martes, 5 de junio de 2012

Un viaje hacia las utopías revolucionarias (XXXIII): Apoyar los que luchan

Manuel Justo Gaggero (especial para ARGENPRESS.info)

Como lo señalaba en el artículo anterior, no teníamos la menor duda y ese era un pedido expreso del Che Guevara a Alicia y a John, que debíamos prestar todo tipo de colaboración a los compañeros que, el 21 de junio de 1963, iniciaran la actividad del Ejército Guerrillero del Pueblo -EGP- en el país.

En una reunión posterior al regreso de nuestros compañeros Alicia Eguren y John William Cooke, conocimos cuál era el proyecto de la dirección revolucionaria cubana, del que formaba parte esta organización encabezada por Jorge Ricardo Masetti.

El Che, desde que ingresara el Ejército Rebelde a la Habana en aquél histórico 1º de enero de 1959, ya le había planteado a Fidel que este era el primer eslabón de un proceso revolucionario continental, por lo que él entendía que su lugar era en un frente guerrillero en las montañas de Argentina, Bolivia y Perú.

Siguiendo con esa idea y, a los efectos de concretarla, es que había acordado con Alicia y John el reclutamiento de compañeros provenientes de la resistencia peronista y de la nueva izquierda, del que formamos parte, y el que describimos en nuestras notas anteriores.

Al mismo tiempo, alentaba el entrenamiento de compatriotas organizados por Jorge Ricardo Masetti que conformarían el núcleo guerrillero que comenzara a operar en el país en ese año 1963.e iniciaba conversaciones con la organización revolucionaria que encabezaba en el Perú el dirigente campesino Hugo Blanco, que había logrado sindicalizar y movilizar a los habitantes del Cuzco.

A ello se sumaban los encuentros con la dirección del Partido Comunista Boliviano, cuyos núcleos juveniles se asumían como “guevaristas”, rechazando la concepción de algunos partidos comunistas latinoamericanos que suscribían la tesis, impulsada desde Moscú, de la transición pacífica al socialismo.

No eran ajenos a esta estrategia del Che, los movimientos revolucionarios que habían surgido en Guatemala, Nicaragua, El Salvador y Republica Dominicana.

Mientras esto se iba delineando, en el país se modificaba sustancialmente el escenario político con la llegada al gobierno del electo presidente radical Arturo Humberto Illia.

Cooke, si bien cuestionaba el proceso eleccionario proscriptivo que lo había ungido, consideraba que era posible obtener algunas medidas que profundizaran la democracia, sin perder de vista que, la disputa por el poder real, transitaría el camino de la confrontación armada.

Conteste con este pensamiento nosotros, como organización estudiantil, crecíamos en todo el país, desarrollábamos los reclamos por mayor presupuesto universitario y organizábamos una campaña nacional exigiendo al nuevo gobierno el levantamiento de la proscripción del Movimiento, la anulación de los contratos de explotación del petróleo suscriptos por Frondizi y la plena vigencia de los derechos de los trabajadores, desconocidos por el gobierno cívico militar de Guido.

En la Universidad de Córdoba la incorporación de un grupo de compañeros encabezados por Horacio Lava y Fausto Rodríguez y los acuerdos con el “Kozakismo” -corriente universitaria liderada por Abraham Kozak- nos garantizaba una presencia importante en un lugar que había sido el epicentro de la Reforma Universitaria de 1918.

Al mismo tiempo y recuperando la consigna de “obreros y estudiantes, unidos adelante” y con la orientación de un compañero que formaba parte de la conducción nacional de la corriente organizada por Alicia y John, Manuel Molinas, “El negro”, comenzamos a conformar agrupaciones antiburocráticas en el movimiento obrero organizado.

Una de las más importantes fue la del gremio de la carne opuesta a la conducción de Eleuterio Cardozo.

En esa dirección y reconociendo el liderazgo de Jorge Vazquez -militante sindical de Berisso- sumamos a Angel Escalada que encabezaba la Comisión Interna del Frigorífico Armour de Gualeguaychú y a compañeros de Palabra Obrera que tenían una importante inserción en el Swift de Rosario.

En esos meses comenzaba a editarse la revista “Compañero” dirigida por Mario Valotta, alineada con un sector del Movimiento liderado por Andrés Framini, con los que teníamos relaciones fraternales.

Es en esta publicación en su edición Nº 16 del 9 de octubre se publica “la carta al Presidente Illia” que mencionáramos en nuestra nota anterior, elaborada tres meses antes por el Comandante Segundo -Masetti- en el campamento instalado por el EGP en Salta, que cuestionaba el carácter fraudulento de la elección de julio de ese año y le hacía una fuerte reconvención al presidente que asumiría el 12 de octubre.

Nosotros, si bien teníamos diferencias con la táctica y la oportunidad en que comenzaban sus operaciones estos compañeros decidimos difundir esta proclama, y realizamos una volanteada en el centro de la ciudad de Santa Fé y en algunos barrios, con el texto de la misma.

Por otro lado, en la noche del 11 de octubre, comenzamos a realizar pintadas en la ciudad reclamando las medidas que considerábamos que debía tomar el nuevo gobierno.

Varios compañeros fueron detenidos y se les quería aplicar el decreto 4161 del gobierno contrarrevolucionario surgido el 16 de setiembre de 1955, aún vigente, que prohibía mencionar a Perón y a Evita, ya que nuestras consignas terminaban con la frase “Perón Vuelve”.

Tomamos la decisión de concurrir a la función de gala que se realizaba en el Teatro Municipal y a la que concurriría el gobernador electo Aldo Tessio, que era profesor de nuestra Facultad y al que conocíamos personalmente y sabíamos de su posición contraria a toda proscripción.

Cuándo iba entrando traté de acercarme a él, por supuesto que la custodia me lo impedía, por lo que a viva voz le reclamé que me atendiera.

Como suponía, nuestro ex profesor ungido gobernador, les exigió a los policías que me dejaran pasar, y al pedirle que liberara a los compañeros, entre los que estaba Raúl Churruarín -integrante de la dirección del Centro de Estudiantes de la Facultad de Ingeniería Química- le impartió instrucciones al designado Ministro de Gobierno para que pusiera en libertad a los detenidos, y con una voz grave me dijo “Manolo, los tiempos van a cambiar”. Así lo espero, le contesté.

Que cambió y que no cambió, que pasó con esta experiencia “guevarista”-desconocida y anatematizada por la izquierda oficial- y como comenzó aquél año 1964, lo veremos en nuestra próxima nota.

Manuel Justo Gaggero es abogado, ex Director del Diario “El Mundo y de las revistas “Nuevo Hombre” y “Diciembre 20”.

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