viernes, 4 de mayo de 2012

La lucha por el poder que encubre YPF

Daniel Cadabón (especial para ARGENPRESS.info)

La cuestión de YPF transciende una compra de acciones por parte del Estado Nacional para la formación de una Sociedad Anónima y apunta a una cuestión de poder.

La solidaridad de grupos tan divergentes, desde los destituyentes de antaño hasta corrientes que se reivindican de izquierda, con esta medida del gobierno, generan un cuadro de confusión política que hace necesario un debate profundo, sobre todo, porque las posturas opuestas a la comercialización de acciones de Repsol que se escuchan y se generalizan por los medios son fundamentalmente cipayas. Los defensores de la seguridad jurídica no hacen otra cosa que defender el pago de indemnizaciones abultadas a la banca internacional. Seguridad jurídica, país serio, conservar las formas son conceptos viejos usados para salvaguardar y profundizar el estado colonial de nuestro país- la oposición a la “forma” en que se ha realizado esta compra accionaria, y no a la compra en sí misma, por considerarla una “violación de derechos de propiedad” es una defensa incondicional del saqueo de nuestras reservas, una vuelta a las relaciones carnales que profundice nuestra dependencia, manteniéndonos como un país confiable para las potencias imperiales. La derecha radical, el macrismo, la CC de Carrió y otros grupos parlamentarios que sostienen esta tesis son un anacronismo entreguista. No hay que soslayar tampoco que en el cuadro de situación actual existen otros elementos de confusión entre lo que se considera derecha, progresismo de centro izquierda y diversas modalidades de camarillas mas ¿o acaso Menem no fue expulsado de la foto “nacionalizadora” cuando el oficialismo ya sabía que contaba con el quórum suficiente para que la ley pasará por el senado? Los reacomodamientos constantes de las camarillas ligadas al poder forman parte también de un proceso de confusión popular, pero demuestran sin lugar a dudas la pudrición y decadencia oportunista que rodea al régimen de dominación.

Mientras tanto el 90 % de los partidos de la burguesía se muestran de acuerdo con esta medida sea por razones de “corazón” o por defender abiertamente el negocio de la reprivatización y de un nuevo vaciamiento de YPF en condiciones diferentes a las actuales. La ley votada por el 90% de ambas cámaras, permite al capital extranjero intervenir hasta los tuétanos en la nueva YPF y sin esperar que fueran desplazados los capitales de Repsol, las multinacionales yanquis, chinas y brasileñas, empezaron a afilar sus dientes. YPY “nacional” sociedad anónima se ha transformado en un negocio tentador ya que los organismos de control del Estado argentino no tendrán ningún poder contralor sobre las maniobras evasoras y de fuga de capitales vía bolsa de valores, compra y recompra de acciones y especulación financiera pura. Lo dice la ley votada por los nacionalistas, y esto. mientras el precio en el surtidor llevará a la producción de YPF a los precios internacionales tanto en combustibles líquidos como en el gas; lo cual aliviará los recursos de caja del oficialismo –haciéndolo viable- pero alentará el costo inflacionario que pagaremos trabajadores y jubilados y el pueblo todo.

El acuerdo crítico con esta maniobra kirchnerista, que le han dado todo el arco de partidos abarca desde el alfonsinismo a los varones del conurbano pejotista (entre ellos al ex gobernador Solá, otro entusiasta privatista de los 90) hasta Solanas y FAP binnerista, es decir, todos; aun el centro izquierda y a la izquierda no revolucionaria. Semejante nivel contradictorio de adhesiones, forman un bloqueo poderoso a la toma de conciencia de lo que está disputa en toda esta cuestión “nacionalista” y por sobre todo bloquea una cuestión de entendimiento crucial en este momento de crisis. Cual es la función histórica de cada clase social sobre quién debe ejercer el poder y las tareas reales que saquen a nuestro país del atraso. Este debate sobre el poder se encubre para el conjunto de fuerzas adherentes al modelo K. Y, al transformar una batalla comercial en una decisiva cuestión nacional, de lo que se trata es de reforzar el rol arbitral del kirchnerismo para la aplicación de sus políticas de ajuste señaladas como “sintonía fina”.

