicio Profesional del Periodista, que está en vigencia (según todos los cánones del derecho) desde el 30 de septiembre de 1975. Es decir, vamos por los 37 años de vigencia de esa ley. Habría que preguntar ¿cuántos medios de comunicación la han acatado, o la han aplicado? Al principio, por pura novelería, a regañadientes; y eso porque hubo un par de presidentes de Colegios de Periodistas de Pichincha (CPP) que se jugaron tratando de que los grandes medios apliquen la ley. Pero ellos (los dueños de los medios) que en la práctica “son de primera”, simple y llanamente se limpiaron con la Ley; no la hicieron caso. Al principio (hace 30 años) algo. Pero, entre otros, las autoridades que tenían que cumplir con esa disposición legal dijeron: “ustedes ¿están locos?. Yo prefiero enojarme con ustedes, los periodistas profesionales, pero no con un medio de comunicación, del cual dependo en el presente y en el futuro” Y la ley quedó en eso; en letra muerta, que no la aplica nadie; o solo los despistados de siempre. Por ello, y mucho más, es muy recordado el Pepe Moncada.

Desde hace rato yo (y muchos más) no comulgamos con aquello de la inmunidad parlamentaria que más se parece a la impunidad parlamentaria. Y pregunto otra vez: ¿los simples mortales de un país podemos decir lo que nos dé la gana? La respuesta es no; pero por ahí leo que en otros países, más adelantados que el nuestro (Por ejemplo Estados Unidos de Norteamérica) lo que llaman el “desacato” ya no es delito; y que por lo mismo, en Ecuador, esto de insultar al Presidente, a través de un medio comunicacional (o a cualquier ciudadano (na) ya no debe considerarse un delito.

Esto me recuerda, en primer lugar y antes de que me olvide, que un periodista norteamericano (de aquellos que si los hay; o los había) decía, hace mucho tiempo, que en EE.UU. se puede insultar al Presidente de la República; y no le pasa nada; se puede insultar a la mamá del Presidente de la República, y tampoco le pasa nada. Y remataba, con esta perla: “pero no se puede decir en un medio comunicacional que se ha encontrado un bicho en una botella de coca-cola. Porque entonces sí, el tal por cual del periodista merece todos los castigos, habidos y por haber” Este recuerdo, simple y llanamente, para determinar que en los países desarrollados no mandan los periodistas, ni los medios; manda la publicidad, que, hoy en día, se llama marketing. ¡Y solo puedo exclamar cuidado con el marketing! que ahí si puedo merecer los castigos más severos.

Y, en segundo lugar, me acuerdo de otra realidad, muy ecuatoriana. ¿No adivinan qué? Nadie, por supuesto ha hecho una investigación; o por lo menos yo no la conozco. El problema a es que los medios de comunicación (en especial los impresos) son los que más han demandado el cumplimiento de las leyes (cuando les conviene) pero olvidaron que también tienen que cumplirlas. Y recuerdo que nuestra Ley (la de los periodistas profesionales) ha sido no solo manipulada sino desconocida olímpicamente, por ¿saben por quienes? Pues por los medios de comunicación.

Pensé que el asambleísta Andino, se olvidó de nosotros, los periodistas profesionales. Igual que el Presidente Correa. Los dos han vuelto a comprender qué si alguien tiene la obligación de un alto nivel académico, ese es el periodista. El periodista profesional debe ser un individuo bien preparado; pero, desde que la Corte Constitucional (mucho antes de la era Correa) dijo que no era necesaria la colegiación, para ejercer una profesión de nivel universitario, los medios comunicacionales se valieron de ese pretexto, para desconocer totalmente la Ley y “graduar” de periodistas a los primeros que encontraron: auto candidatos a embajadores, gente que debe defender sus negocios, parlanchines de todo tipo (todólogos, les dicen) y no faltó, el primero que pasó por la esquina; al que fácilmente se le puede poner una grabadora en la mano y decirle que vaya a “entrevistar” a fulano o fulanita; y que recoja no más lo que le diga. Si al médico se le exige el título universitariio, para que pueda diagnosticar a un enfermo; con mayor razón a quienes tenemos que vernos, todos los días y a toda hora, con el público en general, que cada vez es más exigente. Para que no le pase lo que al señor Emilio Palacio (que de aficionado a la sociología se pasó a aficionado al periodismo) sepa distinguir entre lo que se puede decir, aún a título de opinión; y lo que no se puede decir, sin que le enjuicien. Y le “obliguen” a vivir en Miami

En fin, lo que muchos queremos es que dicten los asambleístas la ley de comunicación, que para eso están y están bien pagados. Pero nadie me puede decir que son iguales ante la Ley, ya que ellos (en otros tiempos) eran los padres de la patria; y del padre se espera siempre cosas buenas. Caso contrario, que se les impute (no es mala palabra) algún delito y no solamente pierdan (en la próximas elecciones) su calidad de legisladores, sino que no pueden serlo nunca más.

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