lunes, 23 de julio de 2012

Augurios

Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)

Cuando hablamos despectivamente de países atrasados, ¿a qué nos referimos? Pues a esos donde es normal la "mordida" (la comisión); a esos donde mandan uno varios (caciques) en cada pueblo y en cada ciudad; a esos donde el dinero subrepticio circula ordinariamente para comprar y vender voluntades y personas (mafias).

Pues este es el tipo de país donde vivimos aunque los medios disfracen los epítetos con apelativos escogidos para que todavía no huela demasiado mal…

La crisis, la recesión, la depresión trae su causa de todo eso. Hasta miembros de la casa del rey y el propio rey han contribuido a proyectar una imagen miserable del país que sólo el paso de mucho tiempo será capaz de retocar. ¿Cómo, entonces, puede uno imaginar que este país sea respetado? ¿Cómo no entender que nadie se fíe de él si a lo largo de tres décadas ni sus dirigentes, ni sus jueces, ni sus economistas, ni sus banqueros… es decir todos los llamados a infundir respeto y confianza, no se los inspira a sus connacionales?

Dejhémonos de eufemismos y vanaglorias. España es tercermundista. En realidad nunca ha dejado de serlo. Desde que España entró en esta ficticia democracia, España es un rebaño de corderos inteligentes y sumisos apacentados por pastores necios, pícaros y ladrones. Desde luego está a mucha distancia del resto de países europeos. Con el defecto adicional que repugna hasta los propios, de que tiene una altanería y un grotesco sentido de superioridad colectiva que no se sabe de dónde proviene pero agrava aún más su ridiculez.

Pero a lo que vamos… La ideología dominante, en el mundo y muy acusadamente en este país, no sólo está dirigida a desmantelar el llamado Estado del Bienestar. Somos ya demasiados en el planeta, y la demografía amenaza con aplastarnos antes de que nos extinga la falta de agua y el cambio climático. La idea es ir desatendiéndola. Hay quien dice que de eso se ocupa el Club Bildelberg…

No seamos ingenuos ni nos hagamos los tontos. Todo el mundo sabe ya que la ideología dominante va a por los servicios públicos y a por el Estado. Esos son los objetivos prioritarios de la privatización masiva a que se dedican los gobiernos. En avanzadilla el estadounidense y el hispano. Se acabará el Estado, sólo sostenido para lo de menos: la Defensa, que incluso puede volverse contra el pueblo. Porque la ideología dominante aquí y en el mundo no tardará en entregar al Estado a una o varias empresas privadas. Aquí, en España, la prima de riesgo nunca bajará. La depresión no será una metáfora: la inmensa mayoría de los ciudadanos será presa de ella. Sobre todo, se perderán las fuerzas para apresar a los culpables y hacerles pagar la factura que va a pagar el pueblo trabajador, y tampoco las habrá para hacer la guerra en la que en otro tiempo esta horrenda situación hubiera desembocado...

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