miércoles, 25 de abril de 2012

El año electoral toca a su fin: Se impone la anarquía neoliberal

Gastón Pardo (especial para ARGENPRESS.info)

A las pocas horas de la primera vuelta de las elecciones presidenciales francesas, el Partido socialista comenzó a dar señales de interés por instalar su postura dentro del engranaje de las mutaciones antisistémicas que se están dando en el mundo. Un texto interesante sobre ello, así por su contenido, como por el medio transmisor de la intervención.

La entrevista del portavoz del Partido Socialista, es decir, del candidato Hollande, Benoit Hamon, concedida a Russia Today (23.04.12). El interés radica en que el texto ha sido difundido por un medio informativo fuera de la geografía europea occidental, lo que compromete más al portavoz que al candidato.

Es el tipo de texto, que aspira a ser ajeno a las contingencias electorales de aquí a la segunda vuelta (sumergido en el temor a sus efectos en la opinión, temor de implicar al candidato); y en la perspectiva de la victoria de Hollande (lo que está lejos de ser un hecho y que seguirá por unos días a nivel de hipótesis, y sólo en la dimensión material de la hipótesis, presentó el site belga Dedefensa.org la síntesis de la entrevista al día siguiente de publicada).

Las ideas son sintomáticas porque expresan a la vez la conciencia plena de la inhumanidad del sistema económico y de sus representaciones, y la adhesión a la irracionalidad de las medidas violentas para apaciguar las fuentes de aprovisionamiento de energéticos a los mercados europeos que carecen de ellos.

El portavoz socialista expresó a Russia today que Francia no se sumará a las medidas que provocan la miseria de otros países europeos y que en ese sentido no respaldará a Alemania, pero al mismo tiempo se suma a las medidas violentas como las empleadas en Libia para el control de los mercados petroleros.

El inevitable marco de referencia

La campaña electoral para el cambio de autoridades por la vía del sufragio en 2012, se ha caracterizado por la pobreza del debate en todos los países donde el público cambiará sus autoridades centrales, sobre las grandes orientaciones estratégicas. La mediocridad ilimitada del debate propuesto a los mexicanos obliga a pensar, a la luz de los antecedentes anclados por Felipe Calderón, cuyo entreguismo a los guardianes anglosajones del sistema neoliberal quedó definido de manera indiscutible con el calificativo de irracional que lanzó sobre la presidenta argentina por su decisión de nacionalizar una parte de una transnacional española depredadora.

Con ese antecedente ante el cual los candidatos han respondido con su adhesión expresa como lo hizo el candidato favorito del PRI, la elección del presidente de una nación que ha dejado de ser soberana se limita a escoger entre varios personajillos de bajo perfil al procónsul de la sureña provincia del imperio. Un imperio en decadencia, por cierto, pues el modelo neoliberal está en caída libre, lo mismo en Argentina que en Brasil o Sudáfrica.

Algunos intelectuales al servicio del sistema, que suelen hacer declaraciones como si fueran críticas de verdad al sistema, han descrito esa extraña campaña, como una en la que los medios desinformativos y la clase política encuentran la ocasión sólo de esquivar sus responsabilidades.

La decadencia del sistema hegemónico

El síntoma mayor de la decadencia del sistema es el marcaje a la baja de sus finanzas y del negro porvenir de su economía. La situación a que Grecia ha sido condenada es insostenible y está a punto de contagiar a España donde su juventud ha quedado encauzada al combate contra el neoliberalismo bancario. Los países europeos como Francia, Alemania e Inglaterra permanecen a la espera de una sorpresa desagradable.

Los franceses están a punto de elegir al presidente de su república, pero dan la impresión de no darse cuenta de la función [y los poderes] que le van a otorgar. La campaña electoral se ha centrado en una variedad de temas escabrosos [y sin importancia], como por ejemplo si el acceso a las piscinas deben ser mixto o si es necesario poner etiquetas a la carne, pero nunca se discutió en serio sobre los principales atributos constitucionales del presidente: «el respeto a la Constitución, el buen funcionamiento de los poderes públicos [es decir el gobierno], la continuidad del Estado, la independencia nacional, la integridad territorial, el respeto de los tratados» (artículo 5).

Es como si los franceses en general y en especial sus diez candidatos presidenciales hubiesen admitido tácitamente que Francia ya no es un estado independiente, como lo declara el portavoz del PS a Russia today, que ya no son soberanos, y por consecuencia, su democracia se limita ahora a la gestión de temas corrientes. De tal manera, se aprueba la primera reforma de la legislación penal, para consagrar la tendencia del mandato de quien será el último presidente del PAN neoliberal straussiano.

Esta caída no reconocida es aún imposible de verbalizar. Por eso, cuando el candidato socialista Francois Hollande, sugirió a sus principales competidores, a excepción de la candidata Marine Le Pen, a firmar una declaración conjunta afirmando que la política de Francia hacia Siria no cambiará, independientemente de quien fuese elegido como presidente, hubo candidatos que se negaron.

Y con sobrada razón, ya que les parecía una vergüenza confesar públicamente que la política exterior francesa ya no se decide en el Elíseo [sede del gobierno francés en París], sino en la Casa Blanca [en Washington], la misma incluso manipulada a la vez por los grupos de presión y el lobby—, y que ninguno de ellos tendría la capacidad o posibilidad de cambiarlo.

