jueves, 26 de julio de 2012

Doctrina Bush-Uribe vs. Doctrina Clinton-Obama-Santos

Aurelio Suárez Montoya (MOIR)

Se oye con frecuencia que el papel del Partido Republicano en América Latina es “fortalecer la derecha” y que el del Demócrata es “cooptar la izquierda”. Métodos distintos de abordar el “liderazgo” que Estados Unidos se atribuye, rutas diversas para el hegemonismo. Esas variantes, catalogadas como “garrote y zanahoria”, se combinan y recambian por más de un siglo.

Actualmente, se habla de la divergencia entre la visión predominante en el Departamento de Estado, que tal “liderazgo” debe asumirse en conjunto, con aliados y asociaciones, y la visión republicana que aboga por el “excepcionalismo” gringo sobre el resto.

Las dos estrategias tienen disímiles implicaciones, entre ellas las económicas. Fomentar consumos con base en petróleo o promover agrocombustibles, genera rentas marginales a una u otra corporación. Avivar conflictos llena unos bolsillos, pero aplacarlos también. En la política doméstica norteamericana, se liga el complejo militar-industrial con las huestes republicanas pero su contrario, sin que se distancie mucho de él, se conecta más con otros, como el complejo verde-industrial, construido con “negocios ambientalistas” y fondos públicos, que enriquecieron a Al Gore.

Al respecto, vale conocer los principales donantes abiertos de ambos partidos. Bancos, petroleras, agronegocios e industrias de defensa son más generosos con los republicanos; a su vez, las firmas de lobby y abogados, de comunicaciones, tecnológicas como Microsoft y Google, de medianos negocios y asociaciones sindicales prefieren al partido de Clinton. (Ver www.opensecrets.org).

Las disputas de los grupos de interés por incidir en mayor grado en la Superpotencia, y con mayor razón en tiempos recesivos, pueden menoscabar los buenos modales y trasladarse a las pandas que cada uno ha cebado en las neocolonias.

Por ejemplo, la afirmación del centro conservador Heritage Foundation sobre política exterior de Obama, “que se ha comprometido con los enemigos y socavado a los aliados, que se disculpó por el ´excepcionalismo´ americano, y favorecido el ´poder blando´ de tratados y organizaciones internacionales”, se escucha en las discusiones sobre problemática nacional. A su vez, la plataforma demócrata acusa a Bush y a sus conmilitones de “alejarse de más de cien años de liderazgo estadounidense en el mundo para abrazar una nueva (política) - y peligrosamente ineficaz - el desprecio por el mundo. Utilizar fuerza antes de agotar diplomacia, intimidar más que persuadir”.

El panorama colombiano no se exime de dichas contradicciones; sendos portavoces enzarzan al país en ellas en crucial año electoral norteamericano. Alentados por nexos externos, se muestran como opositores, aunque el propósito último sea igual: supremacía del Tío Sam.

Colombia no puede confundirse por la alharaca. Debe construir una alternativa nacionalista, auténticamente democrática, que procure el bienestar del pueblo, aprovechar las fisuras entre las fieras, surgidas de su codicia ilimitada.

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