jueves, 17 de mayo de 2012

El anarco-kirchnerismo al ritmo del cupón

Sergio S. (PRENSA OBRERA, especial para ARGENPRESS.info)

Por qué la Argentina K podría entrar en cesación de pagos.

El mundo que gira alrededor de la Bolsa de Valores Buenos Aires sigue de cerca cada señal que da el gobierno y los precios de los títulos públicos parecen vibrar ante cada mensaje. El 26 de marzo, después de que Página/12 publicara los dichos de la titular del BCRA, Marco del Pont -los que proyectaban un crecimiento para este año cercano al 6%-, se produjo un aumento en la demanda de los cupones atados al PBI, lo cual elevó un 2% su cotización en pocas horas. Pero la suba no se sostuvo: al 18 de abril ya acumulaba una caída del 12%.

¿Una maniobra armada desde el Banco? El certificado en cuestión es muy volátil: entre diciembre y febrero pasados dio ganancias de más del 50%. Esto obedece a que los títulos se negocian en alta proporción “apalancados” -es decir, con poco dinero propio y con la posibilidad de obtener préstamos sucesivos para nuevas compras a tasas de interés muy bajas. Esta ‘bicicleta’ permitió duplicar el valor de la inversión en dos meses y medio.

Alimentando la deuda eterna

El cupón PBI, un certificado que da derecho a cobrar una renta determinada, concentra una parte elevada del movimiento bursátil. El volumen operado en la Bolsa de Buenos Aires por este instrumento, en 2011, fue de más de 23.000 millones de pesos, mientras que la suma de las acciones negociadas sólo llegó 13.580 millones. En 2011, mientras las acciones del índice Merval retrocedían más del 30%, los cupones PBI en sus distintas monedas registraron subas de hasta el 35%. Un año antes, en 2010, la rentabilidad de los cupones había llegado hasta el 220% en apenas un año.

El pago de un cupón que depende de la suba del Producto Bruto InternoI impide conocer cuál es la deuda pública total del Estado -dicho de otro modo, la estadística de deuda no registra las obligaciones fiscales que genera este título. El pago del cupón se realiza al año siguiente, si la suba del PBI supera el 3,25% (aunque decrece hasta el 3% en 2016). En 2012, el gobierno tendrá que pagar más de 3.500 millones de dólares por la suba informada del PBI de 2011. El monto del pago, sin embargo, está determinado por la acumulación del crecimiento del PBI desde que los cupones fueron entregados en el famoso canje de deuda pública en 2005. O sea que el monto anual a pagar no está vinculado directamente al aumento del PBI del año anterior, sino al que se acumuló desde su emisión. El total de los pagos tiene un límite hasta 2035, que se estima en 19.000 millones de dólares. Si se consolida el anuncio que hizo el Banco Central acerca del crecimiento del PBI en 2012, en 2013 el precio del cupón podría aumentar más del 60%. Si el PBI subiese en los próximos años más del 3,25%, el saldo de los cupones se cancelaría en sólo cinco años, agregando a los pagos ya presupuestados unos 4.000 millones de dólares anuales hasta 2016. Un monto que, sumado a los otros pagos de deuda, es por demás suficiente para destruir a la Tesorería.

La suma de los pagos realizados y a realizar por este cupón borra de un plumazo la “quita” de deuda con la que se hizo propaganda en ocasión del canje. Como el pago del cupón depende del cumplimiento de determinadas condiciones (“warrants”), los compromisos que genera no se encuentran incluidos dentro de la deuda pública. El cupón PBI se ha convertido, de este modo, en la razón principal de la amenaza de un ‘defol’ del Estado kirchnerista y, por lo tanto, de la política de ajuste y del ‘corralito’ cambiario.

Al ritmo del ‘defol’

Los especuladores temen ahora que el gobierno manipule los datos de PBI de 2012 para evitar los pagos de 2013. Una recesión aliviaría la presión fiscal y financiera de esta deuda; pero, por otro lado, haría caer la recaudación de impuestos. Para colmo de males, la manipulación que hace Moreno con el índice precios ‘infla’ el cálculo del crecimiento del PBI y fuerza al Estado a pagar un rendimiento más alto por este certificado. El PBI a precios constantes siempre resulta mayor si el índice de precios que se utiliza para su cálculo está disminuido. Con los pronósticos de recesión en diciembre pasado, los precios de los títulos cayeron, incluso más allá de lo que correspondía. Pero no bien el gobierno dio señales de aumento del PBI, los precios se dispararon. O sea que el gobierno, el cual denuncia el “anarco-capitalismo” vigente en Estados Unidos y Europa, deforma la información del PBI para asegurar una renta elevada a sus tenedores.

El certificado de PBI es un ‘producto’ típico del neoliberalismo, lo que en la jerga financiera se llama un “derivado”, pues su precio no depende de la tasa de interés que haya sido contratada, sino que ese precio se encuentra ‘atado’ a la evolución de otro ‘activo’ -en este caso el PBI, que es el flujo de valor y de ingresos de la economía. La sobreestimación del crecimiento del PBI por parte del Banco Central para 2012 expresa una intención de contener una mayor salida de capitales -y, como consecuencia de ello, una hiperdevaluación del peso y la cesación de pagos.

El ‘mercado’, sin embargo, no cree nuevamente en los pronósticos del gobierno, aunque el Indec haya informado que el PBI aumento un 5,35% en el primer bimestre. Cree que es una jugarreta para retenerlo en el mercado y que, en realidad, este certificado no pagará nada en 2013. La ‘encrucijada’ de los K no podría ser más ‘terrible’: desde 2006 ha estado mintiendo sobre los precios para pagar menos por los títulos que se ajustan por el CER y ahora se vería obligado a pagar muchísimo más por un crecimiento ficticio del PBI real. Seguir informando datos mensuales de la economía que sobrestiman el crecimiento obligaría a un pago enorme para el año próximo, lo que provocaría el desbarranco de las cuentas públicas. El crecimiento que se viene informando gatillará un pago del cupón, en 2013, que superaría largamente los 3.500 millones de dólares previstos para el año corriente.

La importante suma de divisas que insume el pago de estos cupones ha llevado a Guillermo Moreno a bloquear masivamente las importaciones y al establecimiento de una veda cambiaria, con el perjuicio correspondiente para diversos sectores capitalistas. Las provincias, que avizoran el ‘defol’ en el horizonte, han comenzado a mencionar la posibilidad de emitir cuasi monedas.

El 18 de mayo, el Indec -con el dato que dará correspondiente a marzo- debe confirmar o no el estimado del Producto Bruto Interno del primer trimestre que dio el Banco Central. Lo que está fuera de cuestión, sin embargo, es que Argentina enfrenta de nuevo la amenaza de una cesación de pagos -esta, vez en el marco de la bancarrota capitalista mundial.

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