miércoles, 30 de mayo de 2012

En cuanto a terrorismo, sayo totalmente equivocado

Néstor Núñez (AIN, especial para ARGENPRESS.info)
La irracionalidad que prima entre los círculos norteamericanos de poder al evaluar a Cuba resulta proverbial.

Así, la Isla aparece en todas las famosas listas oficiales con las cuales, cada año, un juez internacional con fueros auto otorgados y asiento en Washington, reparte epítetos entre las restantes naciones del orbe, no importa que el sustento objetivo sea puro imaginario. Al fin y al cabo, decía el brutal “propagandista” de mediados del pasado siglo, la mentira repetida muchas veces deviene verdad.

Pero a veces la fórmula no funciona a la altura que desean sus promotores, porque ciertamente la cordura y la razón tienen fuerza especial, suficiente para saltar muros, encender luces y mostrar las cosas tal como son.

Es en ese contexto que en fecha muy reciente un grupo de estudiosos cubanos y norteamericanos, integrantes del llamado Taller Académico Cuba-Estados Unidos, que se ha reunido periódicamente seis veces desde junio del 2009 a la fecha, concluyó: es hora de que la Casa Blanca deje atrás la inclusión de la mayor de las Antillas entre las naciones acusadas de promover el terrorismo a escala internacional, lista en la cual suma, además, a Irán, Sudán y Siria.

El citado grupo de analistas, el cual promueve recomendaciones para la normalización de las relaciones bilaterales, consideró que, por el contrario, Washington debería acogerse a las iniciativas cubanas para promover acciones conjuntas contra el terrorismo, el combate al narcotráfico, y el entendimiento en materias tan importantes como la cooperación para preservar los recursos pesqueros, la mitigación de los efectos de fenómenos naturales, y las políticas para el manejo de la extracción petrolera en aguas del Golfo de México, entre otros asuntos donde prevalecen intereses comunes.

Y vale muy en especial volver sobre la solicitud de sacar a Cuba de la lista caprichosa y viciada en torno a actividades terroristas, porque en puridad, las víctimas no son juzgadas como culpables en ningún sumario judicial que se respete.

Como se ha dicho más de una vez, valdría conocer cuántos ciudadanos norteamericanos, o instalaciones oficiales, turísticas, económicas o educativas dentro de los Estados Unidos, se han visto afectadas o saboteadas por acciones violentas promovidas por La Habana.

Debería esclarecerse cuántos asesinos confesos, autores de actos tan bárbaros como la destrucción en pleno vuelo de un avión comercial con más de 70 civiles a bordo, han encontrado protección oficial en Cuba, tal como ha sucedido en el vecino del norte con Luis Posada Carriles y el extinto Orlando Bosch.

Sería interesante determinar cuántos niños norteamericanos han perecido porque desde nuestro territorio se llevaron a su país los virus de rabiosas epidemias como el dengue hemorrágico, el cual mató a más de 100 menores cubanos. Y es que en ese sentido, nadie en la Isla podría decir lo que, impúdicamente declaró en su momento el terrorista Eduardo Arocena en Nueva York: “la misión del equipo encabezado por mí era obtener ciertos gérmenes e introducirlos en Cuba…”

De hecho, sin que mediase guerra con sus bombardeos aéreos, combates regulares, o cañoneos, en medio siglo han perecido tres mil 748 de nuestros compatriotas a cuenta de actos violentos en que no ha faltado la mano Made in USA, cifra similar al número de soldados norteamericanos muertos en la titulada “cruzada antiterrorista” contra Afganistán.

Guarismo brutal de víctimas cubanas al que se unen además dos mil 099 mutilados e incapacitados, y millonarias pérdidas materiales.

¿Y entonces, quién es quién en eso de apañar el terrorismo?.

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