Los que se sientan a devanar el nacionalismo populista detrás del uso de esta maniobra “nacionalizadora” no consideran en sí mismo el mecanismo de análisis sincrético que los subordina y los desborda, provocado por esa ideología colonizada de nuestro progresismo e izquierdismo nacional que, históricamente, ha practicado un seguidismo sin principios a la burguesía nacionalista.

Como detrás de YPF se opera una cuestión de poder, este seguidismo, aun con las críticas más reservadas o abiertas, no hace más que arrodillarse ante un hecho estratégico para la lucha nacional: el de que la dominación burguesa se transforma en la dirección exclusiva para la lucha antiimperialista.

Todo cobra un carácter simbólico desde el triple circulo embanderado que rodea la siglas ypefieanas, hasta nuestra propia versión nac&pop de un Rocki Balboa corriendo por Puerto Argentino, en Malvinas, y subiendo – al atleta, le falta levantar los brazos y saltar de alegría al llegar a la cúspide para reproducir el desafío de Stallonne - al Monte Longdon(¿?), patética copia cargada emotivamente de psicología efectista, por el cual dentro de poco recibiremos un nuevo juicio internacional de los agentes de Hollywood por no pagar copyright.

La compra de acciones de YPF es, en si misma, una operación de transacción capitalista en términos comerciales desventajosos ´para el país porque se realizan desde una posición de emergencia. En realidad todo se resuelve, por ley como el pasaje de una sociedad anónima a otra, pero responde a una crisis más general del régimen de dominación, es decir, detrás de la compulsiva “expropiación” de YPF de lo que se trata es de un operativo político de rescate del gobierno, de su manejo de una nueva caja y de incrementar su influencia entre las masas populares, derrumbado después de la catástrofe ferroviaria, la represión directa a la movilización popular y la sanción de leyes antiterroristas.

Los juicios de Repsol por la “expropiación” se resolverán entre el Ciadi y el Banco mundial con los cuales el kirchnerismo no ha roto en función de conservar la famosa “seguridad jurídica” que demanda la derecha y que vienen laudando sistemáticamente en contra de los intereses nacionales y a favor de los fondos buitres y los capitalistas internacionales expoliadores de nuestras riquezas

El apoyo de sectores progres y izquierdistas a esta maniobra nacionalizadora, deja de lado los intereses históricos y la misión impostergable del movimiento obrero en los países semicoloniales como el nuestro y, de esta manera, actúa como un factor de bloqueo para la comprensión de las experiencias clasistas, a las cuales son tan afectos a mencionar desde el discurso.

Poco importa para este pensamiento que agrupa de acuerdo a como soplen los vientos de las modas, que finalmente los trabajadores tengamos que pagar los costos de la demagogia y de las operaciones comerciales reprivatizadoras.

“Positivo pero insuficiente” es como se puede traducir esta posición política, un seguidismo sin principios y la partida de defunción de todo un sector de la izquierda nacionalista.

El sincretismo de esta posición no sólo hace olvidar que hablamos del gobierno de las megamineras, de los acuerdos con el Club de París, del pago de deuda con reservas, de los topes salariales, del impuesto al salario, de 5 mil procesados por luchar, de la sospechas sobre el vice Boudou, de las provincias que colocan corralitos alrededor de los sueldos de los empleados provinciales, etc.

Este llamamiento patriótico trucho, olvidar sobretodo las tareas históricas necesarias para sacar a nuestro país del atraso y del protagonista que debe lideraran esas tareas.

Reformar la propiedad de la tierra y distribuirla entre los trabajadores agrarios para expropiar a los monopolios terratenientes; desarrollar un plan de obras públicas que conduzca a una plena ocupación con salarios iguales a la canasta familiar; reparar el colapso energético provocado por una lluvia de abril, que condeno a la miseria material a miles de familias trabajadoras; nacionalizar los bancos y el comercio exterior, vehículos de la fuga del ahorro nacional; democratizar las organizaciones obreras y establecer su control sobre los actos de gobierno y de voracidad capitalista, no se compensan con la compra del 51% de las acciones de una empresa, es más ni siquiera con la compra del 100%,

Tanto en Argentina como en Bolivia las operaciones de compra o recompra de acciones de empresas consideradas estratégicas por los respectivos gobiernos han recibido el aval de las potencias imperialistas. Y forman parte de un proceso de recapitalización sobre la base de la reprivatización y de la exacción vía aumento de tarifas al pueblo.

