jueves, 26 de julio de 2012

Los sirios inician un Ramadán bañado en sangre

Elena Supónina (RIA NOVOSTI, especial para ARGENPRESS.info)

El Ramadán, mes sagrado del calendario musulmán que empezó el pasado viernes 20 de julio, será para los sirios el más sangriento en los últimos 18 meses.

La oposición ha intensificado a propósito su actividad militar para aprovechar la reunión diaria de los feligreses en las mezquitas, tras una jornada de abstención de agua y alimentos, donde se intercambiarán información y saldrán a la calle con más ganas que antes.

Los últimos triunfos de los combatientes insurgentes alentarán a los opositores, tanto más ahora que son conscientes de que la comunidad internacional se mostró incapaz de poner fin a la violencia en Siria.

Batallas diplomáticas

Mientras Damasco es escenario de unas cruentas batallas entre los insurgentes y las fuerzas gubernamentales, en la sede del Consejo de Seguridad de la ONU en Nueva York se desató un combate diplomático. Rusia y China utilizaron allí su derecho a veto en contra de una resolución presentada por países occidentales que amenazaba con sancionar al régimen sirio si las fuerzas militares seguían utilizando armas pesadas contra la oposición en los siguientes diez días después de ser aprobado el proyecto.

El Kremlin no aceptó el documento alegando que la resolución abría la vía para presionar con sanciones y más adelante para una intervención militar externa en asuntos internos sirios, dijo el embajador ruso ante la ONU, Vitali Churkin.

Es una situación sin precedentes: Moscú, que tras la desintegración de la URSS hizo uso de su derecho en contadas ocasiones, veta por tercera vez en un año la resolución del Consejo de Seguridad, siempre referente a Siria: el 5 de octubre de 2011, el 4 de febrero de 2012 y ahora, el 19 de julio.

En todos estos casos los proyectos propuestos por los estados occidentales resultaron frenados por el veto de Rusia y China. En la última ocasión 11 de los 15 miembros del Consejo de Seguridad votaron a favor y dos, Sudáfrica y Pakistán, se abstuvieron.

El volcán de Damasco

Ya no cabe duda de que el presidente sirio Bashar Asad se verá obligado a abandonar el poder antes de 2014, cuando termina su mandato.

La explosión de una bomba en la sala donde el mandatario estaba reunido con los jefes de las fuerzas de seguridad lo terminó de confirmar. El 18 de julio, al cuarto día de la operación de los insurgentes denominada ‘Volcán en Damasco’, la lucha se concentró en las inmediaciones del palacio presidencial. Mientras los lugartenientes más leales al presidente, liderados por su cuñado Asef Shawkat, mantenían una reunión del gabinete de crisis en el interior de los cuarteles generales, una bomba destruyó parte de las instalaciones. En el atentado, además de Asef Shawkat, murieron figuras clave para la seguridad del gobierno sirio, entre ellos, el ministro de Defensa, el general Daud Rajha, jefe de la célula anticrisis y el exministro de Defensa, Hassan Turkmani. Posteriormente se informó de la muerte en el hospital del ministro del Interior, Mohamed al Shaar, y Hafez Makhlouf, jefe de la Dirección de Inteligencia de Siria.

Aturdido por el bombardeo o sin nada que decir, lo cierto es que Asad no apareció por televisión hasta el día siguiente del ataque. Todavía tenía que pronunciarse sobre el atentado, una tarea que delegó en el jefe del personal militar, que se apresuró a prometer que se iban a tomar una venganza fulminante.

El incierto paradero del presidente se convirtió en fuente de especulaciones, mientras los rebeldes informaban que el presidente había abandonado la capital rumbo a la costa y que se refugió en el palacio de Latakia. Esta región del país está poblada mayoritariamente por los alauitas, que simpatizan con el presidente sirio.

Y es que ahora, cuando el Ejército y las fuerzas de seguridad empiezan a fallar, el jefe de Estado puede esperar apoyo solo por parte de sus correligionarios, entre los cuales, por cierto, también hay opositores.

¿Cuánto durará Bashar Asad?

Además de los alauitas, nadie querrá meterse en una guerra por Bashar Asad. Tampoco Rusia o China, a pesar de los vetos. Moscú declara abiertamente que con su postura discrepante no defiende a sus socios sino a los principios del derecho internacional y los compromisos asumidos.

Otra cuestión es que el derecho internacional vigente permite que en ciertos países estallen desastrosas guerras civiles, aunque no es la primera vez que se plantea la cuestión sobre la necesidad de prevenir este tipo de conflictos. En Siria mueren a diario entre 100 y 200 personas, según los datos de la ONU desde que se iniciaron los combates entre las fuerzas del régimen y la oposición se han producido más de 15.000 muertos.

Es el propio sistema de relaciones internacionales el que necesita ser reformado, y esta reforma urge. El veto de Rusia produjo indignación en la mayoría de los países árabes y aumentó la desconfianza entre el Kremlin y Occidente. Mientras, no se critica casi a los chinos, ya que sus representantes evitan declaraciones tan polémicas como el canciller ruso, Serguéi Lavrov, y el embajador ante la ONU, Vitali Churkin.

En cualquier caso, parece que la intervención militar en Siria no es tan inminente. Por lo menos es poco probable que Estados Unidos se atreva a entrometerse en el conflicto en vísperas de las elecciones presidenciales que se celebrarán en otoño. Muchos expertos indican hoy, viendo el curso de los acontecimientos en Siria, que posiblemente los opositores se contentarán con ayuda indirecta.

Además, el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas aprobó por unanimidad la prolongación, durante "un último periodo de 30 días", la misión de los 300 observadores de la ONU en Siria.

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