miércoles, 25 de abril de 2012

Segunda Vuelta: Francia y la pesadilla conservadora

Juan Francisco Coloane (especial para ARGENPRESS.info)

Es útil poner la mirada en el mito de la Francia progresista acosada por las conservadoras Alemania y Gran Bretaña y pensar que desde hace mucho es el modelo para armar y nada está muy definido.

El tiempo en que Francia producía algunos pensadores socialistas interesantes de peso y capaces de influenciar se ve hoy como un remoto pasado.

Más bien han surgido voces incisivas y agresivas que tienden a desmitificar la posibilidad de la igualdad y la idea central de que el capitalismo puede ser reemplazado por un sistema de desarrollo solidario y basado en decisiones consultadas con la población. Esto no garantiza que las nuevas generaciones opten necesariamente por el socialismo, sin embargo es importante en cualquier sociedad pasar de la etapa del diagnóstico a la de propuestas con participación ciudadana.

Pareciera ser que Francia es el país del centro político por antonomasia, simplemente porque los principios de la Revolución Francesa son entelequias cuando se trata de contener la subversión al capitalismo. El riñón oligárquico en el mundo es demasiado poderoso como para abrirte espacios a la solidaridad socialista por arte de gracia.

En la votación de la primera vuelta en la elección presidencial del pasado domingo, la distancia que separan a François Holland y Nicolás Sarkozy es inferior a un 2%, a favor del primero.

Si hubiera un grado previsible de coherencia en los electores y el 18 % de la ultraderechista Marine Le Pen así como el 9% del centrista Bayrou se sumaran al 27.08% de Sarkozy este sería reelecto.

Sin embargo los sondeos señalan que estas sumas no son tan mecánicas y el socialista FH sería el vencedor este 6 de mayo.

Los electores que no se encandilan con el socialismo de Holland, que por muy deslavado que sea lleva al menos la sonoridad ideológica, suman con creces más del 50 % del electorado a juzgar por la primera vuelta.

Es así que después de un desastroso gobierno la adhesión al presidente francés no disminuyó demasiado en comparación con la primera vuelta de la elección de 2007. Sarkozy entonces con 31.18%, para vencer a la socialista Segolene Royal (26.8%), pudo echar mano al 29.1% proveniente de los votos del derechista J.M.Le Pen (10.44%) y del centrista Bayrou (18.57%).

En 2012 el escenario es diferente. Marine Le Pen (hija de J.M.) y Bayrou suman 27.2% y el “frente” anti Sarkozy cuenta supuestamente con un 15.38%, levemente a favor del socialista.

Sarkozy para ser reelegido a partir de su 27.08% deberá contar con la mayor parte de la votación (cerca del 90%) conseguida por Le Pen y Bayrou en la primera vuelta que consiste en 27.2 %. Según sondeos de algunas empresas (OpinionWay;Harris), no existe una clara preferencia por Sarkozy entre los simpatizantes tanto de Le Pen como de Bayrou para llegar a ese 90%.

Por su parte FH cuenta con el apoyo del candidato del frente de izquierda Jean –Luc Mélenchon que obtuvo 11.13% y sondeos señalan que la intención de voto mayoritaria de la oposición dura hacia Sarkozy estaría con Hollande. Si bien por los sondeos Hollande exhibe ventaja, todavía su adhesión es frágil considerando la alta abstención y el porcentaje de los indecisos o los que no se pronuncian que se acerca al 30 %.

La diferencia entre los candidatos es mínima y ambos dependen de la votación de los 8 candidatos restantes. La fragmentación es aparente dentro de un ámbito polarizado. Hay una tendencia poderosa para zafarse de Sarkozy por las fallas en sus políticas ultra conservadoras, regresivas a los beneficios sociales y ambigüedades respecto al estado.

La otra postura es reelegirlo precisamente porque en tiempos de aguda crisis económica (12 % de desempleo, alta deuda fiscal) un sector del electorado se aglutina en continuidad y rechazo al cambio cobijándose en el conservadurismo.

Ambos necesitan de un pool de electores mezclado compuesto por detractores y adherentes a sus planteamientos, así como los inefables indecisos.

Hay una zona gris y de desconfianza al sistema que proviene del típico y conocido ámbito político creado por el neoconservadurismo cuyas cabezas prominentes eran George W. Bush tiempo atrás y Angela Merkel en la actualidad.Sarkozy ha urdido muy bien su estrategia en acrecentar el oscurantismo de esa zona gris en donde solo es posible el reinado del gran capital y sus ramificaciones en la sociedad.

Cuando la razón política es subordinada a la determinante económica las ideas conservadores se nutren y fluyen en un contacto más directo con la gente y el cambio hacia una sociedad más solidaria se ve como una abstracción inasible.

El argumento de la fortaleza de Francia como lo ha hecho Sarkozy, reverdece preceptos imperiales del tiempo colonial estimulado con las intervenciones militares en Libia, Siria, y Afganistán.

Cuando François Hollande habla de “reorientar Europa”, esa frase debería también dirigirse a la tierra de Obama, cuna del neoconservadurismo más despiadado de que se tenga memoria y que tiende trampas en países emblemáticos como Francia. De vencer podría tener una tarea más global.

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