En este traspaso, de hacer política a hacer simplemente la gestión, queda bien ilustrado con el lema utilizado por el candidato socialista Francois Hollande: «El cambio es ahora», lema que va acompañado de un movimiento de antebrazos de manera paralela, antebrazos que se acercan y se alejan y que no se cansan de repetir los partidarios de esta agrupación, es más bien un signo de impotencia. Para afirmar que el cambio se limitará al día de las elecciones, se reconoce inconcientemente que se renuncia a la ambición de «cambiar la sociedad», que fue buscada de manera vana por el ex presidente Francois Mitterrand; es reconocer que los electores pueden cambiar el equipo que está en el poder, pero no podrán cambiar las decisiones que el equipo en el poder tomó.

La superpotencia sistémica cultiva ahora una obsesión infinita, a la medida de su tendencia suicida, que sale para reforzar al atlantismo anglosajón en su carrera incontenible al vacío acompañándola de la maniaco depresión, que es la expresión más alta de la “cultura” que el sistema engendra en su etapa de declive. El mismo sistema que expresa su aspiración desesperada de sobrevivir, con tendencias sucesivas tomadas de sus distintos componentes, ha reaccionado en varios países en lo que va del año, a veces en correspondencia al sentimiento anglosajón, y a veces en su contra.

Por el momento, la ambigüedad obliga a limitarnos a presenciar los intervencionismos duros, como el intentado por el Instituto por una sociedad abierta en Rusia, donde quiso deslegitimar el triunfo electoral de Putin para traducirlo como síntoma de desorden. Pero lejos de la ideología el triunfo del estadista ruso se ha transformado, para los rusos, los chinos y los franceses en principio ordenador de cara al sistema decadente. Sólo el mandatario mexicano, salido de la nada y listo ya a regresar a la nada, se aferra al sistema.

La eventual llegada del “presidente Hollande” al escenario colocaría sobre el tapete la perspectiva objetiva de aumentar el desorden, matizando de sospecha y de inquisición las condiciones de Francia para mejor adaptarse al sistema anglosajón, porque en el nuevo paisaje francés jugarán decisivamente los intereses petroleros que, a la vez, incrementarán en Europa, el Medio Oriente y México las tensiones y el desorden. Y estos puntos son aplicables ahora en la Unión europea y la OTAN, una zona para la que sigue siendo un misterio la mejor manera de tratar con los estados de las zonas petroleras. Sólo veamos el fiasco de una transnacional española en Argentina. O el genocido latente en México para el apoderamiento de los terrenos en que se encuentran yacimientos petroleros o la minería.

Le asiste la razón a Dedefensa.org cuando advierte la presencia del general De Gaulle en las tímidas manifestaciones socialistas anti sistémicas. Thierry Meyssan lo ha confirmado recientemente en la Red Voltaire (22.04.12):

“Cada familia política sin excepción evoca al espíritu combativo del general Charles De Gaulle y proclama su deseo de independencia contra el sistema de dominación global del Imperio anglosajón. Algunos incluso están considerando la eliminación o la retirada de algunos tratados europeos, o incluso abandonar el mando de la OTAN. Sin embargo, esos candidatos presidenciales han tomado un cuidado meticuloso para no hablar de la manera de obtener esta independencia: los instrumentos para dotarse de esa defensa. Todos pretenden ignorar que el presidente de la república es el jefe de las Fuerzas armadas francesas (artículo 15 de la Constitución). Aunque en veinte años transcurridos, Francia ha reducido en seis veces menos el tamaño de su ejército.

“Y cuando Nicolas Sarkozy ordenó el despliegue de las fuerzas militares francesas a lo largo de la costa de Libia, el Comando conjunto francés señaló que estaba llevando a cabo esta misión mediante el desplazamiento y desviación de materiales y unidades de guerra necesarias para la defensa de la zona metropolitana del país. En resumen, si apenas somos capaces de defendernos en tiempos normales bajo la protección de los EU, ya no tenemos la fuerza necesaria para defendernos independientemente de esta protección. Por lo tanto, todos los debates sobre la desglobalización, los servicios públicos, e incluso de democracia parecen una ilusión”.

Todo se decidirá en el centro del imperio

La desesperanza de Meyssan tiene su contrapeso.

La situación será definida en Washington para que un razonamiento justo la ponga en movimiento por definición. Esa dinámica justa y racional, que aplica sus efectos sólo sobre individuos mal seleccionados, podría hallar su campo de explicación, que evolucionaría en sentido inverso del deseado por los straussianos neoliberales.

La atención mundial debe permanecer fija sobre el personaje central de la política estadounidense: Ron Paul. Animador original del Tea Party, fue minimizada su posición antisistema por el establishment republicano que terminó descartándole en las primarias presidenciales.

Ron Paul abrazó la causa de Wikileaks proseguida por Anonymous consistente en desmantelar a la clase política actuante con la exhibición de sus enjuagues. De tal manera quedaron al descubierto los circuitos nada recomendables de Stratfor y sus compromisos con la inteligencia anglosajona israelí. Se adhirió a la idea de un gobierno central fuerte en una dimensión distinta a la exclusivamente belicista del partido central fuerte de los comportamentalistas de Washington. Criticó la política energética del país basada en la exportación de la guerra y se propuso detener la carrera armamentista.

Estos son puntos para poner a reflexionar a los intelectuales orgánicos mexicanos, que como los candidatos presidenciales, carecen de ideas.

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