martes, 5 de junio de 2012

Ronda nueva, retos viejos

Néstor Núñez (AIN, especial para ARGENPRESS.info)

Pasada la segunda quincena de este junio, entre los días 20 y 22, la ciudad brasileña de Río de Janeiro recibirá, por segunda vez en dos decenios, a los jefes de estado y gobierno del planeta para debatir temas ligados al medio ambiente y al devenir humano.

Se trata de la realización de la denominada Cumbre sobre Desarrollo Sostenible, la cual intentará llegar a acuerdos y establecer acciones en torno a los problemas claves que hoy aquejan a buena parte de la humanidad, junto a la búsqueda de compromisos firmes para garantizar el entorno adecuado a las generaciones futuras.

Resulta, sin dudas, enorme reto en medio de la dinámica internacional donde los grandes poderes imperiales se caracterizan por desligarse de los esfuerzos para lograr un hábitat sano, preservar el medio natural, y articular programas de apoyo y asistencia a la mayoría global depauperada, precisamente, por la acción explotadora de esos grandes renegados mundiales.

En consecuencia, la nueva cita de Río de Janeiro no abordará agenda inédita. La batalla por el desarrollo armónico de la civilización humana y el resguardo del planeta resulta de larga y árida data, y la citada urbe brasileña ya fue escenario, en 1992, del primer y gran esfuerzo, que se conoció en lo adelante como Cumbre de la Tierra.

Devino, en pocas palabras, gran antesala de otros mecanismos conservacionistas como el tan difundido Protocolo de Kyoto, centrado en evitar el peligroso calentamiento global que generan las grandes emisiones de gases tóxicos a la atmósfera.

Lo alarmante y triste a la vez es que, de entonces a la fecha, los problemas lejos de amainar, se han multiplicado.

En aquella ocasión Fidel Castro, en memorable discurso ante los líderes mundiales presentes en Brasil, incluido el entonces presidente norteamericano George Bush, padre, advirtió con todo fundamento que la especie humana enfrentaba el enorme riesgo de desaparecer a cuenta de la degradación ambiental, el belicismo agresivo de las grandes potencias imperialistas y las injusticias impuestas al mundo por un sistema explotador e injusto.

Ciertamente, todo persiste veinte años después en este controvertido planeta en que vivimos.

En 1992, Washington desdeñó incluso adherirse al protocolo que solicitaba esfuerzos para comenzar a reducir las emisiones de gases de efecto invernadero, y no asumió el más mínimo compromiso con el apoyo a las naciones subdesarrolladas. Hoy nada indica que haya cambiado demasiado de opinión.

De manera que, con toda seguridad, volveremos a presenciar en esta nueva cita de Río de Janeiro las diferencias entre quienes defienden la vida y los derechos de la gente, y quienes solamente procuran colocar sus mezquinos intereses a buen recaudo.

Mientras, los siete mil millones de personas que forman la actual población mundial afrontan el riesgo de dejar de ser, en un planeta que desde la década de los setenta del pasado siglo, a cuenta de la abrumadora e inconsciente contaminación, perdió la capacidad de auto generarse para pasar a ser, cada vez más, inestable basural girando en torno al Sol.

Haga click aquí para recibir gratis Argenpress en su correo electrónico.