Jaime Richart (especial para ARGENPRESS.info)
No es que en España haya mucha corrupción, es que necesitamos saber en qué institución, en qué espacio público, no la hay a raudales. La última noticia sobre ella es la desarticulación de una red de tráfico de datos… Y así un día tras otro. Cuando no es el pariente del rey, es un jerifalte de la justicia; cuando no el presidente de una diputación, es el político de turno; cuando no un alcalde, es otro alcalde; cuando no un cacique, otro cacique; cuando no un banquero, es otro banquero; cuando no es un gobierno que lo propicia, es otro gobierno que lo consiente mirando a otra parte. Y así un año tras otro, una década tras otra...
La crisis que ha destapado tamaña podredumbre, que a su vez ha dado lugar a unos infames recortes sociales, no está originada en una pésima gestión de los gobiernos anteriores, aunque también, sino en el imperio, a lo largo de tres décadas, de mafias organizadas para apropiarse del dinero público allá donde existía. Mafias de políticos no sólo en el Estado, sino sobre todo en las autonomías, en la banca, en las provincias y en los pueblos, en la justicia y en la realeza. En lo moral, la pederastia hace mucho que tomó carta de naturaleza en la iglesia de Roma que sigue reinando más o menos descaradamente en Madrid.
Cuando nos dijeron que aprobábamos una democracia, no fue eso, es un caramelo envenenado para enriquecerse una caterva de ladrones con labia y corbata. Y a todo esto, a este festival de saqueo y desprecio al pueblo, se suma el hecho de que los que a sí mismos se tienen y algunos tienen por intelectuales a duras penas atacan, como "sistema", a este engendro que siguen llamando neciamente "democracia"...
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