Ramón Ábalo (MDZOL)
A 10.000 kms. al Norte, en un pueblito de EEUU, Denver, una persona, manipulando una ametrallodora sofisticada, salida de los arsenales del complejo industrial-militar, solitario y triste (como en nuestro tango), acribilló a una multitud con el saldo de 16 muertos y un par de decenas de heridos. A pesar de la distancia y geografías humanas y terrenales distintas, los dos hechos tienen una íntima vinculación de climas institucionales y psicopáticos, políticos e ideológicos en nombre de la paz interior, la seguridad ciudadana, la sacrosanta propiedad privada, el individualismo. Y, por encima de todo, el capitalismo. Allá la venta libre de armas, como el pan, que lo puede hacer cualquiera, grande o chico, hombre o mujer, joven o anciano; la cultura del rifle, arma emblemática del "self made men"; sistema carcelario privado en que prevalece el negocio y entonces mientras más presos mejor, en mayoría los negros y los latinos, los pobres y los excluídos. Pero las lágrimas mediáticas de Obama no alcanzan para disimular la profunda y extendida cultura de la muerte de gran parte del pueblo norteamericano.Y aquí, por estos pagos, los profetas del odio y la venganza, los de la mano dura, "hay que matarlos a todos", todo el mundo preso, nada de garantismos jurídicos; los presos. presos para siempre, desparramando un manto de terror sobre la sociedad arropados -los profetas- con la ideología conservadora y facistoide de los años 70, la de la Sociedad Rural, Bergoglio, Clarín y La Nación, Casia, De Marchi, Pietri, los diputados justicialistas; y Cassia y Quiroga.
En sintonía gruesa y desnaturalizada de la fina nacional y popular, los representantes de la institucionalidad democrática, del Estado de Derecho en la provincia, aflojando como matungos de segunda ante el aquelarre inquisicional, abriéndose de piernas, colocando a la provincia y a su pueblo en el borde de la discrecionalidad represiva en nombre de la seguridad. En días más, con la visión sesgada de la Cámara de Senadores, se podría aprobar una ley que nos aproximará a una contemporánea edad media. O al menos nos colocaría en ese camino. Se sabe que el Ejecutivo, de Pérez para abajo, aprueban los conenidos de un borrador que tienen en sus escitorios, y que darían el visto bueno para que se convierta en ley. De entonces en más, las cárceles estarán abarrotadas y la norma que asegura que deben ser para rectificar las conductas deformadas de los internos, será al revés, como ya lo es. Pero vale que afirmemos que no hay peor pena que la pérdida de la libertad. Este valor de profunda raigambre humana, tras las rejas, de cualquier reja, fuere cual fuere la culpa, de inmeidato traumatiza todo espacio de su alma y de su cuerpo. Difícilmente este ser resignifique su existencia sino en función de rescatar ese bien, que es nada menos la facultad de hacer y obrar de acuerdo a la propia voluntad, con el agregado de la responsabilidad en el marco de los derechos de los otros. Paro al sistema no le basta el "enrejado", sino que le agrega la vejacion, las golpizas, el maltrato, la negación de mínimos beneficios, como las visitas, convertirlo en sujeto de especulación de las mafias internas y externas con las drogas y el alcohol.Es decir, que de lo que se trata es destruirlo física, moral y psíquicamente. Detrás de la reja, la deshumanización. Y afuera, el desborde de las lacras del capitalismo_ pobreza, miseria, exclusión; consumismo, drogadicción y despersonalización.
Afuera, el poder político de turno, sucumbiendo al poder real de las corporaciones, monoplios mediáticos, y mercachifles sepulcrales. Está en los medios: el gobernador impulsará el proyecto para agilizar allanamientos, y que se discuta junto con la iniciativa de limitar las salidas de presos, que ya tiene media sanción legislativa. Además, escuchas indiscriminadas, policías, gendarmería, y también libertad doméstica para armarse y sentirse seguro...tras las rejas del hogar. A lo que se agregan miles de metros de cercos eléctricos en muros de hogares y barrios privados. Según los fabricantes, la demanda aumentó notablemente con respecto a años anteriores. Y aunque se diga lo contrario, estos cercos son, en verdad, una extendida picana eléctrica, un elemento, un arma que está totalmente prohibida y emblemática de los peor de nuestra historia contemporánea. Las contradicciones de estas políticas de la seguridad-inseguridad- configuran, ya en Mendoza al menos, una dramática, pero al mismo tiempo grotesca visión de la realidad.
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