martes, 8 de mayo de 2012

CELAC: mirando el futuro

Carlos Angulo Rivas (especial para ARGENPRESS.info)

El gobierno de Estados Unidos se presenta alrededor del mundo como una escuela de democracia. La historia norteamericana de los textos escolares muestra a esta original nación como guía internacional de la democracia y la libertad, en tanto que la historia imperial verdadera ni siquiera se menciona.

Sin embargo, leyendo al profesor eméritus de ciencias políticas de la Universidad de Boston, Howard Zinn, en su libro “la otra historia de los Estados Unidos” podemos observar, con toda claridad, que desde la independencia de ese país en 1776 hasta nuestros días la edificación social se ha fundamentado en la dominación sin freno de los indígenas, los afroamericanos, los obreros pobres, los inmigrantes europeos llegados en servidumbre, las mujeres y los inmigrantes de México, Centroamérica y del sur del continente. Los tentáculos de la arbitrariedad, la injusticia y la ilegalidad, siempre contradijeron los principios enarbolados en la declaración de la independencia de Filadelfia. La sangrienta “anexión” de inmensos territorios mexicanos (California, Texas, Nuevo México, Arizona) inició la próspera industria de la guerra con matanzas y exterminio de mujeres, niños, ancianos y pobladores humildes.

El patriotismo del ejército norteamericano de entonces y de ahora no es serio ni efectivo ni real. Los integrantes del ejército son voluntarios atraídos por los beneficios pecuniarios y la oportunidad de promocionarse socialmente gracias a su ubicación en la fuerza armada. A favor de la ilegal “anexión” aprobada en Washington, la mitad de los combatientes de “México o muerte” eran irlandeses y alemanes pobrísimos recién llegados, a quienes los gobernantes hicieron promesas increíbles de protección a sus familias. En vísperas de la guerra civil, la predominancia del liderazgo estaba en el dinero, la propiedad, la renta y los beneficios a lograr, de ninguna manera en el movimiento anti esclavista. Posteriormente, a principios del siglo XX la desigualdad entre los ciudadanos se fue acrecentando, los sindicatos fueron perseguidos a sangre y fuego y los partidos de origen socialista fueron puestos fuera de la ley, asesinando selectivamente a los dirigentes y encarcelando a sus líderes. A los negros había que ponerlos en su lugar, a los indígenas ignorarlos y arrimarlos hacia las reservas, a las mujeres destinarlas al hogar y a los trabajadores blancos prohibirles las huelgas; de esta forma las élites industriales, financieras y políticas del Norte y Sur, asumieron el control del país en función del voraz crecimiento de la riqueza de unos pocos y sus empresas monopólicas.

Cien años después del surgimiento del sistema bipartidario dominado por los más ricos del país, Wall Street y las empresas multinacionales, la tan mentada democracia norteamericana se ha repartido el poder en todas las instancias políticas, administrativas, judiciales y gubernamentales. El voto popular no cuenta para nada en medio de la elección de multimillonarios al Congreso y al Ejecutivo; así las campañas electorales se han convertido en una fantasía multicolor de propaganda dirigida a elegir a representantes acaudalados con los mismos intereses. En más de 200 años de democracia representativa, el pueblo norteamericano no ha logrado colocar un solo pobre en el Congreso, menos aún en la Casa Blanca. Este ejemplo de democracia de la súper potencia hegemónica, por supuesto, ha sido copiado por casi todos los países del mundo y por imitación, en defensa de intereses propios de los más ricos, invariablemente ajenos a la población menesterosa, los dirigentes políticos de las naciones emergentes y del tercer mundo, en su gran mayoría corruptos, optan por el apoyo dócil y obediente a los Estados Unidos. Y en América Latina con la creación de la Organización de Estados Americanos - OEA, instrumento de la Casa Blanca, Estados Unidos ha sojuzgado por más de 60 años a todos los países de su llamado “patio trasero” a excepción de Cuba luego de la revolución encabezada por Fidel Castro.

En el contexto de una democracia falsa, de los ricos y para lo ricos; y de una libertad restringida por el abuso de la “legalidad” del sistema imperialista, Estados Unidos pretende dar cátedra de democracia universal sin mirar la constante opresión de vastos sectores de su propio pueblo. Además, Estados Unidos no respeta la democracia interna de los organismos internacionales, pues mientras el total de los países del mundo en la ONU, menos dos Israel y Estados Unidos, consecutivamente, votan todos los años por el levantamiento del embargo y el bloqueo a Cuba, el gobierno norteamericano opta por la tiranía de la imposición; y mientras el total de los países integrantes de la OEA menos dos, Estados Unidos y Canadá, votan por invitar a Cuba a la Cumbre de las Américas, singularmente el gobierno norteamericano vuelve a practicar la tiranía y la intransigencia. ¿Son todas estas demostraciones de poder absolutista enseñanzas democráticas a ser difundidas? El subterfugio de Barack Obama de negar la participación de
Cuba en la última Cumbre de las Américas realizada en Cartagena de Indias, Colombia, ha sido merecedor de rechazo unánime con la excepción de Canadá, ya que alegar una falta de democracia en un país con altos índices de salud, educación, cultura, igualdad social, protección de la niñez, etc. demuestra debilidad política y pérdida de influencia en la región.

Exactamente, la reciente Cumbre de las Américas no alcanzó acuerdos importantes en materia económica y social debido a que, felizmente, no hubo como antes condescendencia con las directrices emanadas de la Casa Blanca. Tanto la incorporación de Cuba como el reclamo soberano de Argentina sobre las islas Malvinas, establecieron la agenda. En esta dirección la causa común contra los Estados Unidos y la solitaria compañía de Canadá, justifica a plenitud la creación y vigencia de la Comunidad de Estados Latinoamericanos y del Caribe – CELAC en reemplazo de la OEA, tal como está definida sin la intervención de las dos potencias industriales del Norte. El liderazgo a favor de la soberanía de nuestros pueblos se ha visto fortalecido por la aparición de potencias económico-industriales en la región, rompiendo los lazos de dominación estadounidense. China, Rusia, India, Irán, de cierta manera Europa y Japón, retan el poder hegemónico de Estados Unidos desde México a la Patagonia, estableciendo relaciones comerciales y de inversión con los gobiernos nacionalistas de centro izquierda y por tendencia imitativa los gobiernos tachados de derechistas también se sacuden. La alternativa está planteada, la democracia participativa con el despertar de los pueblos reemplazará a la democracia representativa de los ricos; y el fortalecimiento de CELAC, UNASUR, MERCOSUR, etc. donde los lazos de solidaridad, historia, cultura, lenguaje, son comunes logrará una opción propia de desarrollo cada vez más autónomo y sostenible, de abandono paulatino a las industrias meramente extractivas. De alguna manera, nos queda aún enfocar la negativa presencia militar estadounidense en varias partes del continente (Honduras, Panamá, Colombia, Perú, Chile, Argentina, Paraguay, Guantánamo (Cuba).

Carlos Angulo Rivas es poeta y escritor peruano.

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