martes, 19 de junio de 2012

Costos políticos del desastre

Jorge Gómez Barata (especial para ARGENPRESS.info)

El triunfo de la derecha en las elecciones en España y Grecia evidencia algunas de las consecuencias del atraso político originado por las monarquías y las dictaduras que gobernaron esos países hasta bien entrado el siglo XX y, aunque no pueden considerarse como un botón de muestra de la cultura política de Europa occidental, son datos de la realidad que no pueden ser desestimados.

Por otra parte se trata de un aviso para quienes, siguiendo una línea de deseos, exageran el significado de las movilizaciones y protestas espontaneas e inorgánicas. Consignas y alegorías aparte, la indignación de una parte de la población europea no significa que la mayoría confíe en la izquierda y mucho menos que rechace al sistema.

En Grecia y España, lo mismo que en Chile y Panamá, la derecha no tiene mejores programas ni líderes más creíbles que la izquierda, pero se beneficia porque las elecciones no son definidas por la calidad de los argumentos sino por los temores.

No se trata del miedo atávico que una vez inspiró el anticomunismo cavernario, sino de una especie de temor al cambio de sistema que suele asociarse con la izquierda. Tal vez lo que, por ahora, lo que las masas desean no es sustituir al capitalismo sino hacerlo tan eficiente como años atrás cuando en lugar de austeridad promovía el gasto, edificaba estados de bienestar y convertía a países pobres en sociedades de consumo.

Existen razones para creer que la zaga del fracaso y la crisis del modelo político de Europa Oriental y el dramático final de la Unión Soviética están integradas no sólo por profundas decepciones, sino también por la proliferación exponencial de prejuicios y reservas frente al socialismo y el comunismo. Se necesitará mucho tiempo y concluyentes resultados políticos para que aquel legado pierda vigencia y deje de pasar la factura.

Tal vez en ese campo, no como modelo porque se trata de realidades absolutamente diferentes sino como referente, sirva la experiencia latinoamericana donde la izquierda se refunda sobre bases completamente diferentes, dejando atrás las doctrinas e ideologías, superando la partidocracia y ampliando los espacios a la sociedad civil y a los movimientos sociales.

La mala noticia es que para hacerlo se necesita llegar al poder y disfrutar de consenso para aplicar el convincente estilo de Kirchner, Lula, Evo o Correa, que no sólo conquistan a las masas sino que ofrecen un patrón de enfrentamiento al imperialismo y los centros hegemónicos de poder con riesgos moderados. Ahora las grandes economías latinoamericanas dependen menos que los europeos de los centros financieros internacionales y son más soberanos que sus antiguas metrópolis.

De hecho, explotando de modo subliminal los prejuicios contra la izquierda y sus opciones, incluyendo las versiones “light” del reformismo socialdemócrata, la derecha europea, que ha creado una crisis cuyos efectos, sumados a las desgarraduras y los temores de que pueda implantarse algo parecido al socialismo real, ha logrado que la izquierda no sea considerada como parte de la solución.

Son hechos y realidades que es preciso cambiar pero, mientras ello no ocurra es imposible disminuir sus efectos. La retorica que en nombre de afanes movilizadores omite los hechos políticos relevantes, daña más que ayudar. Allá nos vemos.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.