El acuerdo con las principales multinacionales está en marcha, tanto en Argentina, un poco más retrasado debido a que se procuró por ley del parlamento, como en Bolivia donde fue saludado por el propio Repsol-Brufau.

Evo Morales sitiado por la lucha obrera campesina recurre en Bolivia a una maniobra similar en demagógica “nacionalización” cristinista y con los mismos costos para el pueblo boliviano.

El gran problema de este proceso, es que en definitiva los gobiernos se hacen cargo de suculentas deudas con vencimiento en un futuro inmediato, en el caso de YPF superan los 9000 millones de dólares de la propia Repsol, suma todavía sometida a una auditoria, más los 3000 millones de Esquenazi que funcionó como testaferro del kirchnerismo en épocas recientes y que se transformó en un verdadero dólarducto de fuga de capitales en base al giro de utilidades de la empresa. Además de los miles de millones necesarios (cerca de 13mil millones) por pagos para la importación de combustibles. Una masa de dinero infernal.

Que YPF es una empresa vaciada y descapitalizada, tanto desde el punto de vista estructural como financiero, no le quedan dudas a nadie; el monto de deudas que se heredan con la formación de una sociedad anónima del estado pasa directamente al conjunto social y será pagada con el hambre la sangre y el sudor de los argentinos. Sin embargo, el gobierno consideró que sin esta compra accionaria el país se “volvía inviable”. Las deudas acumuladas pasan de este modo a computarse como pasivo estatal haciendo que el crecimiento deficitario se cubra con la caja de organismos como el AnSes, las obras sociales o la reserva nacional.

Los que apoyan esta comercialización accionaria deberían pensar que la viabilidad del kirchnerismo torna inviable la vida de los trabajadores con jornales de 20 a 50 pesos por día.

El triste espectáculo de una izquierda entregada a estas maniobras avasallantes del modismo del “vamos por todo” tiene un contraste digno en las declaraciones del Frente de Izquierda el único agrupamiento que utilizo la tribuna obrera del Primero de Mayo para denunciar sin cortapisas el carácter antipopular de ceder el poder a un nacionalismo decadente de asociados multimillonarios.

No es casual que en este Primero de Mayo tanto la burocracia sindical como el kirchnerismo hicieran mutis por el foro.

La presidenta extorsionó a los trabajadores diciendo que cuiden el trabajo porque se viene tiempos difíciles y que es preferible ganar poco que no ganar nada. La presidenta apela al fantasma de la desocupación para disciplinar a la clase obrera; no entiende que justamente la desocupación fue lo que dio lugar a la huelga del Primero De Mayo y que las ocho horas de trabajo reivindicadas en 1886 son el equivalente actual al reparto de horas trabajo, sin bajar el salario, que haga frente a los despidos y las suspensiones.

La burocracia esta enredada en sus propias disputas, mientras las paritarias decretan aumentos de menos del 18 % cuando la inflación es el doble que eso; cuando crecen los despidos y las suspensiones.

La burocracia no está en condiciones de conmemorar el Día Internacional los trabajadores, no sólo como dicen los diarios por sus propias disputas patronales, sino y fundamentalmente porque no tiene ninguna respuesta para las bases obreras. El nivel de descomposición de esta gente se hace patente cuando Gerardo Martínez, secretario general de la UOCRA, acusa a sus propias bases de drogones o cuando un Yasky se presenta en un acto oficialista junto a la presidenta que acusó de vagos a los docentes. Mientras Moyano grita y grita…

Los trabajadores en tanto buscan su salida. La manifestación obrera en Plaza de mayo, el primer día de mayo, es la expresión de que la lucha por el poder está planteada en los términos de una realidad que supera a las maniobras.

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