martes, 5 de junio de 2012

Argentina: Una muestra explica cómo fue la complicidad de la sociedad civil con los crímenes de la dictadura

PRIMERA FUENTE

Investigadores bonaerenses que trabajan en los ex centros clandestinos de detención enfocaron la etapa del Operativo Independencia. Un informe sobre la manera en que La Gaceta transmitió los sucesos.

En los aberrantes crímenes cometidos por el terrorismo de Estado durante la última dictadura, hubo sectores de la sociedad civil que colaboraron y fueron cómplices de la masacre, o al menos del silencio que se mantuvo acerca de lo que estaba sucediendo en los centros clandestinos de detención. Hoy esos lugares se convirtieron en baluartes de la memoria y de la investigación, donde se vuelve a revisar la historia reciente. Entre las iniciativas nacidas a partir de esas investigaciones, figura la denuncia pública de la complicidad civil, según explicó Jorge Pedregosa, integrante del equipo que trabaja en el Ex Centro Clandestino de Detención y Extermino (CCDTyE) “Olimpo”.

“Estábamos acostumbrados a los escraches a los milicos. Ahora estamos comenzando a trabajar con el escrache a la sociedad civil que fue parte de la represión: a los grupos económicos, a la iglesia, a los medios, y dentro de ese contexto se armó una muestra en relación al Operativo Independencia y a la complicidad civil. Uno de los medios cómplices fue La Gaceta”, afirmó Pedregosa -nieto del poeta Juan Gelman-, que vino a Tucumán a presentar la exposición. Conformada por una serie de banners con imágenes y texto sobre el accionar genocida en esta provincia, y cómo era transmitida esa información en el diario, la muestra será habilitada en fecha próxima por la Asociación de Prensa en un lugar a designar.

La Mesa de Trabajo y Consenso está conformada por distintas organizaciones de derechos humanos y barriales, familiares y sobrevivientes, que trabaja en pos de la recuperación de la memoria sobre el ex CCDTyE “Olimpo”. Allí se calcula que fueron recluidas y torturadas unas 500 personas. La mayoría se encuentran desaparecidas. Actualmente, en el sitio de detención (el “pozo”) trabaja un equipo de conservadores tratando de preservar y recuperar muestras que se usan como prueba en los juicios. Se hacen visitas guiadas y, en otros espacios de las instalaciones, se realizan actividades culturales y artísticas. También hay una biblioteca popular.

¿Ya hicieron escraches contra otros medios de comunicación?

Hasta ahora no nos habíamos metido con los medios. Sí con la Iglesia y con los grupos económicos. Históricamente Ford, Mercedes Benz, Siderar, Acindar, están señaladas porque hubo centros clandestinos de detención dentro de las mismas fábricas. Son candidatas para el escrache. Con respecto a la Iglesia, su integración al Ejército se produce entre 1955 y 1958, con la dictadura que derroca a Perón. Se crea el vicariato castrense y el Estado financia a estos eclesiásticos que tienen grado militar y se someten a esa estructura. Ellos responden a los militares primero y después a Jesucristo. En el 76 fueron cómplices del encubrimiento. La dictadura tenía al catolicismo como uno de sus pilares fundamentales en la lucha contra la subversión. Ese material lo estamos preparando para exhibirlo en el “pozo” y que se conozca no al que torturó sino el que fue el asesino de guante blanco, de la sociedad civil, que fue cómplice de la dictadura.

¿Cómo colaboraron los medios con el genocidio?

Los medios de comunicación se articulan con la dictadura en la construcción de su discurso y en la transmisión de esa realidad. Como el fotógrafo que registra las imágenes de una guerra, ubicado detrás de los militares yankis. En el caso de La Gaceta, eligió transmitir esa realidad poniéndose del lado de Bussi, del lado del Ejército, contando como si fuera una proeza nacional, una acción heroica y patriótica, el genocidio que estaban cometiendo. Y lo hicieron en un periodo constitucional, porque todavía no se había instalado la dictadura. El Operativo Independencia fue como una prueba piloto. Como vieron que eso salió bien, después aplicaron la receta en el resto del país.

¿Cuál era el verdadero objetivo del Operativo Independencia?

El Operativo Independencia, en lo militar, fue una orden de la presidenta Estela Martínez al Ejército para que opere en el territorio. Se estableció un cerco en el sur de la provincia, entre la ruta 38 y el cerro, en busca de la guerrilla. Eso fue lo más visible. Pero se comienza con el accionar de la Triple A y los paramilitares, que actuaban contra los civiles en las ciudades. Con la excusa de que colaboraban con la guerrilla, secuestraron, torturaron y mataron a la población civil. Atacaron a los militantes políticos populares en toda la provincia, a los sindicalistas en las fábricas, a los dirigentes estudiantiles en las universidades. El mismo Videla admite que la supuesta guerra contra la subversión que llevó adelante la dictadura fue una pantalla, porque al comienzo del gobierno militar ya estaban completamente desarticulados los grupos guerrilleros y en total retroceso.

¿La acción militar estaba dirigida contra la población civil? - El Operativo Independencia no es algo que nace aisladamente por un decreto, sino que es consecuencia de un proceso que se inicia años atrás, con el cierre de ingenios en 1966 por la dictadura de Onganía, que genera una situación de inseguridad por la falta de empleo y de acceso a derechos para muchos de los pobladores del sur tucumano. Eso empieza a desarticular a la sociedad. Los sindicatos azucareros tenían una fuerte organización política y contra eso se accionó durante la represión de los 70. La presencia del ejército no tenía tanto que ver con la guerrilla sino con la represión a dirigentes políticos y gremiales. Se mató a gente que tenía la esperanza de generar un cambio en esta sociedad para beneficio de la mayoría. Esa sería la subversión: modificar el estado de cosas, darlo vuelta.

Muchos dicen que a La Gaceta (como otros medios) no le quedaba más remedio que colaborar con el gobierno militar.

Creo que hay una escala de valores. La Iglesia pensaba lo mismo: que no se podía romper relaciones con el gobierno. La Gaceta, con el poder que tiene, hubiera podido tomar una actitud menos colaborativa que la que asumió. Pero queda muy en evidencia que la empresa tenía intereses comunes con la dictadura. Hubo una clara posición a favor de la represión. En el lenguaje que usó el diario abundan términos como “delincuente subversivo”, “extremista”, “terrorista”, “guerrilla apátrida”, un montón de adjetivos y de categorías para designar a ciudadanos que habían sufrido el accionar represivo del Estado. Hablar de una víctima del terrorismo de Estado catalogándola de “delincuente subversivo”, es una clara posición de por lo menos ocultamiento del delito del Estado. Habría que ver cómo chequeó el periodista que era un “delincuente subversivo”. Cuáles eran sus fuentes.

Para justificar el genocidio se construyó la imagen de un enemigo al que había que destruir.

Reproducimos a continuación fragmentos del trabajo “Responsabilidad civil y genocidio - Tucumán en años del Operativo Independencia (1975-76)”, de Matías Artese y Gabriela Roffinelli, investigadores de la Facultad de Ciencias Sociales de la UBA:

Las fuerzas sociales defensoras del orden social vigente diseñaron un plan táctico y estratégico para derrotar social, política y militarmente a las fuerzas sociales populares. Las categorizaciones referentes a la subversión o al enemigo subversivo iban más allá de los integrantes de las organizaciones armadas. Desde el Estado pero también desde otros ámbitos (conducciones burocráticas de los sindicatos, empresas, iglesia, etc.), se desplegaron los mecanismos necesarios para delinear -con trazo firme- en el imaginario social la figura del subversivo, como un sujeto peligroso y destructivo, como un cáncer social que debía ser literalmente exterminado de la faz del territorio nacional.

La Doctrina de Seguridad Nacional vigente en todo el continente latinoamericano a partir de la segunda posguerra mundial, funcionó como marco ideológico y político para el desarrollo de la figura subversiva. La amplitud para definir como “subversivo” a aquel sujeto que tuviese intención y voluntad de querer subvertir el orden establecido, era extremadamente amplia. Acdel Vilas, jefe de la V Brigada de Infantería que llevó adelante el Operativo Independencia en su primera etapa en Tucumán; hace mención sobre estos límites para definir al “enemigo subversivo”: “la subversión se hallaba enquistada en todos los organismos del país, y no obstante se me ordenaba combatir su brazo armado, la guerrilla. (...) Allí estaban los colegios y las universidades, los sindicatos y las parroquias trabajadas por la acción psicológica del marxismo y sus agentes”. La “subversión” se había convertido en una enfermedad general, inaceptable y merecedora de la más pronta aniquilación. Surgía una suerte de demonio “apátrida” y cultor de “ideas extranjerizantes” que era necesario destruir.

Dando cuenta de las declaraciones y acciones de las personalidades civiles, planteamos que el mismo diario “La Gaceta” toma la decisión política de informar y promover sistemáticamente las actividades de las fuerzasmilitares y civiles en la construcción de un “otro peligroso” al que había que destruir. Nos referimos tanto a los mismos periodistas como a las editoriales escritas que en más de una ocasión saludaban y mencionaban con elogios las actividades antisubversivas. Los propietarios y directores del diario La Gaceta, personalidades no militares, se involucraron constantemente con la divulgación de los hechos realizados por los miembros del régimen políticomilitar que gobernaba la provincia.

Las acciones concernientes a identificar y construir representaciones del “enemigo subversivo” fueron realizadas (contrariamente a lo que se podría suponer) en ámbitos no militares. Teniendo en cuenta que prácticamente el 90 % de este tipo de acciones está compuesto por declaraciones, podemos ver la tendencia según el ámbito donde se realizaron: los ámbitos de gobierno perteneciente a los tres poderes del Estado (casas de gobierno, palacios legislativos y /o judiciales, etc.) y las sedes partidarias y sindicales.

En la búsqueda realizada, notamos que la mayor parte de las publicaciones o noticias referidas al enfrentamiento directo en el monte tucumano (informe de bajas del ejército o guerrilla, estado de situación del operativo, etc) quedan supeditadas a las autoridades militares, y son realizados en ámbitos castrenses. En cambio, los funcionarios políticos, eclesiásticos, judiciales, etc. y los dirigentes sindicales, ejercerían un “soporte valorativo” de las acciones militares, en este caso, referido a la identificación y condena del enemigo.

La divulgación de ciertos mensajes desde un sector particular de la sociedad fue la herramienta esencial que permitió construir un andamiaje ideológico destinado a legitimar un proceso represivo que ya había comenzado a desmantelar la memoria de las de luchas y reivindicaciones populares presentes en la provincia desde fines de la década de 1960. En ese sentido, el aparato de Estado no solo utiliza recursos políticos y militares en los distintos estadios de lucha de clases, sino que también ejerce una producción y utilización de elementos simbólicos que influyen en esa lucha.

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